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A B C DOMINGO 10 DE SEPTIEMBRE DE Durante los desórdenes de Kobe, la muchedumbre derribó la estatua de Ito, arrastrándola. os La revolución nipona 9, vista por Las ru 3 s. San Petersburgo, 10 m. manifestaciones revolucionarias de Tokio producen alguna inquietud en Rusia. Sin embargo, el Gobierno cree que la paz está firmada con el asentimiento del Mikado, y el Japón no puede desdecirse. Si los japoneses quisieran proseguir la guerra, no dejaría de dar gusto al partido militar ruso, y no falta quien sostenga que el mismo Zar lo vería sin disgusto. r IQO 5. PAG. n a estatua Ito. L Londres, de 9, 9 m. madores por el procedimiento del entierro, que venía funcionando en Madrid. Puesto de acuerdo con el confidente, que servía de escribiente á los timadores, sorprendió anoche en el café del Callao á Ángel M e néndez, carbonero de la cuesta de Santo Domingo, y al alemán Luis Kandler, que era el director del negocio, del cual hacía víctimas á sus compatriotas. Se les ocuparon cartas y circulares en alenaán y español. Menéndez, al ser detenido, pudo destruir varios documentos que llevaba consigo. detenidos. D os En el sitio conocido por las MajadiJias, del pueblo de Robregordo, ha detenido la Guardia civil á Simón Ángulo Martínez, por rapto de Victorina Martínez Utrilla y á ésta por hurto á su padre de i.5oo pesetas. Los dos detenidos han sido puestos á disposición del juez municipal de Robregordo. civil de El Molar ha detenido por riña y lesiones á dos sujetos llamados, Ángel del Río Sánchez y Nicolás Jiménez Muñoz. El primero resultó herido ne la cabeza á consecuencia de un palo que le dio el segundo. tro herido. En la calle de López de Hoyos riñeron ayer Mauricio López y Francisco García del Osío, resultando el primero con una herida en la sien izquierda, calificada de pronóstico reservado. Se la produjo García del Osío, que, al verse acometido por su contrario, navaja en mano, le disparó su revólver. El herido fue conducido al hospital de la Princesa, y el agresor al Juzgado de guardia. Talaveva, que se trasladó anteayer de la calle de Fuencarral á la travesía de las Pozas, la robaron en la mudanza una bolsa de viaje que contenía un resguardo del Banco de España por valor ie 13.700 pesetas, 35o pesetas en billetes, cubiertos de plata y otras alhajas. Sospecha que sea el autor el carpintero de la Empresa de los carros encargada del tras- lado de los muebles. ü xpendedora de monedas falsas. Ayer se presentó Francisca Sánchez Cabrero en la expendeduría de pan de la calle de la Luna, 14, proponiendo le cambiaran 18 monedas de dos pesetas por calderilla. Como las monedas resultaran todas falsas, fue ¡levada al Juzgado de guardia, en unión de un sujeto que vive en su compañía, llamado Pascual Damojadrón, que fu ¿quien le dio las monedas. R obo de importancia. Fernández A doña Tomasa do en Madrid 1.098 defunciones. El distrito en que mayor fue la mortalidad es el de la Inclusa, con J 74; siguió el déla Latina, con 134; y luego los de la Universidad, con 124; Chamberí, 120; Congreso, 91; Buenavista, 84; Centro, 82, y Hospicio, yo. NOTICIAS Y SUCESOS stadística demográfica. E En el mes de Agosto último han ocurri- U n herido. La guardia AL CERRAR LA V DE LA CORTE SAN SEBASTIÁN, JO, T O U n premio. El Ayuntamiento ha concedido 5oo pe- setas de premio para los juegos florales que se celebrarán con ocasión de la venida á Madrid de M r Loubet. Cociedad de estafadores. D Antonio Pérez, jefe de Vigilancia de la estación del Norte, ha realizado un excelente servicio descubriendo una Sociedad de ti- i ranquilidad. El día de hoy ha amanecido espléndido, aprovechando la gente el buen tiempo para pasear. Hasta ahora reina completa tranquilidad en los colegios electorales. El aspecto de la población es el habitual de los d. as de fiesta, sin que ningún síntoma exterior revele que se están celebrando las elecciones. 7 2- BIBLIOTECA DE A B C LA BARAJA SIMBÓLICA 6 í) -Entonces ya caíalo; Mirian es hija de usted seguramente. -Nada de eso. No es hija mía, y su familia es tan decente y tan honrada como lo puede ser cualquiera. ¿Quiere usted saber algo más? -No, señor. -Pues ahora es preciso que me prometa usted que se casará con Mirian si gana esta nueva partida. Todo aquello me parecía tan raro y tan extravagante, que preferí no decir una palabra, pues no sabía á qué atribuir su pretensión. El parecía como aferrado á una idea fija, y la más pequeña contradicción le hubiera irritado y puesto fuera de sí. Al fin y al cabo, pensaba yo, la cosa no puede tener gran importancia, y en vista de ello le di la anhelada promesa, con el firmísimo propósito de hacer después ¡o que me pareciera más conveniente. Me estrechó la mano y se puso á barajar las cartas para ponernos á jugar de nuevo. Antes de empezar, se tragó otras dos pildoritas grises. Comenzamos la partida, que fue tan breve como Tas aníerio res, y tambié- i, como en las otias, resulté ganancioso. -Está visto- -exclamó; -el destino se ha declarado á favot suyo y ya es usted mi heredero, y además es e! hombre á quien ando buscando desde hace mucho tiempo. 1 Yo no sabía adonde iba á parar. -Es usted sencillo, afable, valiente y honrado; su complexión es robusta y se ve que, tanto en lo físico como en lo moral, la naturaleza le ha sonreído siempre. Ahora voy á pedirle á usted un favor. -Todos los que usted quiera. -Va usted á prestarme su caballo y unas cuantas monedas, con objeto de ponerme en camino para ir á buscar á Mirian y para traerle los diamantes. -Eí caballo está á su disposición, disponga de él como si fuese de su propiedad; es más, si lo quiere, se lo regalo, y en cuanto al dinero, puede coger lo que guste, que también se lo cedo de buen grado. El forastero se limitó á tomar treinta dollars, que guardó en la bolsíta de cuero. -Es usted un buen muchacho- -replicó- -y prefiero sjue sea usted el que gane mi dinero y no que se lo lleve cualquiera de esos canallas avariciosos que andan por ahí. -No me agrada mucho adquirir el dinero de esta manera; estoy acostumbrado á ganarlo con mi trabajo y no me luce de otro modo. ¿Es que desprecia usted mi dinero? -Nada de eso; pero comprendo que no debe ser mí Enciendo esto, cogí las dos monedas de la primera jugada y traté de alejarme. -Quédese usted- -exclamó el forastero con imperioso ademán. El dinero me lo ha ganado usted legalmente y no queda más que un camino para que pueda volver á mi poder, que es el de seguir jugando. Mi bolsa está vacía, pero me queda el caballo que acabo de comprar y lo juego contra ciento setenta doilars. Quise contradecirle, pero noté que se hallaba como embria- JVü bolsa t í Yací pero me aueda el caballo...