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ABC. DOMINGO 17 DE SEPTIEMBRE D ioo5. PAG. 5 muy adecuado a su objeto y donde la Lz y el aire cntiaban con amplitud generosa. Veíase que el edificio se había transformado s ii perdei, a pesar de ello, un carácter especial que o acomba a definir de golpe. t Cual no seria ini soipresa al saber que aquella solida consrruccion fue bodega! Las escancias no eran obscuras como antaño; despejados se hallaban los patios de todos los enseres piopios de la vendimia; en las anticuas naves se veían me- alineadas, guaidsndo un ordei iera quico y genea o o ico mmute. bíe, ne pensado siempre lo rpi mo que ai visitar un inmenso ai señal. Esos montones de proA l entrar en una bodega experimento y e c t e s ¿contra qiren los disparara la siempre una impresión extraña. N o suerte? ¿Estarán destinados a guerras de envidio la riqueza del dueño qu en in- co iqaista o a luchas fratricidas 7 ¿Proclamensas naves logro eurir centenares de maran el tnun r o del derecho o serán toneles cuyo co itemc o vale millones, ni cómplices de odiosas inanias? siento admiración an e los hombre 1 iteAsi me pregunto al ex. a- nmar ías enorligentes que, haciendo mezclas y combi- mes naves. Esas barucas ve tiudas, esas naciones con el valioso liquido, producen botellas cegantes, ¿adonde ilevai an el j I F 1 J s i 1 v i 1 mi r i, V- l -iW VTH; I n- í P i. ítr c m. jMm. i iir. -i- -v. 1 i. A ¿fr EL COLERA EN ALEMANIA. LA COMISIÓN DE GUARDIA bN UNA LANCHA Dh fR KSPORTE vinos estimadísimos en tierras lejanas; ni, por fin, alegra mi mente el probar las muestras del dorado licor que, espumeante, cae en la venencia, siendo saboreado con deleite por los visitantes. Me repugna la embriaguez ajena, y algunas veces he visto, como medico, la lenta destrucción de organismos fuertes corroídos por el alcohol gallardamente bebido con todo el báquico regocijo de los b u e n o s caradores durante algunos años. Nada mas triste que observar los efectos del envenenamiento traidor, los trastornos circulatorios que abotagan el cuerpo, las lesiones nerviosas que paralizan los miembros y obscurecen la razón A pesar de esto, no soy enemigo del vino: como tónico poderoso, he visto de que manera reanimaba organismos débiles, coloreaba mejillas pálidas, despertaba ideas nuevas, infundía, por fin, la sana alegría de v ji Y por todo ello, cuando entro en una bodega, al respirar el ambiente húmedo y avinado de las estancias y al pasar re 1 ota a las pipas y bolas, correctamente preciado zumo que contienen ¿Servirá este de inspiración al artista? ¿Sera venero de saJud, o estimulara los bajos instintos del hombre revoleándole en cieno o en sangre? Gotas doradas, negras ó carmíneas, dulces unas, amargas otras, todas perfumadas por éteres y aromas misteriosos, llevan en si gérmenes de vida intensa y elementos de muerte lenta; pueden infundir amor, energías, rasgos heroicos, explosiones de entusiasmo, luz intelectual; pero también es posible que enciendan! a ira, provoquen el crimen, obscurezcan la razón y suman al ser humano en dolorosas impotencias. Por todo esto, al entrar en una bodega experimento siempie una impiesion extraña. Pero hace pocos días, al ser invitado por unos buenos amigos míos a la inauguración de unas escuelas de niños pobres, me sorprendió el local donde estaban instaladas. N o era construcción hecha de intento, sino un edificio glande y espacioso, remozado por discretas reformas, sas; cubrían las paredes carteles y mapas. La metamorfosis era completa, y ia grata sensación que siempre experimento al visitar una escuela subió de punto al pensar en los grandes beneficios que r e portaría el nuevo centro de enseñanza al barrio de obreros y pobres gentes cuyos hijos son analfabetos como aquellos. Y entonces pense en los gérmenes de vida intelectual que allí estaban laten es, en las ventajas indudables de los procedimientos educativos que desarrollarían los experto; maestros encargados de roturar aquellos cerebros infantiles o adultos. M e acorde también de la indudable decadencia de la industria vinícola a causa de implacables males que destruyen la vid, y por lo tanto de las infinitas bodegas antes repletas, hoy vacias y casi ruinosas, y no pude poi menos de preguntarme: ¿No seria tarea fácil ir c o i virtiendo los antiguos templos agrícolas en centros industriales y educadores? Si las revoluciones provocadas por los hombres han transformado antiguas i le-