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OTECA DE A B CB El viejo seguía mal humorado, pero la perspectiva que aquella lumbre le ofrecía y lo confortable de la habitación, le hicieron deponer algo su hostilidad. -Caras le van á salir las frambuesitas, joven- -dijo por fin con relativa jovialidad; -bien se conoce que no sabe usted lo que se hace. ¿Por qué? -Porque si yo me hallase en su lugar y soltero como usted ¡en seguida me iba á pescar ninguna mozuela! Todas son lo mis rao, y á la postre no proporcionan más que disgustos y quebra deros de cabeza. -Su hija de usted no me proporcionará más que íelicidad ¿verdad, Gertrudis? La joven asintió con la vista. -Bueno, pues sea; ya, qué se le va á hacer- -exclamó el viejo. -Pues entonces hay que ir pensando en los preparativos. -Lo que hay que pensar es en ir haciendo el café, ¿no les parece á ustedes? Ernesto tiró de la capanilla y dio á un criado las órdenes oportunas para que todo estuviese dispuesto rápidamente. A los diez minutos nuestros tres personajes, que tan mal avenidos se encontraban media hora antes, tomaban su café en perfecta armonía y en disposición de pasar juntos días más felices. EL PRECIO DE UNA VIDA CUENTO INGLES POR C. J. T 1 BBJTS íster Vyner parecía entristecido. Desde hacía muchísimo tiempo, y gracias á lo numeroso de su clientela, había podido adquirir aquella experiencia profesional que le hacía casi invulnerable á toda suerte de sentimientos aflictivos, aun en los momentos que la desgracia causaba más dolorosa consternación en los hogares que visitaba. Sin embargo, el desconsuelo de Glsdy Ashford le había conmovido hondamente. i No sabía cómo explicárselo, pero el caso es que había perdí do su habitual serenidad. i tiraba gravemente el semblante de la hermosa criatura con los ojos arrasados en lágrimas, y el dolor de la joven y la enfermedad del viejo soldado que yacía en la alcoba constituían para él dos preocupaciones de inusitada importancia. -Deploro sinceramente lo que tengo que decirla, miss Ashford- -exclamó el médico con todo solemne. -El estado de su padre me preocupa. Yo esperaba que el comandante hubiese vivido todavía muchos años. Está dotado de una vigorosa constitución, apta para resistir los embates de la edad y de los achaques. ¿Pero cree usted que no vivirá largo tiempo? -No digo eso precisamente, sino que yo todavía le auguraba otros veinte años. Esto, desde luego, sin contar con que algún accidente imprevisto... ¿Cómo un accidente... -cxciamó Glady sobresaltada. -Un accidente ó una contrariedad cualquiera, que viene á ser, al fin y al cabo, la misma cosa- -añadió el Dr. Vyner. -Su padre debe haber tenido en esta ocasión alguna gra- n contrariedad. ¿No puede usted facilitarme algún dato acerca de esto? -M? parece que no- -respondió la joven quedándose algu-