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A B C. JviIERCQLES 20 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 6 t 1 H íiJ i íf í í ú tí J m J állíll ALLMANIA. EL CONFLICTO DE LA CARNE. EL PUEBLO ACUDIENDO A LOS MATADEROS EN LAS PRIMERAS HORAS DE LA MAÑANA Fot. Dannenberf mas de panegeristas y alabanciosos. Mártires son, en efecto, esos simpáticos cofrades del muestrario, viajeros ocupantes de los trenes mixtos, en cuyos vagones de segunda ó primera alternan y discuten con los indispensables sacerdotes, parroquianos de tales trenes, y que van de ciudad en ciudad española arrebatando corazones de camareras fondiles y perdiendo lastimosamente el estómago. Sí, su glorioso martirio se ceba siempre en esa entraña. Los felices nominados del Martirologio cristiano han muerto de mil maneras diferentes: unos por el fuego, degollados otros, quién entregó su espíritu radiante al Señor entre apretadas cuñas y quién con el cuerpo soterrado. Los mártires de nuestra fe han padecido en honra de la fantasía de sus verdugos todos los dolores que pueden aquejar á la naturaleza humana; los comisionistas ó viajantes de comercio sólo conocen un dolor, pero de los más crueles, lastimeros é irreparables: el dolor de estómago. Cuando se alistan en su honrada profesión y hacen, según ellos dicen, sus primeras plazas, esto es, recorrer por vez inicial las ciudades y villas de España con sus sólidas cajas rectangulares por equipaje, es gloria verles animosos, sanos, jóvenes, luciendo corbatas atrevidísimas y temos que sus mismos dueños se complacen en anunciar como procedentes de Sabaddl ó Tarrasa y no de ninguna fábnca ó telar extranjero. Alegres é insinuantes recorren las tiendas de la población con el mozo de la fonda que lleva el muestrario de guía ó espolique, y una vez apuntados los pedidos y extendidas las notas para la casa productora, siéntanse dicharacheros á la mesa del Hotel que les alberga y no reciben plato con la comida sin piropo á la camarera que les sirve, encontrando ¡oh poder de la inocencia y de la juventud! excelente el condumio y fresca y apetitosa la moza adjunta. Entonces, y entre las alegrías del amor y de la ternera recalentada, desbordan su elocuencia en loores de la fabricación española, afirmando que si ésta recibiese de los gobiernos la protección merecida, sería seguramente la primera del orbe. Aún así y con la mala política que nos distingue, en géneros de punto no nos gana nadie. Pero á medida que el jocundo viajante va corriendo plazas, habitando fondas y comiendo en todas ellas la misma ternera recalentada, la misma merluza frita y los mismos pollos esqueléticos, empieza á sentir extrañas inquietudes, vagarosas tristezas y desarreglos gástricos. Su malestar avanza, y ya no piropea tan gallardamente á las camareras de la fonda, ni cifra su iiusión en ostentar corbatas atrevidísimas, ni habla con tanto encomio de nuestros productos nacionales, hasta que un día inclina tristemente la cabeza sobre el plato que acaban de servirle y pide con lastimero acento su sustitución por un par de huevos pasados por agua. ¡Ya no hay salvación para él! Los huevos pasados por agua le perseguirán de plaza en plaza, de fonda en fonda; serán su único alimento, los eslabones de su cadena ó de su dispepsia perpetua. El desgraciado comisionista recorrerá toda España con su billete kilométrico, su caja de mués tras y su estómago en plena anarquía, sin creer ya en el amor, en el sortilegio de las corbatas, en las comidas de las fondas, ni en el mismo dios Mercurio, protector del comercio. ¡Y menos mal que no tenga también que ingerirse al mismc dios! En este mes de Septiembre realizan los viajantes mercantiles una de sus más prósperas campañas recorriendo la península con las muestras de los géneros de invierno. ¡Honor á esos mártires del tráfico, á esos simpáticos intermediarios de la civilización moderna, tan amparados y comprendidos por el emperador de Alemania! Cuando les veáis en las mesas de la fonda sorberse con gesto desengañado unos huevos pasados por agua, compadecedlos: ellos y los maestros de escuela pueden ser los factores más activos de nuestra regeneración, pero ¡ay! los maes tros no comen y los viajantes tampoco. Aplaquemos el hambre de los unos, curemos la dispepsia de los otros, y seremos una nación con estómago, esto es, honrada y fuerte. os ¿Db R O U R E 11 inimumili 1