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A B C. MIÉRCOLES i3 DE SEPTIEMBRE DE 190 X PAG. 6 no le molesté; aáeniás, es a arde. En cambio, debe conocerse á qué grado de desorden hemos llegado en a Administración española, á ver si se puede poner remedio aún. Dispénseme si le molesto con esta lar- ga carta, pero deseaba que usted supiera por qué. causa no puedo darle un abrazo ni asistir el día 1 7 á ese importante Congreso, donde nos enseñarán unos cuantos hombres de bien á proteger y amar á la infancia. donde dominan las Dueñas costumbres políticas. Sólo dos hombres de significación en los partidos, los señores Maura y Dato, han emprendido un largo viaje con el único y exclusivo objeto de emitir su voto. Él Sr. Canalejas, abandonando su propia comodidad ha consagrado el verano á la lucha electoral. El Sr. Moret, alterando sus costumbres, no ha salido de Madrid más que para ir á pronunciar su notable discurso de Zaragoza. naDer esas correctas costumbres políticas que caracterizan á los pueblos donde es una verdad el régimen parlamentario. linos cuantos bullangueros, unos infelices que sacan la tripa de mal año atracándose de bistecs y de ríñones salteados, son los que toman parte más activa en las elecciones de Madrid. ¿Y el señor duque? -Está en Biarrítz. ¿Y el banquero X? -En París. ¿Y los señores magistrados? -Esos hasta que se verifique la apertura de los Tribunales no vuelven. -Y ustedes, ¿van á votar? ¿Para qué? Como ni los señores ni los jefes han venido, no tenemos para qué molestarnos. Y luego, cuando se publican los escrutinios y se aprecia la escasa diferencia de votos que han obtenido republicanos y monárquicos, las gentes de las clases acó modadas se indignan. ¿Ha visto usted, condesa, qué poco ha faltado para que los republicanos nos ganaran por completo las elecciones en Madrid? -Ya, ya. Eso es un escándalo. ¿Y el conde? -En el Tiro de Pichón debe estar. Siempre va detrás del Rey. Siente por él entusiasmo. ¿Y vota? ¿Qué es eso de votar? Yo creo que no es cosa de gente fina. Esto se hace, esto se dice y así anda ello. UN M A D R I L E Ñ O ECOS DEL MUNDO A 1 A J E D E NOVIOS, E n los ú l t i m o s BARATO días del pasado mes de Agosto presentáronse en un hotel de Estrasburgo dos recién casados que venían de Koenigsberg. Como su aspecto eva el de personas distinguidas, fueron bien recibidos y alojados en el mejor cuarto de la fonda. El marido declaró llamarse Comensky, y anunció que permanecerían cerca de un mes en Estrasburgo. Durante la primera semana, todo marci. ó bien. Los dos palomos se quedaban encerrados en su cuarto y no abrían hasta las horas de las comidas. Ni el eclipse les hizo salir á la calle; es más, ni se asomaron á la. ventana ese día. El gasto subía rápidamente. El hostelero algo preocupado, quiso enterarse de si la bolsa de sus huéspedes estaba en relación con su apetito, y sobre todo con su sed. Consumían cantidades importantes de líquidos variados. Vino una mañana al cuarto; llamó discreta mente. La puerta se abrió. Comensky lo recibió con gran urbanidad; adelantó una silla, y mientras su mujer entretenía al dueño de la fonda, fue á buscar en el tocador una toalla. Luego se acercó muy des pació, y cuando el hostelero se inclinaba para examinar unas fotografías, más rápido que el pensamiento, la toalla de Comensky rodeó el cuello del infeliz fondista, un pañuelo penetró en su boca y una cuerda sólida lo convirtió instantáneamente en algo así como un salchichón. ¿Dónde lo metemos ahora? -preguntó la mujer, luego de terminar el último nudo FRANCIA. EL MINISTRO DE LA GUERRA M. BERTEAUX CONVERSANDO CON LOS GENERALES DIRECTORES DE LAS MANIOBRAS MILITARES DEL OESTE Fot. Cliusbeau laviens Ya sabe usted cuánto la ama, siquiera no pueda protegerla como fuera de desear, su siempre amigo y compatriota, que le estrecha las manos, MANUEL DE T O L O S A LATOUR INDIFERENCIA u e n t a n las crónicas de Inglaterra que aquella hermosa duquesa de Devonshire que fue poetisa que escribía inspirados versos en tres idiomas, besaba con sus patricios labios á los carniceros deLondres que votaban á favor de M r Fox. Esto es llevar demasiado lejos el entusiasmo electoral; pero de esto á la indiferencia que se observó en Madrid el domingo pasado, hay un término medio que es el que deben ofrecer los pueblos Pero éstas han sido las excepciones dignas de aplauso; los demás políticos que figuran en el censo electoral de Madrid no se han molestado en venir á usar de su derecho, y en San Sebastián han permanecido ministro de jornada, jefes de Palacio, ayudantes de S. M como si lo que en la capital pasaba no tuviera nada absolutamente que ver con la Monarquía. Y si esto hacen los que están más interesados en el triunfo de las candidaturas, ¿qué han de hacer los demás? De seguro que de las listas de Grandes de España, títulos de Castilla, caballeros Grandes crucesj gentiles- hombres y personajes que figuran en la Guía oficial, sólo una parte muy insignificante acudió el domingo á los colegios electorales. Con esta conducta no hay ni puede I i m i r ¡l