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ABC. DOMINGO 17 DE SEPTIEMBRE DE 190 S. PAG. 7 Poco tiempo después- -continúa diciendo Beace de Burry, -el aristócrata italiano me decía: Tranquilizaos, ya no existe la maravillosa fórmula; la he quemado ayer. Respirad... y resignaos á morir envenenados por otros filtros más modernos y no menos misteriosos: por los manjares sofísticos y adulterados, por el lento y seguro envenenamiento de las mixturas culinarias de cualquier restaurant acreditado. KIRKS Recuerdo un día que en el transcurso deia conversación salió á relucir, no se cómo, el célebre veneno de los Borgias. -Yo poseo la terrible formula- -díjomz el aristócrata italiano. -Es un secreto que nos transmitimos por herencia, de generación en generación. La fórmula es de lo mas simple que podéis imaginaros, pero el gran genio de su autor no esta precisamente en lo infalible del resultado, sino en no dejar rastro de envenenamiento. Os juro que desde hace siglos no se le da empleo, aunque es lástima... Y como mostrarale mi admiración, continuó diciendo el descendiente de los Borgias: -Sí, lástima, porque figuraos que un hombre audaz quisiera emplear con justicia lo que los Borgias empleaban por maldad. Imaginaos un hombre que seguro de su conciencia, quisiera cumplir una obra formidable de depuración y saneamiento social, sin otra responsabilidad que la contraída por él mismo... Esos crímenes que hoy se escapan á las leyes y que hasta las desafían, no quedarían impunes, y esos miserables cuya muerte sería beneficiosa á la sociedad, no existirían gracias a la maravillosa fórmula. Por mi parte- -agregó tristemente el anciano, -no me siento con fuerzas para cumplir tan tremenda misión. Soy viejo y no tengo herederos; así, lo mejor es que conmigo desaparezca el terrible secreto ECOS DEL MUNDO E N F E R M E D A D E S Las enfermedades SIMULADAS no constituyen siempre una desgracia. Existen casos excepcionales en que son una ventaja para los pacientes. Se traducen para ellos en descanso, mejor y más abundante alimentación y vida exenta de preocupaciones durante un per odo determinado. En el cuartel o en el colegio abundan casos de esta índole, y no son pocos los perezosos que saben fingir una dolencia, hasta el punto de engañar al facultativo mas experimentado A veces, en este orden de ideas, llega eJ arte del engaño a un grado increíble de perfección Sabemos todos que para producir la fiebre, hay quien se golpea el codo contra la paied o toma una lavativa de cascaras de ajo, también sabemos que es fácil aparentar ulceras incurables empleando eiertas hierbas que irritan la piel EL DIESTRO MADRILEÑO ANTONIO BOTO (REGATERÍN) y í ¿p- V C; í -T A J. LOS SUCESOS DEL CAUCASO. VISTA DE TIFUS. DONDE LA REVOLUCIÓN SE HA RECRUDECIDO Todo esto es la infancia del arte; citan los periódicos fr. anceses el caso de un vagabundo antiguo enfermero que da cruz y raya a sus predecesores Aleccionado por la experiencia, había encontrado el medio de vivir en los hospitales. Padecía lo que durante la Edad Media llamaban el sigihum diaboh, o sea el signo del diablo, el mal consistía en conservar el lastro dermografico del menor rozamiento. Enterado de todos los secretos de las clínicas, sabia nuestro hombre utilizar en provecho propio este padecimiento, y se dibujaba en la epidermis las manchas mas extrañas de la mas extraordinaria de las erupciones cutáneas conocidas Con semejante pasaporte patológico, ingresaba en los hospitales y comía a expensas del Estado. Ha vivido asi mucho tiempo, y solo al cabo de diez años han descubierto la superchería Van a procesar al exenfermero. ¡No merece mas bien un premio por su ingeniosidad C L CARTERO Nos quejamos constanteL DEL POLO mente de lo mal retribuidos que están en España los servicios, de lo exiguo de los sueldos y de la mezquindad de las retribuciones de todo genero Los cartei os no son precisamente, entre los servidores del Estado, ni los que trabajan menos, ni los que se encuentran mas holgados en punto a honorarios, por eso parecerá mentira que en los Estados Unidos exista un cartero que gane anualmente la friolera de 175.000 dollars, sin mas obligación que la de llevar la correspondencia a su destino dos veces al mes. E to, dicho asi, puede parecer completamente fantástico, pero tiene una explicación perfectamente lógica y racional. Por esta vez no se trata de ninguno de esos canatds que suelen rodai tranquilamente por esos mundos, y que solemos achacar invariablemente a los yanquis. No, el cartero existe; su sueldo figura en los presupuestos federales, y no se trata de ningún privilegio ni recompensa petsonal. El cartero en cuestión tiene a su cargo llevar quincenalmente las cartas y los periódicos a dos apartados núcleos de población del Estado de Alaska, situados a varios grados de latitud superiores al circulo polar ártico. La distancia que debe recorrer es de 680 kilómetros, y el cartero Jo hace dos veces raensualmente, gozando de la deliciosa temperatura que es de suponer en dichas alturas. Por eso nuestro hombre necesita unas cuan tas docenas de perros y sus trineos correspon dientes para hacer en seis días su recorrido a razón de 1 10 kilómetros por día. tuna miseria para nuestros chauffeurs El sostenimiento de vanos criados y el de tantos perros, junto a una porción de gastos y