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5 P E SEPTIEMBRE DE i 9 o5. PAG 6 r. t n -tfi JSBir, 3 SEBASTIAN. EL PRIMER PARTIDO DEL CONCUKbO 1 M fcKNAUONAL DE LAWN- TENN 1 S frot. Huieiu 1 jctivo y pieclaio o isejo de mim tioc vos con rendimiento n ¡humilde voz dirijo Señor, volved la vista, ni ad con ojos pio il mimstio de ¡Estado que esta sudando el quilo Sobre el peso el asunto de todos conocido el enojoso asunto del tratado suizo (Pasóse la cigaira los meses del estío tocando alegi emente un destemplado pito) Et todo este verano de aquí no se ha movido, si no es la otra mañana para ir en tren botijo a Siguenza y volverse después de anochecido Ya veis que esta sin fuerzas, trabajos excesivos le tienen agotado hiposo y amarillo Pronto vendrá Mellado, y nos traerá de FIJO pintones los lacimos iidduivS en la Higuera dest lan ya los higos su miel preciada y nca, se d c a n los membrillos Todo en el mundo pasa, ya Salomón lo dijo Todo es perecedero, funoible y fugitivo, Reflexionad en esto, señoi excelentísimo, cálmese el a rebato de vuestro u n o vivo, que ZJ siempre de almas nobles como la vuestia un signo el otoigar perdones a troyanos y a tinos Y mas que don Fe ipe padece sin delito LA RAMBLA DE LAS FLORES Docas vías públicas habrá, aun en las ciudades más bellas, que reúnan los encantos que el trozo de la Rambla de Barcelona que lleva el poético nombre de las Flores. Bajo los altos y frondosos árboles, los puestos resguardados por los enormes quitasoles de guarnición ondulante, y allí, artísticamente dispuestos, los ramo ya formados con exquisito gusto, los jarrones de que desbordan las hijas predilectas de aquellos jardines privilegiados de las costas de Levante, besadas por el sol y acariciadas por la brisa que ondula las aguas azuladas de su mar hermoso. Muchachas jóvenes, primorosamente ataviadas con mas limpieza que lujo, fiescás, lozanas y sonrientes, dominan en aquellos puestos entre las macetas con magnificas plantas de anchísimas hojas y la canastilla en que se agrupan los capullos de las rosas, las estrellas de los jazmines, los cogollitos de los nardos. Hay siempre allí aroma de violetas y perfumes deliciosos, encantos para la vista y para el olfato, recreos que llevan ai alma efluvios de primavera. Por aquel trozo de Rambla pasean con preferencia mujeres casi siempre hermosas y niños continuamente alegres y risueños. Allí va el enamorado á encargar el ramo para su amada y la joven á elegir las flores que han de adornar la v ¿n- un bello plan de estudios acabado y novísimo, y solo el catedrático, el civilista eximio Don Felipe, quedóse con el pie en el estribo. Piadoso don Eugenio acabe ya el castigo a que esta don Felipe sin duda sometido Pasóse la canícula, termina el rojo estío, se ven entre ¡os pámpano con humildad cristiana de vuecencia el desvio, tiempo es, pues don Eugenio de que os mostréis benigno y concedáis asueto a ese infeliz ministro Dejadle que se vaya, lo tiene merecido Cuando la Corte vuelva seria muy bien visto que salga don Felipe a darse un paseito, que juegue a! escondite como juegan los chicos y al fausto de la Corte le diga a voz en grito, jAnda, que no me encuentras! ¿Anda, que no me has visto! jAnda, que no me coges, que estoy muy escondido C. v G iiinimn n n ii; iinír ¡iu lllimi