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A B C JUEVES 28 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 5 Demostrando una vez más el dominio y la competencia sobre las cuestiones militares, que en ellas le han dado universal renombre, el general Langlois estudió por separado la guerra de sitio antes y después de la intervención de la artillería en el combate, demostrando la necesidad de las plazas fuertes improvisadas, que resuelven de un modo favorable y económico el problema de la construcción de los campos atrincherados en los puncos de segunda y tercera línea. conocimientos militares del país en general. ¿Por qué no han de seguir nuestros generales esta noble y plausible línea de conducta? En España, de pocos, muy pocos añosa la parte, se ha producido un potente y vigoroso movirruen o intelectual militar, y de un modo evidente refléjanlo los libros, folletos y artículos profesionales que se publican á la par que las conferencias que se dan no solo en Madrid sino en proexclusivamente en despachos y bibliotecas, ni mucho menos, con desconocimiento absoluto de la realidad, concretarse á conferencias de peña de casino, de café ó del arroyo. Los días presentes son días de lucha para todas las jerarquías, para todas las clases, para todas las edades. La razón del aparente retraimiento del generalato español de la lucha intelectual, está en el profundo y crasísimo error en que todo el vive, creyendo que los i. i Í V FSrtS isM MADRID. TIENDA DE LA CALLE DE TOLEDO DONDE SE PRODUJO AYER TARDE UNA EXPLOSIÓN DE GAS SEGUIDA DE INCENDIO Para preparar debidamente la organización de las plazas fuertes improvisadas en el momento oportuno, terminó sosteniendo el erudito conferenciante que era preciso tener hecho el estudio detallado y concienzudo de los puntos de apoyo, en previsión de distintos supuestos: tener designado y apareado todo el material indispensable, y no descuidar en modo alguno la importante cuestión de toda clase de vías de comunicación. Esta ardua y hermosa labor de difusión y vulgarización de los más importantes problemas militares y, como tales, nacionales, llevada á cabo en la Prensa, en el folleto y en la tribuna, pero no sólo en h tribuna de centros militares, sino también en la de muchos civiles; esta labor, repetimos, ha sido sin duda alguna uno de los resortes más poderosos de que se han valido los generales franceses y alemanes para aumentar de día en día el prestigio de Jos institutos armados, de los ejércitos de ambas naciones entre sus conciudadanos, contribuyendo además á levar tar H espíritu, los entusiasmos y los vincias. Pero los obreros, ios mantenedores, los apostóles de ese movimiento sano y patriótico, salvo rarísimas, muy raras y contadas excepciones, no rebasan en sus empleos al de coronel. Nosotros no damos pábulo en modo alguno á esos rumores y á esas afirmaciones contundentes, por desgracia más extendidas de lodebido, que otorgan cruel y mortificante patente de insuficiente competencia á nuestros generales. Sabemos que todos los que entre nosotros llevan entorchados y faja no son Napoleones ni Moltkes; pero nos consta positivamente que, por fortuna, existe en el generalato español un buen plantel de hombres entusiastas, ilustrados, competentes. Ahora bien; ese mismo plantel, viviendo en la inacciói externa en que vive, contribuye más que nadie y como nadie á la propagación de errores, que sí al verterse al público dañan por un lado el amor propio, al llegar al vulgo militar no benefician por otro en un ápice la moral de! Ejército. No son éstos tiempos de encastillarse aores y escritores militares son elementos temibles, pertenecen á aquellos que antaño se llamaban de la cascara amaiga, ó cuando más, son gente pedante ansiosa de notoriedad. No. No hay nada de eso. Desechen los que de tal modo opinan esa preocupación que tan poco Jes favorece, y piensen que no hay modo ni manera de ganar un solo combate sobre el futuro teatro de la guerra, si antes aquí, en el palenque de la vida ordinaria de la Nación, no ganamos, ¡todos unidosi la gran batalla de la militarización del país y la consiguiente reorganización de nuestros elementos armados. Imítese, pues, á M r Langlois. Escalen nuestros generales las tribunas de Ja Sociedad Geográfica, de los Ateneos y Círculos militares del país y de cuantos Centros sean propagandistas independientes é imparciales de la cultura nacional, y demuestren, porque pueden hacerlo muy bien, que les sobra para esa gran laboi capacidad y preparación. D ALCAZARREÑO o