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A B C VIERNES 8 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 5 paradas con pretexto de la conservación de la riqueza, dejándolas yermas e improductivas. Y en cualquiera de estos cases, la po g a l o p o! ¿Llamáis bazofia á la gracia de bre gente que habita el chozo, ía casita Dios? Estas palabras del enfute- del monte, la barraca del llano, sufre los cido ego que aparece en Don Alvaro to r menros del hambre, aumentados por repartiendo la sopa á los pobre se oye el paludismo que les privó de energías. repetir á diano por muchas gentes que El mísero hormiguero humano huye á no reparten la menor migaja á los nece- ia desbandada, llega á la ciudad desoriensitados. tado y apocadísimo, y allí pide trabajo y ertáculo de la penuria ajena no lo encuentra, diciéndosele que s ga ade LA GRACIA DE DIOS humano. Es inexplicable la Monda, amarga y tristísima ternura que inunda nuestra alma cuando presenciamos el aleteo de una vida ante un poco de alimento. Las miradas húmedas de ansia de aquellos infelices ante e! pan, el mascar atrepellado de roedor insaciable de Jos pequeños, la alegría que iba dibujándose en las caras de los padres, gozosos al contemplar resuelto el pavoroso problema, siquiera momentáneamente, no son para descritas, es preciso verlas. HUELVA. LOS COMENSALbS DEL BANQUETE OFRECIDO AL PINTOR EUGENIO HERMOSO 1- ot I) Calle POR SUS ÉXITOS EN LAS EXPOSICIONES DE SAN SEBASTIÁN Y MADRID estimula los personales apetitos, y este fenómeno psicológico explica la famosa teoría egoísta de la caridad bien entendida jue oímos repetir todos los días por los espíritus sensatos y bien equilibrados ante las desdichas ajenas, al parecer irremediables. El problema social tiene una fase frecuentísima, que infunde espanto y desaliento en el ánimo más sereno. La miseria y el hambre en los obreros del campo. Al oír hablar de ello, nos acordamos del cuent rallo de los niños en el bosque, perdidos, que mueren abrazados, mientras los pájaros les cubren con un sudario de hojas secas... Pero el cuadro real es menos poético y más doloroso. Las tierras fecundas, labradas con tañía fatiga por el hombre, se agotan por la falta de lluvia, se inundan por el desbordamiento de los ríos, sufren plagas parasitarias, y lo que es más terrible todavía, son ruinmente aca- lante, que vuelva á su tierra ya inhospitalaria y cruel. Entonces emprenden su camino hacia los puertos, que ellos creen de salvación, se embarcan y emigran, soñando con otras tierras vírgenes, generosas, maternales... Yo he visto muchos cuadros tristes durante mi vida, pero ninguno tan conmovedor como el de una pobre familia, un matrimonio y tres chiquillos, que empapados de agua, tiritando de frío y de pavor, acababan de ver derrumbado un sombrajo en el cual se habían guarecido durante el verano, y acudían llorando pidiendo pan para sus hijos. Aquella buena gente se había alimentado de higos chumbos, recogiendo pinas en los pinares comunales, vendiendo los piñones tostados en la aldea, donde alguna que otra vez el varón lograba sacar una peonada de jornal. Asombra la mínima cantidad que es indispensable para sostener en pie un ser Y el que ve estas cosas con piedad y amor no las olvida, las recuerda en todo momento, en Jos días felices como en los tristes, preocupándose acerca de la suerte de tantos desventurados. Es de palpitante actualidad el problema. El viaje por diversas comarcas andaluzas de un ministro joven y animoso, ha despertado universa clamoreo de peticiones. En casos tales, todos piden á un tiempo. Cada uno cree que su necesidad es más urgente. Braceros y propietarios demuestran su malestar respectivo y creen de buena fe que de Madrid puede venir el pronto remedio con dinero que permita hacer muchas grandes cosas, las cuales no se pueden improvisar. Lo que se improvisa con rapidez es el socorro inmediato para el que tiene hambre. Tan imperiosa necesidad tiene que socorrerse; pero así como en el hecho citado se buscó inmediatamente trabajo á la pobre familia hambrienta, de igual