Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C SÁBADO 9 DE SEPTIEMBRE DE oo5. PAG. 9 que algunas balas hablan rebotado en la f. chada de la casa. Un jefe de artillería que casualmente pasaba por la Carrera manifestó ante el coronel Elias, que había acudido al sitio de las ocurrencias desde los primeros momentos; que ¿1 vio á la persona que hizo el primer disparo. Era un individuo que, vestido de paisano, iba detrás del coche del Sr. Salmerón. Ebto mismo parece que manifestaron otros testigos presenciales de! suceso. Oalmerón en Gobernación. Al llegar el Sr. Salmerón s la Puerta del. Sol para entrar en el ministerio á ver al ministro, saludó á la gente que le aplaudió, y después de aconsejarla que tuviese calma, dijo: -Esto es una infamia que clama venganza y si es preciso se lavará con sangre. El ministro, á quien acompañaba el gobernador, recibió al Sr. Salmerón, que le relató lo ocurrido diciendo que los manifestantes daban ¡vivas! á la Patria y á él. -Y á la república- -interrumpió el gobernador. El Sr. Salmerón pareció asentir y agregó que la agresión había partido de la fuerza pública. Pidió, por último, el Si Salmerón el castigo de los culpables del atropello cometido. El ministro dijo que depuraría las responsabilidades, y si resultaba culpable alguno de ios guardias, se le impondría severo castigo; pero que, según sus noticias, los primeros disparos partieron de la gente que escoltaba al Sr. Salmerón. Agregó que el asunto pasará ai Juzgado de guardia y que se indagará, por el recuento de los cartuchos que tengan ios guardias, si los disparos que éstos hicieron fueron tantos como dicen los republicanos. El Sr. Salmerón salió de! ministerio y habló con los manifestantes que le esperaban, recomendándoles cordura y paciencia. En seguida montó en el coche y seditigió con rapidez por 1 la calle de Alcalá á su domicilio de 2 a calle de la Lealtad, siguiéndole algunos manifestantes á todo correr. La moyoi ía se dirigió por la Carrera de San Jerónimo hacia la casa de! señor Salmerón, formándose ante eila un nuevo y numeroso grupo, que no bajaría de 2.000 almas. ¡Pin casa de Salmerón. En la calle de la Lealtad había, cuando el Sr. Salmerón llegó á su casa, las parejas de patrulla de la Guardia civil, que trataron de despejar la calle, visto lo cual por el Sr. Salmerón, apostrofó á los guardias por su proceder y aconsejó á los manifestantes que se retiraran sin dar pretexto á nuevas violencias de la autoridad. í o que dice el gobernador. El gobernador civ) 3 d ¿cía anoche que no se había comprobado que en el coche de! señorSalmerón hubiera huellas de balazos y lo justificaba con el examen que en el vehículo hizo el concejal Sr. Cortinas, mientras D. Nicolás hablaba con el ministro. Dijo también que los guardias no tenían orden previa de cargar y menos de hacer fuego, y que si llegaron á este extremo seria porque se vieran agredidos por ia muchedumbre. Los manifestantes se retiraron pacíficamente, mientras los candidatos republicanos, acompañados de gran número de correligionarios, iban á protestar ante su jefe contra ios atropellos ocurridos en la Carrera de San Jerónimo. A las dos y medía la tranquilidad era completa en Madrid. í etalles varios. El ministro de la Gobernación conferenció esta madrugada con el coronel del cuer po de Seguridad y con e! gobernador. Han sido llamados a despacho del ministre MITIN REPUBLICANO n el Frontón Centra! Aun cuando estaba anunciada para las nueve no empezó la reunión hasta las diez menos cuarto. El Frontón estaba completamente ocupado, desde la cancha hasta el corredor exterior de arriba. Entre la concurrencia se notaba la presencia de muchas representantes del sexo femenino. Adosada á la pared de la cancha se había dispuesto una tribuna que, como las demás localidades, se había llenado desde primera hora. El público se aglomeró á las ocho y cuarto delante de las puertas del Frontón y como viera que tardaban en abrir, empujó las hojas, saltaron las cerraduras y la oleada de gente penetró á la desbandada en el Frontón. El calor que se notaba allí era extraordinario. Cuando los concurrentes al mitin empezaban á impacientarse, llegaron el Sr. Salmerón, acompañado de sus dos hijos y los Sres. Llano y Persi, Moróte, Dorado, Calzada (D. Carlos) Catalina, Rodríguez (D. Calixto) y otros. Una ovación estruendosa y ¡vivas! á la Unión republicana y á Salmerón resonaron a! entrar los candidatos republicanos. Estos tomaron asiento alrededor de la mesa colocada en el centro de la cancha. Hablaron los Sres. Llano y Persi, éste sin ser oído de la mayoría de los concurrentes; D Facundo Dorado, que hizo un discurso de tonos muy violentos, por lo cual fue muy aplaudido; Moróte, que habló en lenguaje bastante más templado, y Calzada, cuya oración vehemente y fogosa hizo que le llamara a! orden el delegado del gobernador Sr. Sánchez Vidal y que el público aplaudiera con arrebato y prorrumpiera en gritos de ¡viva la República Argentina! y otros tan expresivos como tse. Después hablaron D. Calixto Rodríguez y el Sr. Catalina, y en medio de una salva atronadora de aplausos y un coro de ¡vivas! se levantó á hablar el Sr. Salmerón. Los espectadores se descubrieron. Cuando se hubo restablecido el silencio pronunció un discurso el jefe de la Unión republicana, discurso de tonos templados en general, reposado, en el que hizo e! programa del partido para cuando llegue a! Poder. Afirmó, contestando á los que dicen que ia Unión republicana se había quebrantado, que Ja unión de ¡os republicanos es hoy más fuerte que nunca, y que nunca como ahora se había visto la dualidad entre ¡a monarquía y la república. Después de recomendar á todos que votaran la candidatura del partido, ¡es dijo que no votaran nombres, pues que éstos los tiene de sobra el republicanismo. ¡Votad una institución! concluyó. En la exposición del programa del partido, dijo que el ejército y la marina tendrán e! esplendor y el prestigio que les son necesarios. Terminó su discurso, varías veces interrumpido con nutridos aplausos, diciendo: Yo he venido de Barcelona para vencer el domingo, no he venido para asistir á la derroía del partido. Ha llegado la hora de que los republicanos áejemos de ser pusilánimes y humildes. Concluyó ofreciendo el sacrificio de su persona en holocausto de la idea, y se dio por terminado el acto. Eran las doce y cuarto. Un grupo muy nutrido de concurrentes aeompañó al Sr. Salmerón desde el momento de baiar de su sitia! y entre v ¡vasl, aplausos v E los acordes de la Marsellesa, cantada á coro, salieren del Frontón por la puerta que da á la plaza del Carmen. C n la calle. En la esquina de la calle de Tetuán y del Carmen montaron en un lando descubierto el Sr. Salmerón, el Sr. Rodríguez (D. Calixto) y dos de los hijos de aquél. En otro carruaje les seguían los Sres. Dorado, Catalina y Moróte. Ambos coches, que iban rodeados de un grupo que no bajaría de 1.000 republicanos, entraron en ¡a Puerta del Sol y siguieron por la Carrera de San Jerónimo. Los manifestantes aplaudían, cantaban la Marsellesa y daban ¡vivas! á Salmerón y á la unión republicana. Los coches marchaban despacio porque los grupos habían engrosado por los numerosos curiosos que había en la Puerta del Sol. T ¡ros. Confusión. Al llegar á la altura del Banco HispanoAmericano sonó un tiro y con corto intervalo se sucedieron cuatro ó cinco más. La confusión en este momento fue horrible. La gente emprendió la huida á la desbandada, refugiándose en las casas cuyas puertas hallaba abiertas. Los guardias cargaron sable en mano sobre ia multitud, y los coches que conducían al Sr. Salmerón y á los candidatos salieron al galope de los caballos en dirección al Congreso. Uno de los refugios de ¡a gente fue el portal del citado Banco, cerrado por una valla, que fue tumbada por la multitud, cayendo con ella muchos de los fugitivos. Otros invadieron la horchatería que hay pasadas las Cuairo Calles y subieron por la escalera interior en busca de refugio. Un curioso, ó manifestante, cojo, perdió las muletas al ser arrollado, y mientras se arrastraba por el suelo, otra persona que no necesitaba muletas para andar llevaba las de aquél. En medio de la confusión se oían gritos de protesta contra los guardias, que seguían repartiendo cintarazos. Los denuestos contra la fuerza pública eran de los más violentos. Entonces se vio volver al coche de! Sr. Salmerón. Se detuvo en ¡as Cuatro Calles ante un grupo de oficiales del Cuerpo de Seguridad, y el jefe del partido republicano les dirigió airadas frases de protesta contra los atropellos. Rodeado nuevamente el coche de manifestantes y curiosos, se dirigió a! ministerio de te Gobernación. i r s versiones. i La versión de! os republicanos es la s guíente: j A poco de entrar la manifestación en la Carrera, oyeron á los jefes de Seguridad dar ia voz de ¡carguen! Los guardias que había en la mencionada calle tenían unos el uniforme ordinario y otros el de rayadillo. Estos fueron los que primeramente cargaron sobre la multitud. El guardia núm. 538 hizo el primer disparo, al que siguieron otros. Una de las baias taladró la capota del coche del Sr. Salmerón. Según la versión de ¡as autoridades, al llegar los grupos al citado sitio, las fuerzas de Seguridad trataron de disolver la manifestación é impedir los gritos subversivos que los manifestantes daban. Desde un farol próximo al establecimiento de D. Venancio Vázquez, un muchacho disparó una pistola al aire. A este tiro siguieron otros, y entonces algunos guardias contestaron de igual forma. Los disparos no fueron más de ocho ó diez. ¡Las personas asomadas á los balcones del i Círculo Conservador protestaban á gritos, por-