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A B C DOMINGO 10 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 5 te pierde; y Spencer declara en ios Primeros Principios- -ya á la hora presente tan anticuados- -que si pudiera suponerse que la materia es capaz de devenir no existente, sería ne; esario confesar que la ciencia y la filosofía son imposibles... Y no lo son. Tras los primeros descubrimientos de las propiedades del uranio y del radio, Le Bon se aplicó pacientemente á descubrir las mismas propiedades en los demás cuerpos; sus esfuerzos han sido coronados por e! éxito. Todos los cuerpos son radioactivos; tante, esta eterna y lentísima destrucción es! o que llamamos ahora nosotros la radioactividad. Todo se crea- -dice Le Bon- -y todo se pierde. Mas que el espanto se aleje de nuestro ánimo ante esta continuada destrucción de una materia que creíamos eterna. La destrucción- -escribe nuestro autor- -es tan ¡lenta que ella no es perceptible por los medios de observación antiguamente empleados Y á continuación añade que el interés práctico dí la doctrina sólo aparecerá cuando se encuentre un medio de provocar fácil y rápidamente una tro veces y un cuarto la circunferencia de la tierra. Esta es la gran fuerza del porvenir; cuando se encuentre un medio de disociar rápidamente la materia, nuestcas actuales minas de hulla serán inútiles. El uranio y el radio nos hza hecho entrever una perspectiva maravillosa. No dudemos; Wolta con sus infantiles experimentos en el campo de la electricidad acaso co lumbraba la obra gigantesca que nosotros estamos realizando. AZORÍN MADRID. TEATRO CÓMICO. UNA ESCENA DE LA ZARZUELA EL ARTE DE SER BONITA DE LOS SRES. PASO Y JIMÉNEZ MÚSICA DE LOS MAESTROS JIMÉNEZ Y VIVES s decir, la materia de todos ¡os cuerpos se descompone en energía. Y esta radioactividad no es una fuerza que ha llegado de fuera á la materia, que la materia ha almacenado y que va irradiando poco á poco (tal como hasta hace dos años y aun hoy mismo creen eminentes físicos) esta radioactividad es fuerza que en sí tiene el mismo átomo; es decir, es la energía simplemente, puesto que la materia- -dice Le Bon, y aquí está la originalidad de su libro; -puesto que la materia no es más que una modalidad de la energía. ¿Se empieza á comprender la revolución enorme que estas investigaciones del sabio francés van á causar en el campo de la especulación tradicional? Ya no existe la secular dualidad entre energía y materia; no existe otra cosa que energía. Desde infinitos tiempos pretéritos el éter ha ido condensándose, reduciéndose lentamente; así han nacido los mundos; de este modo han sido creados los átomos. Pero la materia que forma ¡os mundos y los átomos, pasado este momento de condensación, va disociándose con la misma lentitud, va destruyéndose, va pasado de ¡o ponderable á lo imponderable, va volviendo, en suma, otra vez a! ét ¿r. Y esta transformac -onS disociación, una desmaterialización de los cuerpos. Entonces una fuerza enorme, estupenda, habrá aparecido sobre ia tierra... ¿Cuáles serán las causas de que se realice este milagro? Nuestra imaginación asocia hoy inevitablemente la potencia mecánica á las dimensiones de los aparatos productores: una gran fuerza ha de provenir de una máquina enorme. Y esto es un prejuicio. Una de las más elementales fórmulas de la dinámica nos enseña que se puede acrecer á voluntad la energía de un cuerpo de tamaño constante, aumentando sencillamente su velocidad. Es, por tanto, posible concebir una máquina teórica formada de una cabeza de alfiler girando dentro del hueco de un botón, y que posea, gracias á su fuerza giratoria, una fuerza igual á la de millares de locomotoras. Y Le Bon, tomando por base el dato de que las partículas que irradia la materia están dotadas de una velocidad que iguala al tercio de la de la luz, llega á calcular con números exactos que la disociación de un grano de materia del tamaño de un céntimo produciría una fuerza bastante para arrastrar un tren de mercancías sobre una ruta horizontal de una longitud igual á un DOCO más de cua- LA PRINCESA DE BATTENBERG p concurso abierto por A B C para que sus lectoras designasen á la futura reina de España entre las princesas de Europa que reúnan más condiciones para compartir el trono con D Alfonso X I ha dado la mayoría de sus sufragios á la encantadora sobrina deJ rey de Inglaterra que lleva el nombre de Victoria por su abuela la inolvidable Reina, el de Eugenia por su madrina la que fue Emperatriz de los franceses, y los de Julia y Eva. ¿Habrá en esta designación de nuestras lectoras algo de profético? No hace muchos días, cuando estaba abierto nuestro concurso, el corresponsal de 1, Edair, en Madrid, que suele estar bien enterado de lo que ocurre en España, decía que la princesa de Bs íenberg sería nuestra Reina. Su belleza es digna de una corona, sus