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A B C SÁBADO 9 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 5 ó nos educan solamente para la vida del hogar, infundiéndonos ideas de arreglo y economía; pero sin ponernos en condiA pesar de ser el comercio una de las ciones de producir lo que se nos enseña mas propias ocupaciones de la mu- á ahorrar. Mientras que se cuida de dar jer, en nuestra patria no ha llegado á carrera, empleo ú oficio al hijo, se deja arraigarse todavía la costumbre de ver á la hija en condiciones tales, que sólo tras los mostradores de las tiendas el puede esperar la tranquilidad de su porlindo rostro de una dependiente pizpire- venir de un matrimonio problemático ó ta que nos alabe con brillantes paradojas de la caridad de sus parientes. las excelencias de los artículos que son En la mayoría de los países son más objeto de su tráfico. prácticos. En Francia, las hijas de obteSólo las que por circunstancias espe- ros acomodados y de burócratas de posiciales se ven obligadas á ponerse al fren- ción modesta buscan ocupación, entrando te de sus establecimientos, suelen inter- gran número de ellas de dependentes de venir en los trabajos del mostrador, ca i comercio. Según datos que tengo a la siempre valiéndose de auxiliares m sculi- vista, sólo en París hav mas de 8.000 rnu- LA MUJER EN EL COMERCIO en Austria los salarios son aún más mezquinos; en la primera son, por término medio, seis francos por semana, y las últimas, de j 5 a 60 céntimos diarios. Las que gozan de mas sueldo son las dependientes de los Estados Unidos, pero la relación es la misma, porque la vida es mucho mas cara que en Europa. Se ven allí multitud de mujeres viajantes de las principales casas de comercio. Las suecas tienen dotes excepcionales para dedicarse al cometcio y una gran inteligencia y afición á las empresas de importancia. Existen en Suecia más de 25 casas destinadas a la venta de alhajas, que dirigen y sirven mujeres. Los establecimientos de crédito, las mf M f -gc i t, MADRID. LLEGADA DE D NICOLÁS SALMERÓN EN LA MAÑANA DE AYER nos; muy pocas se dedican al escritorio, y menos aun hacen el comercio en gran escala. N o sucede lo mismo en el Extranjero: Francia, Inglaterra, los Estados noteamericanos, Alemania y hasta la península escandinava tienen mujeres que dirigen grandes casas de comercio, y una multitud de almacenes y tiendas están servidas por dependientes femeninos que seducen con su alegre charla al parroquiano, haciéndole olvidar que detras de su Jindo rostro se oculta el caduceo de Mercurio y la antipática faz del interés. Esta ausencia de comerciantes hembras en España, se debe indudablemente á nuestra educación. Nuestras madres nos dan la cultura necesaria para lucir habilidades con el obieto de encontrar marido. jeres dueñas de establecimientos mercantiles que se hallan al frente de ellos. El gran novelista Emilio Zola decía que la dependiente de comercio parisién podía clasificarse entre la obrera y la señora El trabajo de la mujer es en todas las esferas rudo y mal retribuido. La dependiente tiene once horas de trabajo, á excepción de los domingos y días festivos; pero Jos dueños pueden exigir horas extraordinarias en época de balance ó exposición; los sueldos, por lo general, son de 3oo á 1.200 pesetas; pero en muchos comercios llevan un pequeño tanto por ciento en las ventas que realizan. En Inglaterra, las dependientes de los almacenes, sólo después de tres años de continua práctica consiguen ganar 3o francos mensuales; en Alemania, en Italia y casas de banca, las compañías de seguros y otros muchos centros comerciales, emplean personal femenino. En Stokolmo hay una multitud de establecimientos muy florecientes fundados y sostenidos por damas; la primera empresa amuebladora fue creada por Sofía Gumelíus, y el 80 por 100 de sus empleados son mujeres. Como se ve, el comercio es una esfera de acción muy lucrativa para las mujeres de todos los países, y no tardará en serlo también en el nuestro, pues nos vemos más precisadas cada día á tomar parte en la penosa lucha que constituye ganar la subsistencia, dentro de las necesidades de la vida moderna. CARMEN DE BURGOS SEGUÍ