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A B C MARTES 19 DE SEPTIEMBRE DE i9o5. PÁG. C A Sr ITALIA. EL REY VÍCTOR MANUEL X RECORRIENDO LAS RUINAS DE SAjNT ONOFR 1O EN CALABRIA liantes soldados; mirad amorosas a Jos oficiales rígidos, entallados, elegantísimos, enguantados de blanco, que corresponden á vuestros saludos dirigiéndoos sonrisas frías y asestándoos el monocíe... ¡Elisabeth, E! sa, Kety... Lanzad el grito varonil también vosotras... ¡Hu rrahl ¡Tíurrah! Y emborrachad vuestras cabecitas doradas que se apiñan en ventanas y balcones ante este lujo inusitado, ante estos brillantes colores, mientras tarareáis al compás de las músicas vuestras patrióticas canciones... Él viene ahora pausado y lento, enhiestos los bigotes; el águila posada sobre su casco extiende las alas, y sobre la cabeza que adorna una corona de oro, abre rabiosamente el pico... Él saluda militarmente flameando el acero desnudo, y ahora sonríe á su pueblo, que le aclama. Y detrás de él, al frente de los largos de Federico, el Kronprinz, y más tarde la Kaiserin y la Princesa, y generales, grandes duques, príncipes y mariscales, desfilando en rápida visión brillante que deslumhra y ciega, pasan y se alejan, se alejan... Ya no se ve nada, nada se oye, el último infante desapareció á lo lejos... ¿Qué ha sido de vuestra alegría, Elsa, Kety, Elisabeth? ¿Por qué al dejar de oir los últimos acordes de las músicas militares, vuestros ojos lánguidos se entristecen, vuestras doradas cabecitas parecen espigas después del vendaba! y os separáis despacio, de mala gana, de ventanas y balcones? ¡Lh, Elsa! ¡Oh, Kety! ¡Oh. Elisabeth! Ha sido una mariposa, una enorme mariposa de brillantes colores la que ha pasado por delante de vuestras ventanas acariciando con sus alas vuestras doradas cabecitas rubias. Ahora á soñar, Elsa, Kety, Elisabeth... para presentarse bien, este despiltarro: Madrid ha ofrecido siempre, y más que nunca actualmente, elementos para ves tir con lujo y elegancia. Díganlo, si no, las antiguas tiendas de la calle de Espoz y Mina, las del Carmen, donde tuvieron su centro las blondas y los JOSÉ JUAN C A D E N A S encajes; la de la Montera, donde vendió Casuso los géneros de punto más fino; la subida de Santa Cruz y los portales de p vuelve, después de la campaña del la misma plaza, donde se han hallado los verano, aquel flamante equipaje que más delicados adornos, y esas calles de la elegante madrileña llevó á sus expedi- Postas, de Esparteros, de la Sal, de Zaragoza y Plaza del Ángel, que son como ciones veraniegas! Las que fueron delicadas prendas que el solar nobiliario del comercio madrise llevaron con esmero tendidas en mun- leño. Sin contar los establecimientos emidos y maletas, el ajetreo, el aire del mar, nentemente aristocráticos de la Puerta el frecuente uso, las han convertido en del Sol y de la Carrera de San Jerónimo. unos cuantos pingos que inspiran lástima. Las elegantes de todos los tiempos El equipaje de ida fue como cosa flore- han encontrado en Madrid medio de lucir ciente, primavera! el equipaje de vuelta su buen gusto y de gastar con acierto su es un tristísimo otoño en el que hacen de dinero, lo mismo cuando se llevaban los hojas secas las telas ajadas, los adornos brochados y las felpas, que el terciopelo deslucidos, los encajes y puntillas rotas. y el moiré antique de primorosas aguas. En la calle de Espoz y Mina se encon- -Esto al tinte- -dicen sus afanadas dueñas separando las faldas de cachemir, traban los más ricos merinos y las telas las lanillas finas. -Esto á ver si lo arreglan de cachemir más delicadas, con los gros las encajeras belgas. Y todo, todo hay y los paños de Lyon. Y todas las tiendas antiguas han dejado sucesores que han seque reformarlo. Y después de pasar revista á lo que guido las corrientes del progreso y quedó en los armarios, se plantea la ne- traen á Madrid lo mejor que se fabrica cesidad de renovar la indumentaria, y una en el Extranjero, sin contar con los node las primeras ocupaciones de la madri- torios adelantos de las fábricas de Barceleña después del veraneo es ir de tiendas. lona y de Valencia consagradas á los Las aristócratas, las que disponen de tejidos de seda. N o hay, por lo tanto, que salir óz grandes medios de fortuna, hacen la renovación en París; pero no se necesita. Madrid para vestir con elegancia si zz DE TIENDAS -MTinTirnirmíTMHE lili I M l TinflIiriTÍI