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A B C VIERNES 22 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 8 lumnas del chispeante semanario las galanuras de su pluma para probar lo dúctil y amplio de su talento. Allí, glosando versos clásicos, trató asuntos políticos de actualidad con gracia suma, y probó al propio tiempo sus vastos conocimientos de la rima castellana. Alternando con la cátedra y con los referidos trabajos de Gedeón, Navarro Ledesma hacia el Blanco y Negro, y decimos hacía, porque en todos los números eran muchos los trabajos suyos que aparecían con distintas firmas para el público profano; pero con una marcada personalidad en todos ellos para los iniciados en la labor de Navarro Ledesma. Allí, y en A B C, aparecían de continuo artículos de arte, cuentos, poesías, notas sueltas, de todo, en fin, debido todo á la pluma firme y trabajadora del escritor cuya muerte lamentamos. La labor del periodista pasa ligeramente sobre la vida, y desaparece con el escritor que la produjo, sin dejar honda huella, y tal cosa pudiera suceder á mucha de la hecha por Navarro, si éste, tal vez pensando en su nombre, no hubiese procurado hacer algo que quedase eternamente mientras haya letras castellanas y gentes que las cultiven. Su libro- Vida y hechos del ingenioso hidalgo D. Miguel de Cervantes y Saavedra, publicado recientemente, con alabanzas generales, es uno de los trabajos más hermosos, más brillantes y de más saber que se han publicado en bastante espacio de tiempo. Si Navarro Ledesma no hubiera tenido ya una sólida fama literaria, hubiérasela dado su libro sobre el autor del Quijote, y la gente de letras hubiera saludado en é! á un escritor erudito y maestro en tales lides. corazón ducho en el sufrir, cerebro fortalecido en el pensar. ¿Qué más años que esos cuarenta? ¿Quemas labor que su labor, marinera de mares hondos, peregrina de selvas no exploradas, yunque de ngratitudes é ironías? En cualquier país no español, hombre tan valioso como éste hubiese roto el círculo dantesco, y armado de sus armas intelectuales, hubiese entrado, triunfador, en el mismo Sánela Sanctorum... Navarro y Ledesma tenía adoración por Dominico Teotocópuli. Los juicios sobre éste disfrutaban la primacía en intensidad estética á los que más divulgación y más elogios han merecido en España. Era uno de los españoles que más habían leído, salvando desde luego alguna excepción que está en la mente de todos, siéndole familiares las comedias y los dramas de nuestro teatro clásico. Sentía gran devoción por la musa humorística y se sabía de memoria todas las picardíaSj poéticas que habían corrido en España por la Prensa satírica de cincuenta años á esta parte. Heraldo de Madrid: No era, sin embargo, Navarro Ledesma un antiguo. Eva nuevo, era contemporáneo, estaba al día. Ni siquiera solía encastillarse en el gusto clásico, para medir con su metro las producciones presentes. El hubiera podido ser más que ninguno, entre los que frecuentan con la pluma los periódicos, el crítico que no existe, porque no vivía del acarreo de revistas, ni de la impresión del último libro, ni de la cultura falta de base de nuestros eruditos á la violeta, hechos sabios como el de marras en siete días, sino de un hondo saber contrastado por lecturas abundantes, digeridas, substanciosas. Había cursado la carrera de Derecho, la de Filosofía y Letras y la de Archivero y Bibliotecario. En todas fue alumno sobresaliente, en todas se pudo adivinar su raro ingenio. Era un escritor espontáneo, fértil en nuevos puntos de vista, original, de fácil pluma lo mismopara el verso que para la prosa, lozano, accesible á iodos, adaptable á todas las formas literarias, correcto, dueño del lexicón, de flexible estilo, de abundancia verbal y de euritmia espontánea. Tenía el aire, el aire espiritual d e u n español de la vieja cepa, en algunas predilecciones de su espíritu. La música popular española, la poesía popular española, la musa picaresca española, eran sus grandes amores. ¿Queréis descubrirle en las intimidades de su ser? ¿Queíéis asistir á! a formación de su personalidad por dentro? ¿Queréis poseer el secreto de todas sus aficiones y repugnancias? Pues buscadle en el epistolario de Ganivet, y si se llega á la publicación de las demás cartas inéditas del escritor granadino, buscad enlas mismas las huellas que en él dejó la comunicación con el malogrado autor del Jdearium. Navarro y Ledesma se lo debía todo á sí mismo. Hace pocos días nos hablaba de su deseo de ir á ¡as Cortes como diputado por su ciudad natal. Toledo no aceptó ei honor que se ¡e brindaba, y quedó por satisfacer anhelo tan justo. Pero no es sólo un escritor insigne, un conocedor de nuestras antigüedades, literarias, una capacidad crítica, lo que acabamos de perder: Navarro Ledesma era, además, un pedagogo. Sus alumnos asistían á la representación de nuestro teatro clásico para escribir luego impresiones, que fueron por ¿I muchas veces alabadas. Llegó á despertar en algunos afición tan grande por las lecturas, por el análisis de las obras, que en cierta ocasión decía á quien esto escribe que le parecía difícil hallar entre los periodistas corrientes más de media docena con la aptitud necesaria para discurrir pluma en mano sobre el Quijote, como lo habían hecho algunos de sus discípulos. Era agudo, ingenioso, pronto de entendimiento. Distinguíase entre todos por estas cualidades en los juegos de imaginación, en las fruslerías que sirven de descanso á los graves estudios, y se enorgullecía por saber construir, con más destreza que sus amigos, pajaritas de papel, en lo cual aventajaba á Unamuno, que pasará, sin duda, ala historia del porvenir por el arte exquisito que pone al servicio de tan útil empresa. Navarro Ledesma había traducido á Shakespeare. Pocas veces la prosa castellana había sonado tan bien en labios de Ótelo como al traducirlo nuestro amigo inolvidable. La Época: Uno de Sos triunfos de Navarro Ledesma fue la oposición para ocupar la plaza de catedrático de Preceptiva literaria del Instituto de San Isidro, En ella tomaron parte personas de valía, que después ocuparon cargos en la enseñanza; pero desde el primer momento la victoria se inclinó al lado de Navarro Ledesma, humanista notable, que habla el latín como el idioma patrio, que conocía admirablemente el griego y que asombró á los jueces del Tribunal con el caudal de su erudición. Navarro Ledesma obtuvo el primer puesto en la oposición y ocupó la cátedra, donde poco después se acreditaba como excelente maestro. Su obra de Preceptiva literaria es una de lss más notables que se han escrito en nuestro país. Desde aquella época fue ya considerado Navarro y Ledesma no como una brillante esperanza, sino como una realidad honrosa para las letras españolas. Reconocían todos en é! autoridad indiscutible, y muchos le llamaban maestro, siendo tenido por el escritor más concienzudo y más erudito de la actual generación. Sus conferencias en el Ateneo, tan notables algunas como las que dedicó al malogrado Ángel Ganivet, su hermano en letras, á cuya personalidad dio todo el relieve que merecía, contribuyeron á consolidar su naciente reputación. En el Ateneo fue Navarro una de las primeras figuras; él fue el principal organizador del hermoso homenaje á Cervantes que se hiciera en aquella docta casa con motivo del centenario de la publicación del Quijote. Pero la obra maestra de Navarro Ledesma, y la que ha de ser piedra angular de su fama, es el hermoso libro El ingenioso hidalgo Miguel de Cervantes, publicado con ocasión de aquella fiesta nacional. La notable obra del malogrado escritor es, sin duda, la más completa y la más brillante que acerca de la vida del insigne autor de Don Quijote se ha publicado. En ella se une la elegancia de la forma y lo castizo del lenguaje á la investigación seria y concienzuda y á la erudición copiosa. La muerte de Navarro Ledesma es una verdadera pérdida para la literatura. Al duelo que produce entre sus amigos y compañeros se unirárj de corazón cuantos aman las letras, que de to os ellos puede decirse que figuraban entre ios admiradores del que muchos lloran como verdadero maestro. El Globo: Hace tres días llegó á Madrid el notable escritor y culto catedrático, sin que nada hiciera presumir el accidente fatal que anoche cortó la vida de Navarro Ledesma. Un ataque al corazón, rápido y traidor, se lleva del mundo á uno de nuestros más sinceros y valientes críticos. Ni el tiempo ni la emoción nos permiten dedicar á esta desgracia el espacio que ella se merece, para señalar la pena que sentimos por la pérdida de un hombre que ilustró, con la brillantez de su pluma, las columnas de este periódico. La muerte de Navarro Ledesma, del cervantófilo eminente, del periodista fecundo y del literato ameno, sabida sin esperarla, nos embarga el ánimo en términos tales, que nos es imposible trasladar á las cuartillas la expresión de nuestro dolor. Diario Universal: Una pluma, magistralmente irónica, echó sobre el yacente cuerpo de Navarro flores sinceras de alabanza; y entre ellas, lozanísima y pomposa, cae sobre el gesto irónico y último este clavel de la ironía: aliños pocos años más de vida y Navarro Ledesma hubiese sido académico de la Española. Navarro Ledesma muere de eso, de la gran teoría española de unos años más, del tormento dantesco y solitario, hondo, indecible, de trabajar años y años, de ser docto en la cátedra, prestigio en la tribuna del Ateneo, autoridad en el periódico, insigne, incomparable en libro sin par, y de saber que todo eso es inútil, completamente inútil, porque aquí las hojas de servicios no se computan por los méritos, sino por la cédula. ¡Tinos pocos años más de vida! Al leer esto cualquiera se imagina que Navarro ha muerto adolescente, con esa aureola de precocidad inofensiva, tan cara aquí á las plañideras del periódico. Y no es así; el insigne autor de La vida de Miguel de Cervantes ha muerto á los cuarenta años, hombre hecho ya y maduro. El Correo: La muerte de Navarro Ledesma es una baje sensible en los cultivadores de las letras patrias. Ledesma había revelado singulares dotes en el manejo de todos los géneros literarios, y muy principalmente en la crítica y en la sátira. Era un gran humanista, un espíritu que se había formado en las bibliotecas, y por eso sus escritos, al par que la erudición, revelan el abolengo clásico. En los primeros trabajos de Navarro y Ledesma, criado en Toledo, entre las adusteces de) archivo de la Catedral, se advierte algo de aridez y de sequedad- -acaso influido por el medio ambiente, -reñida con las exquisiteces y delicadezas del arte T n r i i r a Muí) IÜ mEFTrr nircnmiHilill tilín