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ABC. VJüRNES i. DE SEPTIEMBRE DE ioo5. FAÍA Ü dos ha puesto triunfadora la casta de los que dejan á los demás detrás de sí, mandándoles que se aparten á toque de bocina, abofeteándoles con su velocidad, cubriéndolos de polvo, sofocándoles con el olor de la gasolina, que ellos, los felices, ni siquiera perciben. Esa casta de poderosos, de veloces, que para diferenciarse más de los mortales humildes se cubren el rostro con una mascarilla y pasan incógnitos y tempestuosos como ¡os dioses que inspiraron á Wagner. Y sentándome en un ribazo de la carretera he pensado: ¿y dónde irán los tres viajeros del automóvil? ¿Por qué corren de esa suerte? ¿Qué placer les espera? ¿Que nueva emoción van á ganar? Probablemente ningún cuidado les lleva impacientes, ni ningún deseo les solicita presurosos. Van porque van, indiferentes de la llegada, sin nada útil que cumülir ni nada nuevo que 7O7 t? l vez vista una ventolera de polvo que se iba aplanando sobre e! suelo. ¿Por qué el rápido paso del automóvil me ha producido indignación? ¿Fue venganza del susto? ¿Fue ira por lo brutal de su marcha? ¿Fue que toda acción violenta despierta en nosotros de un modo reflejo ansias de violencia? ¿Diré que mi protesta muda obedecía al recuerdo de las desgracias que el automóvil ocasiona? No; ningún sentimiento altruista provocó en mí una honrada cólera. Levanté el puño contra aquella fuerza que me había azotado á su paso y huía; contra aquel poder abrumador que iba carretera adelante, salvando en minutos distancias que mis pasos de viandante sólo podían recorrer en mortales horas. Alcé mi puño contra el progreso de los hombres, pero contra el progreso egoísta, aislado, á los ricos, á los poderosos; contra ese progreso en la locomoción que sobre las carreteras construidas para to- al entregarse al vértigo de la velocidad, vayan, si acaso, huyendo de sí mismos. Sí; es su tedio el que les impulsa á tan espantosas velocidades, su hartazgo de placeres el que les arrastra al placer peligrosísimo de dominar al tiempo y al espacio; pero hay que bendecir su hastío caprichoso en lugar de indignarse como yo; pues el automóvil, que hoy sólo significa unas horas tobadas por un rico á su aburrimiento, será mañana perfeccionado y robustecido vehículo de la industria, agente del comercio, el carruaje de todos los humildes y de todos los trabajadores. Y entonces, cuando sea útil, cuando signifique algún provecho ó beneficio para la humanidad, lo abandonarán los poderosos, mas siempre será justo reconocer que ellos lo han creado. Sentado en el ribazo de la carretera, confieso y proclamo, en suma, que no hay nada más útil para la sociedad que ese tedio de los ricos, y bendigo á la Providencia que ha hecho nacer el hastío en el pecho de los poderosos para que lo paseen en automóvil. Mañana esas máquinas nerviosas y antojadizas habrán perdido su rapidez aterradora, ganando en musculatura lo que abandonen en fluido nervioso. Y en cuanto el peligro se aparte de ellas, los que hoy las guían y tripulan nos las cederán despreciativamente á nosotros. La fiebre automovilista remitirá apenas el automóvil comience á ser útil, y del capricho de unos pocos se habrá generado el bienestar y la cultura de muchos. Y mientras esto pienso avanza lentamente por la carretera un carro de míeses arrastrado por una hermosa pareja de bueyes. Canta el aldeano que le conduce, canta un zagal que viene echado sobre los haces. En estos lentos y pesados carros de rmeses, antiguos como el mundo, se canta siempre. JOSÉ DE ROURE CRÓNICA ALUSTRADA EXCURSIÓN A LOS Continuamos LA PICOS DE EUROPA en el presen- f í IÜ? LOS PICOS DE EUROPA. VISTA DE W CIMA DE ALTA 1 R, TOMADA DESDE LAS GRAMAS te número la información gráfica comenzada ayer sobre la excursión de Su Magestad el Rey á los Picos de Europa. En dicha información figura el suntuoso palacio del señor duque de Santo Mauro, en las Fraguas, muy parecido al de M i ramar, de San Sebastián. El Rey llegó á esta hermosa finca á las seis de la tarde del miércoles y pasó allí la noche, saliendo ayer mañana para Comillas, donde almorzó y continuó su viaje á Potes. Publicamos, además, tres vistas de aquel abrupto paisaje de la comarca libaniega, de tan grandioso é imponente aspecto, lina representa la cima del Alraíz, cubierta de nieve, vista tomada desde las Gramas, segunda mina de la Real Compañía Asturiana, que tiene un filón de quince metros de anchura y cincuenta de largo de muy rica calamina, y á un kilómetro del caserón preparado para el Rey. En la otra fotografía se ve la Peña muí