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ESPECÍFICOS OS C O N F I T E S SUN producen una deposición natural diaria sin dolor ni irritación. Pomo, una peseta. G- ayoso. Arenal, 2 y farmacias. Por mayor: Pérez Martin Velasoo. D A los cuatro y media: La favorita del rey. -La alegría de la huerta. -El húsar. SLAYA. -A LAS OCHO Y tres cuartos: El capote de paseo. -A las nueve y tres cuartos: El principe ruso. -A las diez y tres cuartos: Los granujas. -A las once y tres NA DOSIS DE ESTÓMA- cuartos: ¿La peseta enferma! A las cuatro y media: El go Artificial, tomada antes de comer, produce una per- rosario de coral. -Las estrellas fecta digestión. Caja, 7,50 y 4 El capote de paseo. pesetas farmacias y Arenal, 2. ÓMICO- -Á LAS OCHO Y ESPECTÁCULOS tres cuartos: El arfce de ser bonita. -A las nueve y tres A B D Í N DE LA BOSA. A POLO. -A LAS OCHO Y cuaitos: Bohemios. -A las diez Abundante y variado surrV media: El peiro chico. -y tres cuartos: La reina del tido en Palmeras completaA las nueve y media: La ale- couplet. -A las doce: El arte mente sanas y perfectas. Exgría de la h- uerta. -A las diez de ser bonita. y media: El alma del pueblo. -A las cuatro y media: La portación. Pídanse catálogos. Rodríguez Hermanos. J o r g e A las once y tres cuartos: El corrida de toros. -Bohemios. -Juan, 29 antiguo. Madrid. perro chico. La reina del couplet. E U A E I S H -A LAS CINCO de la tarde y nueve noche. Dos grandes y variadas funciones, tomando parte en ambas los principales artistas Litte Pich, Swengfort, troupe Tartakoff y toda la Compañía universal que dirige AVilliam Parish. LAZA DE TÓEOS- -A LAS cuatro. Corrida de novillos. Cuatro de Cámara y cuatro de Anastasio Martín, estoqueados por Manolete, Eelampaguito, Chiquito de Begoña y Moni. P GRAMÓFONOS POSTAM 5 S 110 D E L O S RAMÓFONOS. 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Vivíamos mi padre y yo en el estado de Arfcausas; el tráfico comercial hacíase en aquella ¿poca, á falta de ferrocarriles, por medio de vapores en las grandes vías fluviales del Misissip! el Arkausas y el Withe- Ríver. Los que teníamos que atravesar regiones apartadas de las vías citadas, nos servíamos de caballos y de acémilas. Dos años antes de que estallase la gran guerra civil norteamerica, hice yo una expedición comercial; no fu! afortunado en ella. De vuelta ya, dirigíame á un desembarcadero de vapores situado cerca de Helena, desde donde me proponía llegar á Menphis, navegando contra la corriente del Misissipí, para visitar luego San Luis y El Cairo. Todavía buscaba reparación para no hacer mi viaje en balde. En recorrer mi itinerario no se tardaba entonces menos de cuatro días. Las dos primeras noches habíalas yo pasado en cabanas de cazadores con poca ó ninguna comodidad. Durante mi tercera jornada, caballero en un i ocín de estampa no desagradable seguía yo un sendero que bordeaba un bosque virgen, de espléndida vegetación. JVtuy de tarde en tarde, á los lados del camino, veíase alguna pobre vwienda de colonos. Se acercaba! a hora solemne del crepúsculo vespertino, cuando descubrí una gianja rodeada de campos feracísimos, cultivados con esmero. Rodeaban al edificio principal algunas construcciones y dependencias de aspecto agradable, que invitaban á descansar. Dirigí mi caballo hacia la granja, y al ruido de los cascos del animal sóbrela senda, calieron á recibirme los colonos, que me acogieron con singular deferencia. Muy pronto reinó l.i confnnza entre la familia Ripley y yo. Los Ripley, que as! te apellidaban los generosos colonos, eran cuatro. Dirigí mi caballo hacia ¡a granja... El dueño de la hacienda, en la plenitud de la vida, su esaosa, mujer de extraordinaria hermosura y espiritual conversación, un niño de diez años, hijo de los coiones, y el padre de Ripley, un anciano de aspecto venerable y digno. Habitaba también en la granja un matrimonio de raza negra que tenía dos hijos; aunque estos infelices eran esclavos, por su actitud y por su semblante se conocía que estaban muy contentos de sus amos. Desde el momento en que entré en la morada de los colonos me llamó la atención que en lo alto de! a chimenea, y en sitio muy visible, había na baraja; las cartas, desplegadas en forma de abanico, estaban sobadísimas y á manera de broche el as de copas clavado en el muro sostenía los demás naipes.