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A B C. VIERNES 29 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 6 Comprendo el sacrificio admirable de la vida de aquel pobre hombre; comprendo que otros muchos desheredados de la fortuna, que otros hijos del abismo descripto por Wells, se lancen frenéticos sobre las reses bravas que cornean furiopero no acierto con los motivos de la irresistible vocación, que puede llevar hasta la muerte á quienes no sientan e! espolazo en los ijares que da el hambre. Acaso para comprenderlos me falta experimentar el deleite que proporciona la arena de la Plaza de Cuando sobreMadrid cayó muerto el faToros de moso Espartero, reprodujeron los cronistas varias frases atribuidas al torero que r t LOS TERREMOTOS DE CALABRIA. VISITA DE TROPEA EN EL DISTRITO DE MONTELEONE DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE había abrazado la profesión huyendo de la miseria. Entre ellas, recuerdo siempre la más sombría, la más trágica: Más dolorosas que las cornadas de los toros son ias cornadas del hambre. El Espartero tenía hijos, una compañera de su triste vida y una madre viejecita que padecían hambre... y como no servía para otra cosa y tenía ardiente el corazón y recios los músculos y quiso mantener á los suyos, derribó carne de toros á estocadas, hasta que un toro le paitió las entrañas con el asta. sas, para ganar entre los aplausos y los alaridos entusiastas del público el pan que no podrían comer de otra manera; pero loque. no rae explico, lo que no concibo- -acaso porque no soy taurófilo- -es que jóvenes inteligentes, hijos de familia distinguida, en desahoga posición, rodeados de comodidades y regalo, con un porvenir risueño y de amplios horizontes, se vistan con alamares de oro y se arrebujen en el capote de lidia arrastrados por una afición sangrienta... M e explico la profesión del oficio, el pintoresco espectáculo. Acaso podrían buscarse los orígenes de semejante vocación en la fuente de las aficiones malsanas délos placeres morbosos engendrados por e! peligro de la vida y por la vista de lasangre que salta y corre, bermeja y caliente, al sol sobre la dura tierra. Acaso ahondando más en la rebusca, surgiera todo un atavismo de raza. N o lo sé, ni me importa ahora averiguarlo. Repito que yo no entiendo de estas cosas, ni me atraen los lances del toreo, ni siento los atractivos deslumbradores de siHiti, iiiuíii ¡tui wnifc mu iiiHÉiMlliini i r a i