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A B C LUNES 4 DE SEPTIEMBRE DE IQO 5. PAG. 6 insondable del seudónimo, y tenía secretamente con nosotros frecuentes conferencias para buscar algún arreglo. Claro está que éste, si llegara, habría de ser tanto más ventajoso para él cuanto mejores fuesen las posiciones que ocupara, y he ahí porqué la Contra- sociedad hacía, sin saberlo, armas contra sí misma. Arniches, López Siiva y yo, fuimos en comisión a visitar á D. Florencio en su nueva casa de la calle Ancha de San Bernardo, y á ofrecerle por su aichivo cada año durante diez, al cabo de los cuales nos cederá la propiedad en absoluto, y en cambio recibe íntegros los productos de los dos archivos musicales unidos. ¿Hace? ¡Qué había de hacer! Fiscowich no comprendió que la combinación le produciría en los diez años 2 millones de pesetas, de los cuales no tendría que entregar á la Sociedad mas que 65o.000, y por no detenerse á examinar el fondo de la proposición, contestó con una nmada que- -Porque esos ladrillos- -contestaba Arniches- -no eran de usted, sino de los autores, y en cuanto cada uno coja el suyo, se quedará usted con el solar limpio y lirondo. -Pero ¡si ni el solar respetan ustedes! -Porque necesitamos abrir en él un camino que creemos de utilidad pública. ¡Eso no podrá ser! El guarda, que representa la ley y mi derecho, les saldrá á ustedes al paso para impedir el despojo, y ¿qué harán ustedes? ¡Matar al guarda y seguir a leíante! Y por ahí continuó la conversación, acalorada y vehemente hasta terminar, calándonos los chapeos y requiriendo las espadas, y yéndose Fiscowich á tomar parte en las deliberaciones del Consejo de honor y de la Comisión ejecutiva, en las cuales tenía voz y voto según los Estatutos. pTntretanto, el sumario de la causa por estafa tocaba á su fin y faltaba sólo la declaración de Barreta para darle por concluso. Barrera andaba entonces por esos pueblos de Dios ganándose difícilmente la vida al frente de la orquesta de una compañía lírica trashumante, y aunque manteníamos con él frecuente correspondencia, encargándole cuanta música nos hacía falta, ni estaba al tanto de las obras que estrenaba, ni podía decir con seguridad sus títulos, que á lo mejor se cambiaban en los ensayos, ni a veces había un alma caritativa que le comunicase los éxitos. El hombre estaba, pues, en las peores condiciones del mundo para prestar declaración, cuando el Juzgado de Eeija, donde a la sazón vegetaba el coautor de La señora Capitara, recibió un exhorto del de Madrid para que practicase aquella diligencia. Y al mismo tiempo que a citación correspondiente llegaron á manos de Barrera dos avisos, al parecer míos, con el intervalo de dos horas de uno á otro, en que se le decía: Todo arreglado. Declare la verdad. Estamos de enhorabuena, y cosas por el estilo. Digo al parecer, porque lo chusco es que ni directa ni indirectamente me puse yo jamás al habla con Barrera respecto a semejante asunto. Lo cual demostrará que en aquella batalla, que había de ser decisiva, no sólo se peleaba á la luz de! sol, sino en las espesuras del bosque y en las profundidades de la mina. Barrera conservó la serenidad de juicio y el vigor de alma suficientes en momento tan peligroso, y pensando que, si todo estaba arreglado efectivamente, no tenía yo para qué hablarle de verdades ni de mentiras, declaró la verdad escueta, la misma verdad de siempre, y salió como pudo, pero con garbo, de aquel intrincado laberinto de seudónimos, estrenos y colaboraciones que apenas conocía. Despachado el exhorto, el juez de Buenavista envió la causa á la Audiencia, encontrando, sin duda, en ¡o actuado materia de delito, pero no calificándole de estafa, como Fiscowich quería, sino de defraudación de la propiedad intelectual, que no es lo mismo, ó no suena tan mal por lo menos. Entonces fue cuando la Junta directiva ü ¡1 LONDRES. EL N U E V O E D I F I C I O C O N S T R U I D O EN W H I T E H A L L to 1 PARA MINISTERIO DE LA GUERRA (wAR O F F I C E) lutin li So. ooo pesetas, pagaderas en diez años, con un interés del 10 por 100. Aceptó la proposición en principio (como se ve, la tasación iba bajando lenta, pero continuamente) y no cuajó la idea porque D. Florencio puso por condición que había de administrar él su archivo y el nuestro hasta el completo pago de la cantidad estipulada, cosa que rechazamos en redondo. Y fracasada esta tentativa, yo le expuse en los siguientes términos otro plan que llevábamos á prevención, porque planes no faltaban nunca: -Usted nos entrega ahora mismo 3o.000 duros de prima y 10.000 más era una oda, pensó que aquello de invitarle á que vendiera su archivo, dando dinero encima, era una burla sangrienta, y... no nos dio de coscorrones porque eramos tres contra uno y estábamos en su casa. La discusión, agriada por este incidente, tuvo que oir. Fiscowich es buen orador y muy aficionado á comparaciones y símiles; pero Arniches no le va en zaga en ambas cualidades, y los discursos fueron breves, pero sustanciosos. ¡Esto es intolerable! -decía D Florencio. -Yo he edificado una casa á costa de muchas fatigas, y ustedes, hoy un ladrillo, mañana otro, se me van llevando todas las paredes maestras. innm: imn iinnirii: i n: i ainníiiiu imMnn