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A B G. JUEVES 7 DE SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PÁG. 7 las monjas de San Calixto. ¡Pobrecitas... ¡Son tan buenas... Claro, como siempre las daba un billete de cien liras pa cera, pues naturalmente, no sabían dónde ponerme... Y me enseñaban el claustro, y la cripta, que es una preciosidad... Elias no sabían que yo era artista... ¡Cá! ¡Buen cuidado tenía yo de ocultarlo! ¡Pues ahí es nada si lo llegan á saber... Creían sin duda que yo era una señora piadosa que hacía viajes á Italia todos los años por gusto, como tanta gente... Un día me atieví y les dije que si podían hacer que yo oyera la misa que el Papa dice solo en presencia de muy pocos invitados... ¡A mí ni por casualidad se me hubiera ocurrido la idea de que el Santo Padre me recibiera en audiencia particular! ¡Pobre de mí... Pero las monjas lo entendieron de otro modo, y aunque decían que era muy difícil, me prometieron conseguirlo... Volví al convento unos días después, y entonces me anunciaron que habían conseguido una audiencia del Papa para mí... Salí de allí consternada y prometiéndome á mí misma no ir... Pero ¿qué quiere usted? Pudo más la curiosidad... ¡Qué sé yo... El caso es que fui... Aún me dura la impresión... Estaba atontada, sin saber qué decir... Recuerdo que entré en aquella gran sala, que vi la figura venerable del Santo Padre, y que su blancura me deslumhró, me cegó enteramente... ¡No hablé una palabra! Le escuché que me decía no sé qué frases que me pareció que descendían de los cielos... M e bendijo y salí de allí confusa, avergonzada, temiendo á cada instante que me descubrieran y quz todos aquellos guardias SAN SEBASTIAN 1. LA FIESTA NÁUTICA EN EL URUMEA. LA BATALLA DE SERPENTINAS Y CONFETTI nobles, aquellos cardenales, aquellos sacerdotes, me echaran gritándome: ¡Tú eres la Tortajada! ¡Tú! ¡tú! ¡Fuera de aquí! -Llegué á mi casa, me encerré en en mi habitación y estuve llorando mucho rato... i entras la Tortajada nos refiere esto con ingenuidad encantadora, su esposó está componiendo un potpourri de aires y canciones españolas que ha bautizado con el título de La Contrabandista para refrescar un poco el repertorio de la famosa artista. Hay en el poutpourri canciones tan nuevas como aquélla que reza: Con la navaja en la mano, por aquí no pasa naide, Y la Tortajada, enrayada por su marido, dice los versos con fiereza, con pasión, entusiasmándonos al oiría. -Ya ven ustedes- -nos dice el Tortajada. -Es una tonta... N o quiere trabajar en España, donde podría ganar tanto dinero... i- -4 2 A J Kotog s. Frcclerit SAN SEBASTIÁN. LA FIESTA NAUTJCA EN EL URUMEA. U S EMBARCACIONES D! RIGlÉ, N DOSE Á LOYOLA