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A B C LUNES 11 DE SEPTIE- MBRE DE i 9 o5. PAG. 5 1 TEATRO. CAPÍTULO XJII. y, aunque dura muefto y ocasiona grandes f EN VÍSPERAS. molestias, pasa y acaba sin producir Veinte veces líe comenzado á planear este capítulo y el siguiente. y otras tantas he roto la primera cuartilla. No sé cómo relatar los acontecimientos, porque á ellos va ligado íntimamcatz un do or intenso que me destrozó e! ul; r ¡a, y estos dramas del hogar, estos pesares íntimos, hondos, terribles, que perduran á través de toda Ja existencia, deben ser guardados en el santuario del corazón, porque al salir á la venida! Y firmaba... uno que veía en peligro la nómina y acudía á mí como recurso para la prolongación de la temporada. No necesito jurar que pasé intranquilo, nervioso, febril toda aquella noche. ¿Qué habría pasado para que nuestro pian, empezado á desarrollar con tan grandes fatigas, se viniera abajo áz pronto? Nc lo sabía ni podía saberlo, pero veía claramente la situación peligrosa y difícil. Olvidándome de todos los demás, me consideraba vencido y humillado yo sólo, trastornos de mayor cuantía. Pero en algunos casos, pocos por suerte de la humanidad, adquiere sin causa conocida una gravedad extraordinaria: inficiona la sangre, daña los pulmones, ataca a! corazón y lo destruye iodo en pocos días. La ciencia desconoce en absoluto la naturaleza del mal y no dispone, por le tanto, de otros medios de combate que los paliativos del cambio de clima y el alejamiento del foco de infección. -ÍAST 1 Á. N. S. M. ti. KhY ADJUDICANDO LA COPA DEL CAMPEONATO DE ESPAÑA EN EL CONCURSO DE ÍLAWN TENNIS Á MR. ESCOMBE, QUE RESULTÓ PREMIADO luz, más que la compasión excitan la burla, y el sentimiento verdadero, al airearse, corre peligro de convertirse en sensiblería ridicula. Pero ello es pi eciso, y lo contaré con toda la concisión posible. Cinco hijos de mi alma hubieran podido presenciar conmigo el estreno de Doloretes. A la vigésima representación ya no habrían podido acompañarme más que cuatro, porque á uno de ellos, amado como los otros ó más tal vez, y sacrificado sin embargo en holocausto á una idea, se lo habían llevado allá lejos, á la región de donde no se vuelve nunca, cubierto de flores y bañado en mis lágrimas de dolor, de rabia, de arrepentimiento. No sabéis qué quiere decir eso del. sacrificio, ¿verdad? Pues oidme. JV S i hijo mayor fue atacado de la coqueluche ó tos ferina, á los diez años de edad, en los últimos días de junio. La dolencia no infunde temor porque reviste generalmente la forma benigna Para aminorar el primer ímpetu y evitar, si era posible, el contagio, huí con el enfermo, sin rumbo fijo, hacíalas provincias del Norte. Aquí no hacía faita. Dábanse los ensayos generales de Doloretes, iban de vencida los del Género ínfimo y empezaban los de Los niños llorones. La batalla iba á darse, pues, en condiciones excelentes, el triunfo era casi seguro y... mi presencia inútil. Por otra parte, los efectos de mi determinación fueron asombrosos. La enfermedad, entre ei aire puro del mar y de los montes, perdía intensidad á ojos vistas, y las noticias que recibía de Madrid eran buenas. No había novedad en mis otros chiquillos... y por lo visto se había logrado á tiempo evitar el contagio. Considerábame, pues, feliz, cuando á Jas pocas horas de llegar á Bilbao (cinco días después de mi salida de la corte) recibí un telefonema que decía sobre poco más ó menos: Estreno suspendido. Cierre teatro anunciado fin lunio. liras Fiscowich triunfante, nuestro archivo deshecho, la soñada libertad de los autores imposible, la propiedad literaria teatral en manos de los intermediarios para siempre, y nuestro ímprobo trabajo de dos años, baldío é inútil. ¿Qué hacer para buscar el remedio? Sólo una cosa, puesto que faltaban cuarenta y ocho horas no más para que Apolo cerrara sus puertas: volver á Madrid inmediatamente. Pero conmigo volvía la posibilidad del temido contagio y, aunque más remota, la de la enfermedad maligna que mata irremisiblemente... ¡Bien sabe Dios que en aquellas horribles horas le pedí con toda mi alma que me inspirase lo que debía hacer! Y Is inspiración vino entre la calentura á decirme: ¡Marcha! ¿Por qué te has de poner en lo peor? No te ocurrirá nada malo. Cuando se tiene una idea noble se la sirve sin vacilaciones, sin dudas, saltando por todo... Y tomé e ¡tren v vine.