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AÑO TRES. N l í 7 VIERQ NICA CRÓUNIVER- 24 DE SEPTIEMBRE DE 1905. NUMERO SUELTO, 5 CÉNS. andante para que no nazcan nuevas generaciones de adnrradores de salteadores de caminos, porque el afán de lo épico, de io hazañoso, deja un sedimento moral perniciosísimo, y aunque no es fácil volver á los tiempos del Tempranilb, á todos nos conviene que cuando jueguen los chicos á justicias y ladrones ia victoria de éstos no esté descontada. V. COLCHERÓ su ojo derecho, y á través del cual inspecciona á la concurrencia con un gesto suave de ironía y desdén... ¿Qué se ha hecho de la obra de este hombre tan mundano y tan bueno? ¿Ha realizado alguna obra? ¿La ha ¡i realizado Arguelles, Tor- eno, López, Olózaga, Marios, Cánovas? Yo no losé. Un escritor inglés, Martín Hume, escrí be hablando de estos tiempos en su Historia del pueblo español, que como había sucedido tantas veces en la historia de España, la vehemencia y la verbosidad dominaban su literatura y su política, y en la pelea por los destinos y en las disputas de empíricos rivales, se perdían de vista los intereses del país Mas esto es terrible, excesivo. Dentro de unos días comenzaremos á oir de nuevo grandilocuentes discursos parlamentarios. Y tampoco sé si podremos comprobar entonces lo que un profundo penbador español, Juan Huarte, expone en uno de los capítulos de su libro Tzxamen de ingenios que lleva el título siguiente: Donde se prueba que la elocuencia y policía en el hablar no pueden estar en los hombres de gran entendimiento AZORÍN SAL ILUSTRADA. pr n los pueblos cuya historiase halla reaiizada ya, cristalizada, y en qu ¿se ha dado de mano á la gran gesta colectiva, cuando los ideales ó no existen ó están arrumbados como los juguetes infantiles en la edad viril, luego que á las elevadas aspiraciones de explayar la fuerza mental en los mundos superiores del pensamiento, y la física en el descubrimiento y conquista de tierras, suceden (3o s afanes de dominio después que á las luchas étnicas ó de naciones contra naciones siguen las guerras civiles y á éstas los odios municipales, las reyertas entre barrios ó familias enemigas, comienzan á nutrirse cuentos y romances de las descripciones de los arranques, acometidas y arrogancias de valentones arredrantes, de hombres audaces que, trabuco ó navaja en taano abandonan los caminos legales y en batalla campal con la ley imponen Ja saya á los débiles, á los que ¡necesitan de la sociedad, del poder armado de la sociedad, para defenderse. Y surge entonces una literatura extraña; pliegos de versos populares cuentan jlos hechos de bandoleros y de criminales y la escasa mentalidad poética de los autores de tales narraciones idealiza á los Siete rwños de Ecija ó á Diego Corrien tes. Yo me crié en Andalucía, oi de muchacho referir historias viejas de bandidos- generosos y valientes, de bravucones, cíe rufeítes, de perdonavidas, cuatreros y gitanos. Llena tenía yo la cabeza de estupendos asaltos á diligencias, á trajijixeros, á caseríos y cortijos. Entre los cuentos áe aparecidos y fantasmas con 1 servo en la memoria remembranzas de violencias y secuestros, de persecuciones ¡y terribles justiciadas, y bien sabido es que 1 gente de! pueblo, como los muchachos, se inclina siempre del lado de los perseguidos, de los que, arrostrando peligros sin cuento, tienen el valor de sostenerse contra lo legislado. Nace así y se propaga una ética peregrina, una moral rara que detesta el orden y apoya la anarquía; que, deslumbrada por la ad miración y el rendimiento de lo extraor. dinarioj acaba por detestar lo corriente y razonable y gusta de un bandolero más que de an labrador, y de un bravo prepotente más que de un ciudadano útil. Estos días llegan noticias de robos y (desmanes cometidos por hombres desgarrados de la masa social, que allá en la tierra andaluza despojan á los caminantes, y no parece sino que todavía, junto á Ja lumbre alimentada por gruesos troncos de eacina, oigo contar á un viejo Jas gua pezas ate José María y de ios Juanillones. Es preciso ext. rpar e! bandolerismo j de dos semanas van á abrirse las Cortes. ¿Para qué? Centenares de diputados, unos conocidos, otros desconocidos, entrarán en el salón de sesiones, charlarán, se sentarán en los viejos é incómodos escaños, caminarán por los pasillos, tornarán á entrar, volverán á salir. ¿Para qué todas estas idas y venidas, andanzas, tráfagos y charlas? ¿Qué han hecho los millares, millares y millares de diputados que han Votado y revotado los españoles desde que por primera vez se congregaron las Cortes en una diminuta iglesia andaluza? Yo vuelvo la cabeza al pasado y los veo á todos: á los insignificantes, á los vulgares -que se llaman, vosotros no lo sabéis, Janer, Espiga, Serrallac, Losada, Zubia, etc. -y á los grandes maestros parlamentarios: á Arguelles, á Alcalá Galiano, á Toreno, á Olózaga, á López, á Aparisi y Guijarro, á Istúriz... Yo creo que todos eran lo mismo; el tiempo los ha nivelado á todos. Sobre nuestra mesa de trabajo tenemos dos libros curiosísimos: las Condiciones y semblanzas de los diputados d Cortes para la legislatura de 1820 y 1821, y la Fisonomía natural y política de los procuradores en las Cortes de 1834, ¡835 y ¡836. Nuestras manos recorren estas páginas viejas en un momento de aburrimiento, y ante nuestros ojos desfilan todos estos oradores tremendos, grandilocuentes, maravillosos, de que nuestros abuelos hacen elogios y que nosotros encontramos tan desabridos. La oratoria varía cada diez ó quince años. ¿Cómo será posible formar idea, tras tres ó cuatro lustros, del poder sugestivo y persuasivo de un orador? D- JoaquínMiría López- -dicen los autores de estas semblanzas- -era correcto y afluente; Toreno se distinguía por la lógica y la ironía impasible; en Arguelles resaltaba la convicción y el ardimiento; Mendizábal- -torpísimo al principio- -se hacía notar después por su inmensa severidad y sus buenas intenciones y en cuanto á Martínez de la Rosa, todos los elogios, todas las simpatías, todas las efusiones de los dos analistas son para él. ¿Habrá en nuestra historia literaria de! siglo xix un tipo más curioso, más suavemente encantador que este excelente y dulce Martínez de la Rosa? Martínez de la Rosa es fino, delgado, alto; su rostro es largo y moreno; un mechón de pelo brillante se levanta sobre su frente despejada; y cuando, vestido con aliño exquisito, -acaso, como dice uno de los retratistas, con la ropa un poco crecida; -cuando se pone de pie en su escaño y se hace al cabo el silencio en la Cámara, él va hablando poco á poco, sonriente, imperturbable, contestando á los insultos con palabritas tan menudas como grajea sacando de cuando en cu- ando, con su mano larga y fina, un monóculo cuadrado, armado en oro, que él acerca á EL PRESUPUESTO DE AGRICULTURA p l ministro de Fomento (denominación nue va y apropiada del que hasta ahora ha llevado el nombre de Agricultura, Industria, Comercio y Obras públicas) ha enviado a! de H jcienda el proyecto de presupuesto con innova Jones de interés que vamos á extractar. Importan las obligaciones, según el nuevo presupuesto, la cantidad de 9 1 Jo 3. y 3o,38 pesetas, é importaron las del presupuesto actúa! 90.460,938,91 pesetas, contando solamente las obligaciones ordinarias votadas por las Cortes y aprobadas por el Gobierno; de suerte que el aumento efectivo que se pide es de pesetas 643.781,37. Este aumento está justificado por varias reformas hechas unas y acordadas otras, que se publicarán en breve plazo y que se llevan ya al presupuesto. Una de estas reformas es la creación del Instituto- Superior de Agricultura, Industria y Comercio, en el cual se refundirán numerosos servicios técnicos, confiados hoy á distintos organismos, como son el Consejo superior de Agricultura, ndustria y Comercio, la Junta consultiva Agronómica, los Consejos forestal y de minería. El Instituto se dividirá en secciones, procurando la independencia, la imparcialidad y la rapidez de sus informes, y sobre todo, la unidad de criterio que hoy falta muchas veces en ciertas cuestiones que por su naturaleza compleja se relacionan con más de uno de los organismos existentes. El nuevo, nstituto tendrá secciones provinciales para atender á servicios necesarios de Agricultura, Industria y Comercio que hoy están desatendidos ó poco menos y que demandan organización con urgencia, para lo cual se pide un crédito de 348.000 pesetas. En el presupuesto que amplía la consignación para campos de demostración agrícola, reforma del mayor interés para llevar á los pueblos la enseñanza experimenta! de las prácticas modernas del cultivo, de form? que los labradores vean, aun sin quererlo, las ventaias