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Administración: 55, Serrano, 55, Madrid FtriiM. n. -í x v l u í i i v j i para ol ingreso en la I s c i i c l a c s p c c í u l l e í í í t í o i p A iVf i VOTT A A n A TíUlV TT A c a r g o d e! s lii ei! iei 0! i d e amiuo! s e ü i N i l l j U A Ü U A J J j J i V l i A iiort H K í í n e l i e liuu aiez, ISocetli y í a r i- i r t n Pídanse regUmontos, priMA QK yfAnPSn Diri irRO al D i r e c l o r Se admkon infernos. II L I i l M 0 0 m M U 11! ü D. F. Sánchez Jiménez. ALiíJAffiA GABANES mods. ocasión. Monte rienéO. o iRsíalacioiies de luz contadoyplazosnmy bí I lcrtra- ¡económica, A i s e l i a Íi 7 Montera, 12, pral. DINERO SOBRE FINCAS Para ponerlas en las condiciones higiénicas impuestas por el Ayuntamiento de Madri d y sobre casas situadas en Valencia y Sevilla. F. l reembolso so efectúa en unas 2 H 0 mensualidades, ó todo lo antes que se desee, aceptándose en parte pago de la deuda cantidades adicúonales desile una peseta al me. s en adelante. Msiipofsiriosies s u s c r i p t a s l fas íí. OlKKOOO Hogar Español Sociedciil Cooperaiiva de Crédito A B i A I A ÍJ. 8 ASSÍ 5 ÍES ACADEMIA POLITÉCNICA INDÜSTMAL COMPRO Peligros. 5, pl. Oe cedo gabinete y alcoba en familia, Carmen, 27, 2.oi zd Ingenieros, Carreras Militares, Peritos Mecánicos, Electricistas y Apaiícjadorcs. -Enseñanza garantizada. -Internado en inmcjovables cdudiciones. -Toda la casa con arreglo é Idgienc. Í 4 A l IATKO. a (l í M H S A A FlTE C: AKiS Af. i NOTA Esta Academia ha puesto ana cf ci n independiente para la carrera de Derecho, á cargo de seis Doctores. LA PF ENSA EMPRESA AMmCMÜOH l í AKMSí lV- IS, 1. I 04 BIBLIOTECA DE A B C Sl- PTIMO MANDAMIENTO -DígKine listed, Gertrudis- -dijo el de repente: ¿continúan llamándola á usted Juno? La muchaclia se echó á reir. -L o que es á mí, nadie me lo dice- -contestó; -pero podrá ser Ycrdnd. Pues en mis tiempos ese apodo era muy general, y me acuerdo que casi todos los muchachos teníamos la costumb r e de pasear debajo de las ventanas de usted. ¿Sucede ahora lo mismo? La joven ¡e miró con impertinencia y dijo: -A h o r a ¿pero no tiene usted en cuenta que desde entonces hemos envejecido bastante? -M á s de diecinueve años, ¿verdad? Gertrudis lanzó un suspiro y exclamó: ¡D e qué rae sirve negar! Y inego, cambiando de conversación, añadió: -A q u í tiene usted ya su sombrero. ¿No le parece que resulta muy bonita la corona? -Magnífica, y le doy las más expresivas gracias por su atención. Ahora voy á ser y o el que lleve este año en la fiesta del bosque la corona de honor, y eso que no soy ni profesor ni alumno, -Eso es para estar orgulloso- -contestó ella irónicainciitc. -S e me ocurre una duda. ¿Cuál efe? -Q u e estas coronas deben ser colocadas en la cabeza de lor. agraciados, -Pues póngasela usted- -replicó la joven, agachándose para recoger un helécho. ¿VoT Perdóneme usted; eso incumbe á la nntchacha más hermosa. -E s o mismo opino y o Búsquela usted p o r ahí- -dijo ella tratando de alejarse hacia el lugar de la fiesta. S P e r o el, sonriéndose, la cortó el paso. -Ya he encontrado á la muchacha que buscaba. ¿Y quién es ella? P e r o Ernesto, sin contestar de un modo preciso, se limitó á decir, ofreciéndola el sombrero: -jTien usted la bondad, Srt. u Gertrudis? de los demás. Bastante disaustadc se sentó al lado de! señor G r u b e r y éste le obÜ a apurar un su compañía una botella de vino rancio. Ésto le distrajo algo, y no c ucricndo ser nienos que el viejo, le invitó á beber otra botella, brindando repelidas veces p o r su salud recíproca y p o r la de sus familias respectivas. Los bailes mientras tanto se sucedían, y Gertrudis pasaba delante de sus ojos, de unos brazos á otros, con gran desesperación de E r n e s t o El vino había hecho locuaces al joven y al anciano. ¿A que no sabe usted lo que se me ha ocurrido? -dijo E r nesto dando un fuerte puñetazo sobre la mesa. -Vaya usted á saber. -Q u e su hija de usted es una muchacha encantadora; parece mentira... H o m b r e poco á poco! ¿Cómo que poco á poco? -E n que es encantadora, convengo con usted; pero eso de que parezca mentira, ya es otra cosa. ¿P o r qué lo dice usted? ¿A, caso n o soy su padre? -Es cierto. -P u e s y o he sido también un buen mozo en mi juventud y no creo que todavía desmerezco gran cosa. -N o digo lo contrario- -respondió G r u b e r sonriendo; -pero su hija no puede compararse con usted. El viejo, algo amoscado, empezó á refunfuñar. N o quería darse á partido, pues los vapores del vino sin duda le hacían incurrir en aquellos pujos de belleza. Ernesto no tuvo más remedio que darle la razón; p o r nada del mundo quería ponerse á mal con el autor de los días de aquella hermosa y angelical criatura, ¡Pues si la viera usted con qué destreza y con qué maestría dirígela casa! -prosiguió el viejo ya más complaciente; -todo lo arregla á las mil maravillas y da gusto verla trabajar; esta disposición la heredó de su difunta madre. ¡Lo que es el q u e se case con ella.