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A B C MIÉRCOLES 27 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 5 nominal, nada hay que diferencie en el Reichstag á los nacionalistas de los agrarios, á los agrarios de los socialistas, y con esta unanimidad aplastante que en todos sus actos caracteriza á los prusianos, en un momento dado han vuelto la bernamental, pero no llega á las masas. Y hay alguien que se frota ias manos de satisfacción al oír los crujidos de este enorme edificio socialista: El Kaiser. JOSÉ JUAN C A D E N A S Bei hn, Sephemb) e. I OS SOC 1 A- Pasó el furor por la po LISTAS Htica socialista, y los socialistas alemanes enciérranse en sus or gamzaaones y lokales, donde discuten, esjudian, bailan... y beben cerveza. Ya no votan. Donde se presenta un socialista á aspirar á la reelección, está seguro de salir derrotado por un nacionalista ó por ¡m agrario. La política de Bebel, como la de jaurés en Francia, fracasa, y fracasa ruidosamente. Y es que no es posible ser socialista y abajar por el advenimiento de la revolución social mientras se disfruta de un capital de siete ú ocho millones de marcos. Este es el caso de Bebel. ¿Ustedes creen que se puede ser socialista sincero y disfrutar de tan fabuloso capital? ¿Como va á convencer á nadie el nontífice del socialismo alemán, cuando frita enardecido que el gran día se apro rna y que las masas no pueden esperar más? La gente joven del partido, los más y 1o s mejores, no están conformes con la ti. ranía de Bebel, y hace ya mucho tiempo que le sufren á regañadientes. Agrupados alrededor de Mehring, han acudido ahora ai Congreso socialista de Jena y están dando á Bebel cada disgusto que enciende el pelo. El gran pontífice, en tanto, acude á las notas agudas; pero ha abusado de tal modo del bordón en lo sensible que sub ataques contra el Gobierno, contra Bülow, contra el Kaiser, contra la política alemana y contra todo lo habido y por Iiaber, no despiertan entusiasmos ni los ran el objeto apetecido. El pueblo se ha desengañado ya de que la gestión de los socialistas en el Reichstag no le reporta ventaja alguna, pues los tributos auraen tan todos los años, las leyes ofrecidas acerca del seguro sobre la enfermedad no llegan nunca, y la vida se encarece y las subsistencias se ponen por las nubes. ¡Todos son unos! -dicen. -Y para que el pueblo se entere bien, circulan grabados alusivos y tarjetas postales donde Bebel, Richter y Búlow, los tres arbitros de la política alemana, juegan á las cartas y se atiborran de cerveza, brindando á cada trago como buenos camaradas. Los socialistas han perdido la fe en sus jefes, pero no en la idea, y demuestran su desvío á los elementos directores no acudiendo á los comicios cuando los llaman; pero en cambio, apenas se anuncia una reforma en una organización socialista cualquiera, el entusiasmo no tiene lint 1 tes y observamos la disciplina de estas n. asas enormes, que aumentan por meses y por días. Todo lo llenan, todo lo absorben, y á habérselo propuesto, hubiéranse apodeíado un día del Reichstag como han copado los Ayuntamientos. Pero han visto que el cargo de diputado lleva aparejado sin duda un cambio radical en la conducta y en las ideas de los elegidos, se han convencido de que aparte la clasificación L 2 EL SOCIALISTA ALEMÁN BEBEL espalda á los políticos y se han dedicado á mejorar y arreglar sus asuntos interiores. Del actual Congreso que los socialistas celebran en Jena, pudo salir la unión y en ella renacer la fe. N o sólo no ha ocurrido esto, sino que á pesar de los esfuerzos de Bebel, es posible que surja el cisma definitivo que divorcie a los políticos de la opinión socialista. Un sólo hecho demuestra la total divergencia de criterio. Bernsteim, ostentando una numerosa representación, propuso al Congreso que condenara la conducta seguida por el Gobierno imperial en la contienda del Extremo Oriente y en la actual cuestión de Marruecos. E! Congreso, siguiendo las órdenes de Bebel, rechazó la proposición. Y he aquí que se da el caso insólito de que un Congreso socialista declare implícitamente que le parece de perlas la conducta imperial. Esto será muy gu- ALMA EPISTOLAR DE ANTAÑO l J o he podido averiguar cómo llegó á la caseta de baños y á poder de los niños del Sanatorio un pliego de papel de hilo amarillento por los años, escrito en gallarda letra española y arrancado de un copiador de cartas de 1798, abultado volumen manuscrito (la numeración de los folios llega al 3718) que indudablemente fue vendido á cualquier comerciante de las cercanías para envolver especias. El desconocido mercader de antaño copiaba con un pulso siempre igual todas las misivas que dirigía desde su escritorio á Cádiz, Sevilla, Carmona y Madrid, y en ellas se advierte un estilo afectuoso y cordial, siendo muy curioso adivinar la condición y edad del buen señor, á quien me figuro caladas las antiparras,