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S ¿AÑO TRES. NUMERO 2 5 4 CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. ABC cenderse los faroles. Transigió razonablemente su sucesor, ampliando el plazo concedido; pero algunas empresas, á las que se da el pie, se toman la mano. Bien impuestas están las multas. El alcalde de Madrid enloquece cualquier día de éstos con los preparativos para recibir á Loubet. Se encuentra con plétora de festejos para el programa y con falta de tiempo para su realización. Trata de que el protocolo conceda- un día, unas horas más siquiera. Y es que los diplomáticos empiezañ por señalarlos días y después acordar el programa, y debería ser al revés, aprobar el programa y señalar después el tiempo necesario para su desarrollo. Un día más ó un día menos nada significa en el itinerario de un viaje de esa naturaleza. Del Kaiser se dice que anuncia siempre cuándo va á llegar á una población; nunca cuándo va á partir. Se va cuando ha hecho todo lo que tiene. que hacer. Una de las medidas adoptadas por el alcalde para festejar á Loubet, según manifestó ayer, consiste en obligar á las empresas de coches de alquiler á uniformar á los cocheros y á retirar muchos de SéMADRlD, 21 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o 5 NÚMERO SUELTO, 5 CÉNS. CRÓNICA T z las últimas declaracionespresidenciales resulta que probablemente hasta Enero no podrá celebrarse la Conferencia internacional para tratar y resolver los asuntos de Marruecos; que el punto de reunión será casi seguramente Algeciras, y que si se siguen añejas prácticas diplomáticas, presidirá la reunión de los representantes extranjeros el mismo que preside el Consejo de ministros, de cuyas habilidades y éxitos, tratando con los embajadores, nos hablaron ya este verano desde San Sebastian y hablan ahora algunos periódicos extranjeros. De desear es, y hay que esperarlo de medidas inaplazables de gobierno, que cuando los enviados vengan á Algeciras á ser presididos por el Sr. Montero Ríos, no tengan que ocuparse más que de Marruecos, del estado de anarquía dominante allende el Estrecho, de la necesidad de imponer por medios pacíficos la civilización y el progreso en aquel continente. No sea que al discutir los diplomáticos sobre la barbarie de las kábilas africanas, tengan que apartar de ellas su atención para fijarla en actos no menos bárbaros los simones y mañuelas que ruedan por que cometen gentes europeas en pobla- ahí, siendo la vergüenza de la corte. La ciones fan cultas y adelantadas como Bar- resolución es tan plausible, que conviene celona. No sea que al meditar sobre la ponerla en práctica unos días antes de la descomposición iniciada de aquel Impe- llegada del Presidente; porque si en ese rio, observen que hay también gérmenes día viésemos á los cocheros como deben de disolución dentro del territorio que ir y los coches lo ¿que deben ser, todos los vecinos de Madrid daríamos ¡vivas! á les alberga. El anarquismo brutal y destructor y el el alcalde, en vez de dárselos á Loubet, separatismo descarado y provocador de y parecería una incorrección. Otro acuerdo de ayer, igualmente haBarcelona son males graves que á todo lagador: el de convertir la plaza de la trance conviene conjurar. Grande trascendencia tiene para nos- Villa en jardín. Bien hecho; el vecindaotros fa cuestión- de Marruecos, que no rio lo agradecerá, como agradece los jarpuede estimular en nuestra mente soña- dines del Prado, de cuya transformación dora quiméricas conquistas de territo- se va dando ya cuenta para ponderarla y rios, siao prácticas ambiciones de mer- aprovecharla. La suerte se ha mostrado esta vez poco cados; pero mayor importancia ti ene nuestranquifidad interior y nuestra prosperi- amable con Madrid. En el sorteo de la dad nacional por el esfuerzo de todos los Lotería Nacional sólo cinco ó seis premios, de los que no representan más que ciudadanos. Por eso, el futuro presidente de la un puñado de pesetas, se han quedado Conferencia de Algeciras podría asistir á aquí. Menos mal que tres de los grandes ella tranquilo y satisfecho si en los tres han ido á poblaciones andaluzas, como meses que faltan hasta que la reunión se Málaga, Lebrija y Sanlúcar, donde hay efectúe mediasen medidas de gobierno hambre y donde por lo mismo hace falta tan enérgicas y de eficacia tan rápida que dinero. Lo amargo de la cosa es que si acabasen con el criminal y odioso terro- los hambrientos no tienen un real para rismo y el naciente y vergonzoso sepa- comer, menos lo habrán tenido para jugar á la lotería. De todos modos, muchos maratismo de Barcelona. drileños habrán lamentado el desaire de la suerte, porque esta vez sí que esperaban que les cayese el gordo; no por nada, p i gobernador civil siguió ayer impo- sino porque lo esperaban. niendo multas á los teatros que terEl tiempo, excelente. El otoño, cuya minaron las funciones después de la hora llegada oficial nos anuncian los almanareglamentaria. Se censuró casi unánime- ques para mañana sin falta, se presenta mente la testarudez del gobernador an- bajo auspicios inmejorables. Con un tiemterior, empeñado en que los trasnocha- po así, Madrid es la gloria. dores se acostasen poco desoués de enAEMECE s La Mallorquína g u a n d o nuestros vecinos los franceses se dis ponen á honrar nuestra Patria con motivo del viaje presidencial, una de las más prestigiosas revistas periódicas, e! Mercure de Trance, ha comenzado á publicar un viaje por España. La oportunidad no puede ser mayor. El autor del presente no es autor... es autora. Se trata- -como ella misma confiesa- -de una virgen casta de treinta y cinco años La autora toma el tren en París y liega á Irún. En Irún comienzan las terribles sorpresas. Un español entra en el vagón del ferrocarril. Este español se llama nada menos que Don F ranea Miguel de Echeverría y Arrivabalaya. ¿No es esto ya, por si sólo, sugestivo, maravilloso? Los escritores franceses son únicos, admirables, en encontrar nombres españoles pintorescos é inauditos. ¿No ha oído hablar el lector de este Vray Eugenio Calabazas y de esta Doña Syrena que el dramaturgo Sardou hace hablar en su obra La Sorciere? ¿No recordáis también la famosa marquesa d Jlmaegui, une andaíouse au sein bruñí, que el gran Musset se encontró en la Rambla de Barcelona? ¿No habéis admirado asimismo cien veces á este extraordinario Titilas Tatia, un víeux marchand de friture, que Merimée hace figurar en Carmen? ¿Y no ha sobrepujado á todos sus compatriotas, grandes y chicos, el querido maestro Balzac al sacar á plaza en su hermoso cuento La filie aux yeux d or á un épico Don Titjos, marauis de San J eaí, Grand d Espagne? El Sr. Echeverría y Arrivabalaya del flamante viaje, va vestido con un astroso y sucio terno, lleva una pintoresca camisa de franela, y entre sus manos, á pesar de su pobreza y de su astrosidad, mueve un bastón con puño de oro. La autora está encantada. 2 Vrancis escupe en el suelo con fuerza, dice algunas atrocidades y al despedirse, una estación más allá, vocea: ¡Mdtos Señores, vaga VA con Dios! Y entonces la autora viéndole partir con ojos lánguidos y oyendo estas palabras, exclama: rjComme tous ees espagnols ont de la gráce! Y continúa, como es natural, su viaje. En Burgos hace una breve detención y visita la Catedral; después se torna á poner en camino hacia M? drid. Y ¿cuáles son las impresionesN de esta extraña viajera en la capital de España? Lo que más atrae sus simpatías es la Moya de Goya- -así llama á la Maja desnuda; -y lo que más se granjea sus furores es- ¿cómo podíais sospecharlo? -La Mallorquína. Diré la verdad: yo siento que se trate mal á este pequeño y simpático receptáculo, donde los que somos un poco filósofos solemos tener nuestros esparcimientos cuotidianos, charlando discretamente y viendo ante nosotros, en los anocheceres penumbrosos del invierno, las bellas damas que entran á mordisquear un momento las suculentas pastas. Pero la autora de este viaje es implacable. Y el fragmento dedicado á La Mallorquína merece ser copiado y traducido literalmente. Yo había dado una segunda cita á Melchíor- -escribe- -en la pastelería en voga de la Puerta del Sol. Esta vez nosotros fuimos exactos los dos y, con gestos perplejos que ocultan nuestro enojo de encontrar tanta canela en el chocolate y tanto aceite rancio en los pasteles, nosotros agitamos en