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ABC. VIERNES i5 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 6 Esta práctica era tradicional en Norte América; esta ú otras parecidas costumbres constituyen también venerandas tradiciones en otros pueblos... Pee fue cazado con sus colegas y encerrado en una infecta zahúrda. Hacía en elW un calor insoportable; era angosta; al lado, en la pieza inmediata, una máquina de vapor, contribuía á hacer más irrespirable y caliginoso este ambiente. Pee y sus compañeros estuvieron libando toda la noche entre bascas, repulsiones y tártagos. Al día siguiente, cuando los electoleros vinieron para llevarse la tropa á los comicios, vieron que Poe estaba desfallecido, anonadado, pálido, casi yerto. -Este hombre se nos muere en el camino- -digeron. -Si, se nos muere. Y lo metieron en un coche y lo mandaron al hospital. Poe murió pocas horas después. Hoy- -dice un viajero- -desde su tumba, en el cementerio donde reposa, se ve la lejana fachada de una taberna en cuyo rótulo- -ironía de ironías- -se lee en enormes letras esta palabra suave y terrible: LIQUOR. Amigos á quienes amamos, deudos queridos de nosotros, viejos maestros que habéis encantado nuestra mocedad con vuestras obras, ¿por qué bajáis esta pendiente horrible en la que no podéis deteneros, y por qué nos hacéis experimentar una indecible angustia al sentir vuestras manos ya blandas en nuestras manos? AZORJN V 1 GO. EL CICLISTA NEGRO MR. QERMA 1 N, VENCEDOR EN LA GRAN CARRERA INTERNACIONAL Kot. D. M Alonso protectores generosos, sino infundiendo en los cerebros de chicos y grandes la noción del deber cívico y en todas las almas el santo anhelo del amor consciente y honrado. MANUEL DE TOLOSA LATOUR COSAS DE PALACIO p s antigua costumbre palaciega rodear del mayor misterio cuanto ocurre en la mansión augusta de los Reyes. A. los hechos más insignificantes se les da allí extraordinaria importancia; en cámaras y antecámaras se habla muy bajito; cualquier suceso, por sencillo que sea, se eleva á la categoría de secreto de Estado. jQue no se sepa, que no se diga, que no trascienda! Esta es la eterna consigna. Cae enfermo un individuo de la Real familia, sujeta como todos los mortales á las dolencias y sufrimientos inherentes á la condición humana; pues lo primero es ocultarlo, y cuando ésto no puede ser, decir que está mejor y mejor, hasta que L 1 QUOR 1 as pasadas elecciones nos han traído á la memoria el fin trágico de uno de los más grandes literatos contemporáneos. Unas elecciones fueron la causa mediata de la muerte de Edgardo Poe. Poe detestaba el alcohol. Y Poe bebía, bebía sin parar. Hay una misteriosa, una terrible pendiente por la que descendemos sin querer; tenemos conciencia clara de nuestro mal; quisiéramos escapar de él; sabemos que al final del declive nos espera la muerte. y, sin embargo, no podemos echarnos fuera de este camino miserable que recorremos. El hombre temperante- -escribía P o e- -lleva en sí, en toda circunstancia, la verdadera, la única condición de felicidad. Cada día- -agregaba tristemente- -me invade más mi mal; porque, ¿qué mal es comparable al del alcohol Y Poe bebía, bebía anastrado por una fuerza poderosa, insacudible y desconocida. Ya estaba muy enfermo: un día tuvo que ir desde Richmond á Nueva York. Poe se detuvo en Baltimore; reinaba una inusitada animación en la ciudad. El poeta entró en una taberna; allí estuvo bebiendo hasta media noche. Entre la turba de los bebedores desconocidos, entre el humazo denso del tabaco y el agrio vaho de las respiraciones, Poe apuraba copa tras copa. Cuando salió á la calle, el poeta ya había perdido la más remota noción de todo; marchaba al azar en compañía de una turba de bebedores; caminaba automáticamente, sin saber cómo, por callejas y plazas. De pronto, ante este tropel de sonámbulos aparece un grupo de hombres que lo antecoge como un rebaño y se lo lleva á empellones y puñetazos. Estos hombres misteriosos son unos electoreros; en Baltimore se celebran al día siguiente las elecciones, y estos hombres recogen por las calles I s patrullas de beodos, los encierran, tratan de mantener durante la noche con nuevas libanones su estado alcohólico, y los llevan al día guiente á votar de colegio en colegio. no hay más remedio que dar la triste noticia si la enfermedad no puede se -vencidaDe aquí lo que los cortesanos viejos llaman las tres emes en las enfermedades de príncipes y reyes: Malo, Mejor, Muerto. ¿Y si se trata de bodas y enlaces que son hoy asuntos de actualidad palpitante? De eso sí que no se puede decir nada hasta que se vaya á Atocha. Y es el caso que tantas precauciones son inútiles, porque así como en Palacio se sabe cuanto en Madrid pasa, fuera del Regio alcázar se sabe también todo lo que allí se tiene por secreto impenetrable. El difunto é ilustre Cánovas del Castillo decía que las dos personas de Madrid más enteradas de cuanto acontecía en la coronada villa, eran S. M la Reina Regente y D. Emilio Castelar. Y así era, en efecto. Las noticias llegaban con rapidez extraordinaria al Palacio de la plaza de Oriente y á la calle de Serrano. Hoy está pendiente la atención de dos. sucesos de importancia, el uno por su trascendencia, el otro por el general interés que inspira la principal interesada: la boda del Rey y la de la infanta María Teresa. Esta última está definitivamente acordada. S. A. (Dios la guarde y la bendiga) se casará con su primo el príncipe D Fernando de Baviera, y así sean tan felices como merecen y deseamos. Pues á pesar de que están hechos los preparativos indispensables para toda boda, se procura guardar el secreto: que no se sepa nada, como si esto fuera posible. De la boda del Rey no diremos nada concreto. jPero vaya si se sabe quién ha de ser la futura Reina de España! Pero que no se diga, que no se sepa; hay que guardar todavía el secreto, como se guardaba cuando D Alfonso XI 1 iba á Sevilla á ver á su prima doña Mercedes de Orleans y más tarde á Arcachón á ver á doña María Cristina. Guardemos, pues, el secreto y no seamos indiscretos. UN CHAMBELÁN BARCELONA. EL NEASKOS M 1 AOUL 1 S BUQUE- ESCUELA DE GUARDIAS MARINAS GRIEGOS LLEGADO Á AQUEL PUERTO Leneia i m