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A B C MIÉRCOLES 6 DE SEPTIEMBRE DE 9o5. PAG. 5 CRÓNICA Tardes pasadas vi en una calle céntrica un doloroso espectáculo. Una pareja de Segundad detuvo á una jovencita porque dañaba con su presencia a moral pública. La joven lloraba y se rebelaba contra la detención; un corro de personas, poco caritativas, instigaba a los guardias, y algunas señoras elegantemente ataviadas, que pasaban por allí casualmente, dijeronDE LA N OTAS CALLE defensa en su extrema debilidad y en su inmenso infortunio; creí ver cómo iban arrancándose una á una de aquella alma virginal las creencias, purezas, energías, esperanzas y anhelos, llevándose jirones de conciencia, destrozando y macerando el espíritu sano y fuerte, quizá destruyendo con la brutal fuerza de las realidades los santos consejos de una madre... ¡Se habla tan cómodamente de la virtud en un hogar en que no falte lo necesano! en ocasiones, tejido de sacrificios, abdicación de deseos y hasta renuncia de derechos? ¿Qué extraño es que sean buenas las personas que tienen una vida feliz? La virtud de la mujer debiera considerarse como el valor de los militares: cuando éstos no han entrado en campaña, la hoja de servicios dice: Valor, se supone; si han peleado, dice: Valor acreditado. Mientras las mujeres, por dicha suya, PEÑA VIEJA. LA EXCURSIÓN REGIA A LOS PICOS DE EUROPA. ARCO DE MINERAL DE CALAMINA, DEDICADO A S. M POR LOS NIÑOS Y EJECUTADO POR LOS OBREROS DE LAS MINAS Fot. Muñoz de Bacila ¡Muy bien hecho! ¡Nada de blanduras! jEso es un espectáculo vergonzoso! Ciertamente vergonzoso; pero... la niña aquella tenía ¡a cara pálida y marchita, más bien pregonera de hambres y privaciones que de vicios y descaro; su cuerpecillo endeble, sus tristes ojos, los pliegues de su boca, denotaban profunda amargura, derrumbamiento de ideales, decaimiento moral; toda la enorme y oculta catástrofe que sufre un alma antes de plegar las alas. Quiza fuese ilusión mía, visión de mi espíritu, pronto siempre a cree! en desdichas más bien que en pecados... No sé; pero lo cierto es que aquel hecho vulgar me impresionó largo tiempo, y durante muchas horas creí asistir al doloroso calvario de una niña sin pan, sin luz, sin trabajo, sin abrigo, sin protección social ni amistades verdaderas, sin elementos de Por hilación de ideas, recordé entonces la frase de una niña chiquitína, amiguita mía; los niños tienen á veces palabras de asombrosa filosofía. El encantador bebé, del que me acordé, teñí cuatro años, y hacía dos que había nacido un hermanito para compartir con ella la adoración de sus padres. Con motivo de sus riñas infantiles, la nena cía decir irecuentemente: ¡Cede la muñeca al niño, tú que eres tan buena! ¡Da la mitad de esa rosquilla al herman co; las niñas han de ser bondadosas! ¿Verdad que la nena es muy buena y dejara un rato el aro al chiquitín? Y la chiquilla exclamó al fin un día: ¡Me canso de ser buena! ¿No es cierto, lectores, que encierran gran enseñanza las palabras de aquella pequeña, que adivinaba que la bondad es, no carezcan de nada en la vida, debemos suponer que son virtuosas; sólo las que sufren, sin retroceder ni vacilar, tienen derecho al título de virtud acreditada. ¿Por qué, pues, el encono que mostraba el público con aquella jovencita? ¿Por que no salió de ninguna boca una frase compasiva? ¿Quién es capaz de adivinar lo que antes habría sufrido? ¿Por qué olvidaton iodos que la doctrina de Cristo ordena siempre perdón e indulgencia? ¡Sólo Dios puede saber las angustias, doJores, lágrimas y pesares que habría soportado aquella pobre alma antes de doblegarse, diciendo con decaimiento supremo lo que dijo mi infantil amiguita: ¡Me canso de ser buena! MARÍA DE ATOCHA OSSORIO Y GALLARDO