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SUPTIMO MANDAMIENTO 7 G e r t r u d í i Jiceptó solicita, y se levantó poniéndose á bailar con el joven. Hallábase verdaderamente encantadora; su abundante cabellera rubia estaba anudada sobre su cabeza en robustas trenzas, formando un marco admirable á su sonrosado semblante, algo más encendido todavía p o r el esfuerzo del baile. ¿Sabe usted- -dijo ¿I en una de las vueltas- -que todavin soy deudor suyo y que acaso también lo es usted de mi? ¿Cómo es eso? -Y o! o ioy de usted en la cantidad de cincuenta frambuesas, y usted lo e de mí en el sentido de que me debe una visita ú mi casa para r i comerlas. -A h sí; es verdad. ¿Y cuándo cumplirá usted su palabra? -Ya se presentará alguna ocasión- -contestó la joven con marcado acento de burla. El muchacho se puso muy colorado y estuvo á punto de perder el compás. ¿Pero cree usted- -replicó- -que no llegará nunca esa ocasión? Gertrudis neneó la cabeza con aire de incredulidad, diciendo ai mismo tiempo: ¡Quien sabe! -P u e s en esto se equivoca usted, señorita, porque yo soy sumamente testarudo, y aunque transcurran diez arios le asegur o q u e ha de comer usted cincuenta frambuesas de las de mi huerta: bien contadas, p o r supuesto. -Qué formal! o dice usted- -respondió su ¡nterlocutora echándose á rcir. -T o d o lo formal que usted quiera, pero conste que estoy dispuesto á no perdonarla ni siquiera una. Terminó el baile y el galán la ofreció el brazo y la acompañó galantemente á su sitio. 5 Apenas se había sentado cuando llegaron otros estudiantes y la invitaron para los próximos b a i l e s N o le hacía esto mucha gracia á GruTjer; y su interior maldecía el atrevin iento de aquellos alumnos al f) retender, baibr c o u a i? nofita ciuc, según él, debía halIaxs. Q. fyi i a del. alcan. cc -A l principio aprendí prácticamente la agricultura en! a granja de mi padre, y después en la de un amigo nuestro, con objeto de aprender otros cultivos diferentes, y ahora he ingresado en la Escuela superior de Agricultura. ¿Y qué hará usted después? -D e n t r o de dos años pienso hacerme cargo completamente de las posesiones de mi padre. s Luego, mudando de conversación, agregó: ¿Podía informarme, señor director... -Y dale con señor director; siempre lo mísftio, señor d i rector p o r todas partes, ya estoy cansado de esa cantinela. N o es que esto fuese así, porcjue le gustaba que le diesen el tratamiento á todas horas; pero en cambio tenía la costumbre de decir que le molestaba. s G r u b e r que lo sabía, lo mismo que los demás, insistió nuevamente. -N o puedo remediarlo; usted será siempre para mí mi d i rector, y le respetaré eternamente como tal. -G r a c i a s hombre, gracias- -contestó con aire bondadoso el maestro. ¿De qué se trata? -Quisiera que me dijese usted si me permitiría mezclarme con los alumnos y tomar parte en sus bailes. A- -Ya lo creo; pues no faltaba más; ¿no es usted un antiguo alumno? Puede usted bailar con los demás y alternar con ellos en todo; para mí es usted uno de tantos, y siempre le consider a r é lo mismo que á todos. i t Después de algunas frases de gratitud, por una y otra parte, ternunó así aquella audiencia tan interesante. G r u b e r se despidió y partió en busca de sus amigos. N o tardó mucho en encontrarlos; pero con excepción de unos pocos, no conocía á la generalidad. ¡Qué diferentes eran para él unos y otros tiempos! ¿Qué le importaban á él ya los problemas de geometría c IOS nombres irregulares de la tercera declinación? v íj jíftpi Aquellas eran historias pasadas que podían interesar muy bien á los alumnos; pero de las que, afortunadamente, se veía ibre desde hacía más de dos años. i; ¿ifis- í M -S- V Las conversaciones de sus camaradas de antaíÁo k aburrían: