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NUMERO i36. CRÓNJCA UNiVERSAL ILUSTRADA. propio país. Luego en la familia española hay partes con haberes sobrantes y sobrados para alcanzar á los menesterosos. Luego no existe tal pobreza en la tierra. Cuando en la casa hay días de hartura y días de ayuno, la casa está mal administrada, y los haberes están mal distribuidos. La mala distribución de la fortuna, la desigualdad social, no son males de España, sino de toda la humanidad. Su remedio será lento y no aparece todavía en las utopias presentes. Pero la buena administración ya es obra de la voluntad y hacedera en todas partes... menos en España. Y no sólo por culpas de los Gobiernos, sobre quienes cargamos las suyas y á veces las de los gobernados. Es verdad que los que llamamos nuestros políticos no se han enterado de que la política moderna es antes de intereses que de ideologías, y por ello es principalmente administración de lo que toca al bienestar de los ciudadanos. Y en España la administración es la caza de! impuesto: no se administra para el ciudadano de carne y hueso, sino para el ente imaginario del Estado: así el Estado mata á la nación; todo se codicia y se arrebata para él. Los consumos contribuyen al hambre. Ah, pero no se pueden suprimir... porque el Estado necesita ese ingreso. La importación libre ó fácil aliviaría las carestías: ¡ah! pero se necesita del ingreso de Aduanas; y el hambre, ¿no necesita nada? Por su parte los gobernados, no hacen por gobernarse á sí mismos cuando ven que no hay poh ticos que los gobiernen. Más aptos para el lamento ó la murmuración que para la acción y la enmienda, dicen del Gobierno, lo acusan de ineptitud, y luego lo esperan todo de él. Viene la sequía y todo lo esperan del Santo sacado en rogativa. ¡Siempre esperando! Sin considerar que los frutos de la tierra no esperan á ios decretos del Gobierno ni á los caprichos de las nubes. Se asocian los desventurados para pedir socorros ó lluvias. ¿Para cuándo se guardan las Asociaciones de regantes y las comunidades de Concejos que realicen por su cuenta obras de utilidad agrícola? Acaba esta censura con una alabanza. La merece el ministro de Agricultura por su informe, muy elogiado, y con justicia. Pero adviértase que más elogiado fue en su tiempo el Informe de Jovellanos sóbrela ley agraria, y todavía estamos como en los tiempos de Jovellanos. H e mos pasado casi siglo y medio quejándonos del mismo mal. EUGENIO SELLES 5 ¿MADRID, 3 DE SEPTIEMBRE DE i9o5. NUMERO SUELTO, 5 CÉNS. POLÍTICA Es un hecho de observación inmediata en nuestra época el crecimiento del interés de clase. Siempre hubo de sentirse éste con energía; mas en períodos en que lo emocional y el individualismo preponderaban, tenían cabida en el ánimo muchas causas debilitantes de ese interés. M u y significativo y convincente ejemplo de ello nos es dado por la clase militar. Sentían amor á su prestigio, al uniforme, á la bandera, á los compañeros, los individuos que p. aquélla formaban parte; pero, también lo sentían por tales ó cuales ideas políticas, por este ó aquel hombre público, por su rápido y personal encumbramiento, y este segundo afecto sobreponíase al primero y hacía viables y frecuentes ¡as conspiraciones cuarteleras, cuyas románticas reminiscencias están aún vivas en el ánimo de algunas gentes y en la memoria de los extranjeros, con merma de la seriedad nacional. Pero, desarrollóse fuertemente en ¡os últimos tiempos el espíritu de clase, quizá algo duro y despegado respecto de la restante masa social, pero robusto, y los pronunciamientos acabaron. El citado caso es más- perceptible por lo extenso y brillante de la clase; en otras se ha repetido y se repite; sólo que en aquélla ha traído innegables ventajas, mientras que en éstas presenta á veces graves inconvenientes. El particularismo, más intelectual que emocional, es la forma que el industrialismo ha revestido entre nosotros durante el período de la restauración y de la regencia. Así ha llenado pobremente el vacío que otras cosas muy altas y muy hondas dejaban. Cuando ha querido ser local, ha sido regional ista y casi separatista; cuando so cial, ha sido exclusivista cual mera expansión de! egoísmo. En tal malsanas condiciones, el interés de clase fabrica pronto una pétrea con cha, envuelto en la cual choca una y otra vez con el interés general seguro de horadar siempre. Las conveniencias superiores son más blandas, están más flojamente defendidas; de ahí, que para ellas, sea cada día más pernicioso el encuentro. La experiencia se verifica frecuentemente ante nuestros ojos. El lector podrá recordar ¡os casos por docenas. En la vida pública una colectividad, por modesta que sea, se atreve á luchar, movida por el exclusivismo, contra eJ Gobierno y confiado en que todos sus individuos formarán el cuadro para defenderse y en que los ministros retrocederán ante su actitud. Creciendo en vigor las conveniencias particulares y menguando en energías el L INTERÉS E 1 DE CLASE C L HAMBRE EN E s t a es aquella EL PARAÍSO Hispania celebrada en el mundo antiguo por su suelo fértil, su cielo claro, su clima suave, su raza fuerte é indomable. Aquella tierra de promisión, envidia y codicia de los puebios, colonizada por los fenicios, disputada por los cartagineses, apetecida por los romanos, guarida de los árabes, regada Con la sangre de mil generaciones que en ella dejaron la vida por su posesión. La de las vegas famosas, de las huertas feraces, de los olivares jugosos, de los célebres ganados merinos; a de las Castillas, llamadas granero de Europa; la de Andalucía, bodega del mundo. Aquel verjel, manto regio de la naturaleza, bordado con los matices de todas la flores, y compendio feliz de todas las floras, donde el pino del Norte se besa con la palmera africana, y Ja tosca encina se abraza con el pláiano indio. Y ahora resulta que ese paraíso es tierra maldita, yermo infecundo como el desierto africano, inhabitable como la estepa rusa. Y acontece que el suelo se seca de sed y la población se muere de hambre, y todo es calamidad, miseria, fatiga y aflicciones. Y la aflicción, la fatiga y el hambre son mayores y aprietan más cabalmente en aquella Bérica, alegre, risueña, admirada de los extraños, cantada por los poetas, defendida hasta el último suspiro por los árabes, como se defiende el tesoro más amado y el rincón más feliz del Edén. La novedad llega al asombro entre las gentes que creían en las historias, en las geografías, en los libros de viajes, en la fama universal de esas regiones dichosas. ¡Qué nuevo desencanto! ¿Es que ha sonado la hora final de todas nuestras leyendas? ¿Es que la leyenda de! suelo es otra mentira fraguaba por fa confabulación de historiadores y geógrafos? El campo que fue próvido con las razas forasteras ¿ha de ser pobre y avaro de sus frutos con la raz? española que lo posee? Cuando no se ven de cerca los semblantes escuálidos, las turbas famélicas, los niños pidiendo pan, los padres arrebatándolo donde lo encuentran, cuando se mira todo eso desde lejos, cuesta trabajo creer que ¡eg ones enteras padecen hambre, y viven, si es vivir, de la limosna del Esta 4o, que da jornales, ó de la limosna de los particulares, qué reparten socorros ó alojan á los hambrientos. Y entonces se reflexiona y se pregunta con lógica eicn p. tai: ¿Pero de dónde salen esas limosnas? Proceden del