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SUSCRIPCIÓN PAGO A N T I C I P A D O POR CADA MES P UBLlCl DAD S O L I C Í T E N S E TARIFAS Anuncios económicos. Reclamos. Anuncios por palabras. Noticias. Informaciones. Administración: 55, Serrano, 55, Madrid spaña, pts. i,5o. Portugal, pts. 2. Unión Postal, 2,5o francos. Administración: 55, Serrano, 55, Madrid N. 2 5 M A D R I D L U N E S J 8 D E S E P T I E M B R E D E 1905 N U M E R O SUELTO, CINCO CÉNTIMOS EN TODA E S P A Ñ A SsavacBU V k DESNATURALIZADO PARA QUEMAR COMP. DE ALUMBRADO A BASE DE 90 CENTS. LITRO. PRECIADOS, 9 DO UMOZ 2 S 4 fuencarra SOMBREROS INGLESES 72 legítimos, esnecíales. cii tmffuidos. hgGro 8 só iclos, suporiores, i xtras, á. 7, 8. 9,10 12, 13. 15 n n T -CUALIDADES QUE RETINEN C w i, LOS SOMBRÉEOS LEGITUVI 09I NGLESF, S ARMADOS O V LEXIBLES QUE VENDE MUÑOZ, POR LO QUE LLEVAR TNü DE ELLOS ES ACREDITARSE WMHMBKSaaBBB Ocí ffiCQ ¡3 I- mm 4 mm M DE PERSONA DLSTÍXGÜIDA DO POMADA MILAGROSA Cura las grietas de los pcciios en 24 horas y (oda clase de leridas. 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MO M A N D A M I E N T O bo -Además, yo me voy de aquí para no volver jamás. ¿Cómo es eso? ¿Quiere usted marcharse? -N o tendré más remedio, porque usted irá diciendo p o r todas p- irícs qsie me ha cogido conío á un ladrón en su huerta, y si esto ücga á oídos d: l c irector, lo sabrán los demás y me impondrán e! oportuno castigo; así es q u e Al decir esto se encogió de hombros, como dando á entender que todo! e s. iiia por una friolera y que tenía su resolució tomada. ¿Y qué sucederá entonces? -preguntó G e r t r u d i s -P u e s sucederá que si alguno intenta mortificarme ó burlarse de mí, no tendré más remedio que darle de cachetes. Esto se llegará á saber, no sólo lo de los cachetes, sino lo de las frambuesas, todo lo que quieran inventar, y tendrán que acabar p o r echarme del colegio. Para evitar esto es p o r lo que pretendo empezar p o r no volver. Al oír aquella relación, la joven se había puesto pensativa y acabó por alarmarse. ¿D e veras le podrán echar á usted por una cosa tan inocente como esta? Yo creo que exagera usted demasiado, -N o exagero nada. Aprecio las cosas bajo su verdadero aspecto. -M e parece imposible. -No hay nada imposible en el mundo- -replicó el escolar encogiéndose de hombros nuevamente. Después, señalando el colegio con el dedo índice de la mano diestra, añadió, haciendo un gesto de profundo desprecio: -U s t e d no conoce todavía bien á esa gentecita. -Pues entonces no diré una sola palabra- -dijo Gertrudis al cabo de una p a u s a d e todas maneras, no hubiese dicho nada. El semblante de! joven se iluminó repentinamente. ¡Q u é buena es usted, señorita! ¿Usted hará eso? ¿Y por qué no? El adolescente fué á tender su mano a la jov- en para estrechársela, pero reparó en que la tenía manchada y sumamente pegajosa por el contacto de la fruta; así es que la retiró en seguida. El se limitó á suspirar, pero con un suspiro c ue más que nada parecía un gemido. Si se enteraban en el colegio de su aventura, estaría perdido para siempre. E! suspiro debió conmoverla, pues miró á su alrededor, sin duda para ver si se acercaba alguien, y de buena gana le hubiera ayudado á levantarse y á salir de aquel trance, pues comprendía que la entrada de su amigo en aquel lugar sólo obedecía á su deseo de comer algunas frambuesas. Considerando ya la cosa más burlonamente y con el ánimo de sofocarle más de io que estaba, le preguntó: ¿Se ha caício usted del castaño? Se habrá lastimado mucho, sin duda. Una mirada del estudiante, en la que se leía toda una súplica, la convenció de que no había tal cosa. Además, el castaño más inmediato distaba tres ó cuatro metros del lugar en donde se encontraba y no era posible caerse desde tan lejos. Decir que sí, le parecía inocente; así es que se mordió los labios y optó por decir que n o -N o no nre he caído- -respondió. -E n t o n c e s es que ha perdido usted sellos y ha venido aquí a buscarlos, ¿verdad? Esto ya le hizo recobrar su habitual buen humor, y sonríen dose ligeramente, contestó: -E s muy fácil que los haya perdido, pero el caso es que yo no soy coleccionista. Gertrudis comenzó á irritarse al ver que el muchacho ¡o iba á tomar ahora á broma, y que además no trataba de ocultar ni de explicar lo ocurrido. ¿Qué es lo que ha pasa do? -preguntó resueltamente la joven. G r u b e r pensó que el ridículo no podía ser mayor, y ya que se consideraba algo sereno, se decidió á mostrarse testarudo y dispuesto á afrontarlo t o d o -N o ha pasado nada de particular, sino sencillamente que tenía gana de comer fruta y he venido á robarla. Gertrudis trató de disimular la risa ante aquella actitud cómicamente heroica. -N o me parece mal, caballerito; lo único que siento es que yo haya venido á estorbarle