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A B C VIERNES 22 DE SEPTIEMBRE DE IQO 5. t AG. NAVARRO LEDESMA pscribo anonadado por una impresión tremenda. Estas breves líneas no son literatura: no sé lo que voy á decir en ellas ni cómo he de decirlo. Navarro Ledesma, el querido amigo y maestro de quien yo hablaba hace pocos días media tarde estaba en la redacciónen estas páginas, ya no está entre los N o venía de pasear. Acababa de devivos... jar la Cátedra en el Instituto ó el Ateneo. Recogía todos los periódicos y revisNavarro Ledesma era un hombre fuerte, recio, pletórico; se sentía bien; desde tas nacionales y extranjeros que se recisu adolescencia había trabajado sobre los ben en la casa, los hojeaba, tomaba apunlibros y su mano no había cesado de es- tes, se sentaba en la mesa que encontraba cribir cuartillas y cuartillas. Todo lo co- libre y escribía. Burgos, el apocalíptico Burgos, como él nocía él: las literaturas antiguas, las manifestaciones más recientes del pensa- llamaba al regente de nuestra imprenta, miento, los cuadros, las estatuas, los hombre simpático, obrero admirable por paisajes, los viejos monumentos artísti- su celo y su laboriosidad, á quien Navacos... Su cerebro no había cesado de rro quería mucho, como le querernos topensar ni un momento; su sensibilidad dos en la casa, y á quien casi siempre había estado en vibración constante. Y hablaba en broma, porque Navarro eia este recio, este formidable trabajo coti- en la intimidad el espíritu más jovial; diano desde años y años, esta labor pura Burgos le pedía original para Blanco y y exclusivamente intelectual, habían dado JMegro ó para Gedeón, y Paco trazaba á su figura, aun siendo fornida, ese aire líneas y líneas sin rectificar una frase, con indefinible, ese algo misterioso, delicado la rapidez de una máquina y con la ené inquietador, que notamos con rápido jundia que sólo pueden dar á lo que esvistazo en los ojos, en la frente, en las criben entendimientos como el suyo. maneras, en el gesto, en el andar de los Entre cuartilla y cuartilla, tenía tiemhombres que lo han sacrificado todo á la po para celebrar alguna humorada de inteligencia, y que nos hacen sentir ante Xaudaró ó algún chiste de Gabaldón ó ellos, viéndolos sin embargo sanos y sa- para hacer alguna indicación á Romea y tisfechos, una íntima, una dolorosa y fu- Arija. En los momentos en que en una gitiva inquietud. redacción como la nuestra se reúnen veinY la inteligencia mata á estos seres que- te ó treinta personas, entre pintores y ridos. Mi hermano- -decía Edmundo de literatos, formando tertulias cuyas conGoncourt hablando de Julio, -mi herma- versaciones producen un ruido ensordeno ha muerto de trabajo. Navarro Le- cedor, Navarro, si tenía necesidad de desma ha acabado sus días abrumado tam- acabar un trabajo, seguía en su mesa esbién por la intensa labor. Nada nos hacía cribiendo sin oir nada, impasible, como sospechar este acabamiento repentino y si en su alrededor reinase un silencio seangustioso. Horas antes de que llegara pulcral la muerte, el amigo y maestro hablaba Aún le quedaba tiempo para hablar de con nosotros: la dolencia que le tenía en los asuntos del día y hacer de ellos un la cama era un accidente pasajero; dentro comentario ameno; para recibir visitas de de cuatro ó seis días él se levantaría y escritores que ¡e querían y le llamaban vendría á esta casa á proseguir con nos- maestro y de pretendientes que le otros su trabajo diario. Su charla relam- abrumaban con su colaboración esponpagueaba animada y amena; con ese gesto tánea. tan peculiar en él, su mano derecha se Ya muy entrada la noche se retiraba á deslizaba de cuando en cuando sobre la su casa. ¿A descansar? N o á seguir trabarba, eii tanto que sus ojos brillaban á bajando, á hacer el artículo que firmado través de los lentes y daban á su fisono- Ene aparecía al siguiente día en A B C, mía, toda llena de luz mental, el aspecto á escribir artículos para Blanco y JVegro, de uno de los grandes y antiguos polí- para Gedeón, para Jmparcial, para otros grafos de España... Y el maestro no ven- muchos periódicos; á escribir libros, á drá más por esta casa á trabajar entre leerlo todo y á reposar muy pocas horas nosotros. ¿Qué misterio profundo es este para madrugar, seguir trabajando, ir á de la muerte y la vida? Nos sentimos su Cátedra y dar lección á sus discípulos repletos de alegría y de fuerza; pensamos del Instituto, visitar el Ateneo y contien lo porvenir; hacemos despreocupados nuar allí su tarea... N o no es posible nuestra vida diaria; somos amados de los que á la edad á que Navarro ha muerto eres que nos rodean; las horas se desli- exista, pueda haber existido hombre que zan para nosotros indiferentes, entre sa- haya estudiado y trabajado más que él. tisfacciones y contrariedades minúscuY es bien desconsolador, por cierto, las... y un día un dolor imperceptible, y bien propicio á amargas consideracioalgo que creemos momentáneo, pasajero, nes sobre la validez de la vida, que á los nos aparta repentinamente de la corriente treinta y seis años de existencia, después del diario vivir. No es nada y, sin embarde treinta de estudios y de pocos menos go, nuestros días han concluido; en el de veinte de asombrosa producción intereloj misterioso de lo Infinito, el acalectual, acabe todo en un minuto, y tanta bamiento de nuestra vida ha sido señainteligencia desarrollada, tanto esfuerzo lado. invertido, tanta labor realizada, no sea Así desaparecen Jos seres que tienen para la muerte más que lo que es la llama todos nuestros amores. Y así ha acabado este querido amigo á quien hace unas horas dábamos sonriendo la mano... AZORÍN NAVARRO LEDESMA TRABAJANDO A de una luz que brilla mucho tiempo para el soplo de un instante. Navarro Ledesma deja en esta casa un vacío dificilísimo de llenar. La frase es vulgar y gastada por el abuso; pero no es menos cierta, y de todos modos es insustituible. El recuerdo de su inteligencia merecerá siempre nuestra admiración; su laboriosidad, su amor al trabajo y á la profesión constituirán un ejemplo que nos sirva de guía. Cuantos trabajamos en esta casa rendimos tributo de dolor y de cariño al maestro insigne, al bondadoso amigo, al leal compañero á cuya memoria erigiremos un altar en nuestro corazón. ÁNGEL MARÍA CASTELL HOMENAJE DE LA PRENSA T odos los periódicos de Madrid dedican á nuestro insigne compañero artículos cariñosos rindiendo tributo á su memoria. En la imposibilidad de reproducirlos todos, copiamos de ellos algunos párrafos. De Jmparcial: Navarro Ledesma había nacido para el cultivo de las letras. En Toledo, su patria, á la que no debe sino desdenes, estudió con indomable energía. En su propia casa, en el archivo catedral consumió horas y horas y dejó pasar días y días sin acordarse de que era mozo. Allí concluyó sus estudios y salió de ellos con las raras aptitudes de erudito y de literato. Conocía el latín como el idioma natal. Sabía el griego. Dominaba otros idiomas vivos y muertos. Toda la pesadumbre de tanta ciencia no fue obstáculo á que su imaginación le proporcionase triunfos inolvidables. Reproduciendo la frase de Taine, muy adecuada á los modernos tiempos, podía decirse que Navarro Ledesma era almacén y fábrica Su memoria guardaba el rico tesoro laboriosomente adquirido. Su mente de poeta se servía de aquellos elementos para avalorar lo que imaginaba. Por eso en los escritos de Navarro Ledesma se mezclan la sabiduría de los libros viejos y el ambiente de las ideas nuevas. Por los años de 98 á 99 se verificaban en la Universidad Central oposiciones á varias cátedras de Retórica. Una de ellas era la del Instituto de San Isidro. Competían hombres muy preparados para el triunfo. Lo prueba el hecho de que cuantos en aquellas oposiciones to marón parte ocupan hoy cargos en la enseñanza oficial. El tribunal de oposiciones se componía de catedráticos ilustres, entre los que se destacaba el insigne D Gumersindo de Azcárate. Representaba al Consejo de Instrucción pública el actual alcalde de Madrid D Eduardo Víncenti. Honrábase formando parte de aquel Consejo de juzgadores el director de este periódico Sr. Ortega Munilla. Desde el primer momento se destacó Navarro Ledesma. El primer tema fue un estudio sobre el tránsito del latín á las lenguas romanceadas y otro sobre Lope de Vega. Dos horas se concedían á los opositores para escribit sobre ambos asuntos. Asombró á los oyentes lo que en este tiempo había hecho Navarro Ledesma. En lo que atañe á la erudición derramó Navarro en sus páginas de opositor un índice de sabio respecto á cuanto se ha escrito para explicar el tránsito de la lengua madre á las lenguas hijas; y en lo que corresponde al dramaturgo nacional, allí fundió la imaginación y la ciencia. En los archivos univei a. iios con litlltinuilII! 11 J 1 T HIllIFBUIH liNli lililíihliN Iü