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A B C MARTES 19 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 5 CRÓNICA DE ALEMANIA A E 1 NE PA- losuna gran revista militar RADE berlineses la llaman Berlín, Septiembre WTP P P r l 1 eme patade, y de todas las fiestas de este género, la que mas entusiasmo despierta es la que se celebra ahora para conmemorar el día de Sedan. El espectáculo es ivagnífico. En el campo de maniobras de Tempelhof forman los regimientos todos de la guarnicon, vestidos de gala, luciendo orgullosos banderas y estandartes. Llega el Kaiser seguido de su brillante Estado Mayor. Guillermo 11 luce el blanco uniforme de los coraceros de la guardia, y va íegimiento por regimiento revistándolos y dirigiéndoles un cortés ¡Guíen morgen. hy ¡Buenos días! Al pasar por delante de nuestra tribuna, hemos podido contemplar muy de cerca al Emperador. Está aviejado, tan aviejado, que este hombre de cuarenta y nueve años parece frisar en los sesenta. Numerosas y profundas arrugas surcan su frente y las sienes. El pelo esta ya casi blanco. Dos surcos hondos cortan las comisuras de los labios. ALEMANIA. LLEGADA DE LA EMPERATR 17 A LAS MANIOBRAS M 1 L 11 AKES u t 1 EMPELHGF J 4 1 f fi i ALEMANIA. EL KAISER CON EL UNIFORME DE CORACEROS DE LA GUARDIA EN LAS MANIOBRAS DE TEMPELHOF ¿Tíochf ¡Jioch 1 ¡Zínsere J aiser! grita bol legendario de Tempelhof y da las órdenes para que el desfile comience. la multitud. ¡Tiunab! Pero el Empeiador pasa de largo, A lo lejos comienza á divisarse una sin reparar apenas en la muchedumbi e. Sus ojos miran duramente, casi agresiva- mancha que rápidamente crece y se exmente, los cuadros de los regimientos. tiende. Son los coraceros de la guardia De vez en cuando da órdenes, señalando que avanzan al galope, con sus blancos con el brazo extendido un punto lejano. uniformes de gala y las cora 2 as que el Su inspección va de alto a abajo, pues Zar los regalara, en cuyo centro un sol con el mismo detenimiento se para en flamea lanzando metálicos reflejos. Los firme para contemplar la indumentaria de coraceros forman una inmensa mancha blanca, y al contemplarlos re uerdo las un coronel que la de un soldado... El ejercito es el gran amor de Guiller- palabras que en Gravelotte me dijo una mo 11; otórgale cuantos privilegios y viejecita que presenció los horrores mercedes puede; pero por eso mismo del 70: -Mire usted, señor... Aquella noche exige mucho de el, y casi siempre de c tas grandes revistas militares alen t n cayeron aquí tantos coraceros bajo las baejemplar castigo y una ruidosa recompen- las francesas, que al amanecer, cuando yo sa. Ya sabréis lo que ocurrió ahora, re- salí de mi casa, el campo estaba sembrado cientemente, cuando fue a inaugurar el de cadáveres... ¡Parecía que había nevado! monumento erigido a las víctimas de GraEl publi o también lo recuerda, y savelotte. Supo que los jefes y oficiales allí luda el paso de los coraceros con ¡hurrahs! de guarnición entregábanse demasiado a vibrantes de entusiasmo. Su uniforme es las delicias del Champagne, y sin preocu- magnífico. Sobre el casco, al águila impeparse de que en aquellos cuadros figuran rial abre las alas... Y pasan al galope... los hijos de las más linajudas familias pru- Tres veces hurrah! sianas, sobre la marcha decretó el traslaVed ahora los huíanos con el pequeño do de todos los batallones alia, á los con- czapka atravesado; mirad los húsares fines de la Polonia rusa. azules, los húsares rojos con la pelliza Por eso le vemos ahora mirar y remi- flotando airosa sobre el hombro izquierdo rar escrupulosamente. Tiemblan los jefes y sus caballos magníficamente enjaezados ante los imperiales rayos, prontosa descar- con pieles de pantera... ¡Oh! Es hermogar sobre el culpable allí mismo, en pú- so en verdad este desfile de la caballería blico, en presencia de todos sus compa- prusiana, y el público en pie agita somñeros de armas, delante de sus inferiores. breros y pañuelos, se emborracha de paY asi podemos admirar esta brillante triotismo, y con los puños crispados y en manifestación del poder alemán. Nada alto parece amenazar á un imaginario más elegante, más distinguido, más varo- enemigo... ¿Quien sera? Lanzan las músicas sus alegres compa nil a la vez, que estos soldados y oficiales, rígidos, tiesos dentro de sus unifor- ses, y los escuadrones, ralentando el paso, mes entallados, ejecutando todos los mo- penetran en la capital por la ancha vía de vimientos como autómatas, dirigiendo la la Beliealiancestrasse. Banderas y estanvista á la izquierda, á la derecha, avan- dartes, trofeos y gallardetes adornan las zando, retrocediendo, deteniéndose como casas, que se conmueven al escuchar los si una corriente eléctrica los impulsara. acordes de las militares bandas. ¡Salid! ¡Salid todas! ¡Elsa, Kety, EliSatisfecho, sin duda, de su inspección, el Kaiser, ha ido á colocarse bajo el ár- sabeth; salid á contemp ar a vuestros bu-