Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C VIERNES i. DE SEPTIEMBRE DE J 9 O5. PAG. 5 POSTALES EUROPEAS I J n generoso pensador acaba de darnos una idea. Cada cual da lo que tiene, aunque conozco á muchos que, en materia de regalos, prefieren ese: dar ideas. Es lo más económico y lo menos provechoso. Oid la idea (no importa que e acuerdo de la pez la haya hecho p; rder todo su dio de habitantes. Cada habitante gasta, por término medio, una peseta diaria en alimentarse. Pues bien; si todos los voraces habitantes del planeta quisieran ayunar sólo cuatro días, estaba el problema resuelto. Ese ayuno representaría seis mil millones; se darían cuatro mil ai Mikado y el pico de dos mil podría servirle al sultán de Marruecos para eso de las reformas. Y el generoso pensador, para darnos ánimos, agrega: La humanidad ayuna pongamos que hubieran llegado á reunirse seis pacifistas que, con el generoso pensador, quisieran sacrificar su apetito en obsequio á la idea, y que ésta no hubieva perdido su oportunidad. ¿Cuántas chuletas y huevos fritos tendrían que economizar para reunir los cuatro mil millones? He ahí un cálculo emocionante que puede hacer el generoso pensador si quiere que le sirva de algo su idea. Por ¡o menos se entretendrá. F MORA 1 J SANTANDER. LAS FRAGUAS. oí I I P LAC! O DEL SR. DUQUE DE SANTO MAURO, DONDE HA PERNOCTADO EL REY EN SU EXCURSIÓN Á LOS PICOS DE EUROPA interés de actualidad) Los rusos y los japoneses- -dice el filántropo pensador- -quieren terminar la guerra. La dificultad está en esos cuatro mil millones que el Mikado reclama. ¿Y por tan poca cosa va á seguir la guerra? ¿Por cuatro mil miserables millones va á continuar la terrible matanza de hombres? Verdaderamente, eso es atroz, lamentable, horrible... -Pero, en fin, ¿qué es lo que proponía el pensador? -van ustedes á pregunlar impacientes. -Con lamentaciones no se resuelve el asunto. ¿Iba á dar de su bolsillo los consabidos millones? ¿Sí, ó no? No; ese gesto no está al alcance de un pensador, aunque sea generoso. Lo que ofrecía el pensador era el medio de encontrarlos. ¿Cómo? Muy fácil. La población del planeta que habitamos se compone- -según el pensador- -de mil millones y me- por causas menos hermosas. Además, no es preciso que el ayuno que os propongo sea seguido. Conformes. Sólo que la humanidad ayuna casi siempre por fuerza; la mayor parte de esos pobres diablos que se pasan los días con el estómago vacío, no lo hacen por economía, y aun suponiendo que llegáramos á ponernos de acuerdo para ese universal y filantrópico ayuno, habría que rebajar muchos ceros de la cuenta del generoso pensador. Sin hablar de los socios del Club de los cien kilos, que ni á tiros entrarían en la combinación, habría que descontar á los salvajes; los negros, que almuerzan bifteacks de explorador y cenan ríñones de misionero, no economizaría la peseta el día que no se desayunasen; además, los japoneses no aceptarían que les pagaran con su misma moneda. En fin, poniéndonos en lo mejor, su- HORAS DE ESTÍO on el fragor y la violencia de una nube tempestuosa, ha pasado por la carretera, abofeteándome su velocidad, un automóvil dentro de un remolino de polvo. Apenas si éntrela opacidad de éste he podido divisar tres cuerpos humanos, dos de varón y uno de mujer, envueltos todos en apretadas telas y sin conservar ni en hombros ni en cabezas vestigios casi de la figura humana. Una impresión de susto, un asordamiento por la trepidación y el ronco son de la bocina, después la sensación de sentirme arrastado á pesar mío, luego mis ojos llenos de polvo, mi olfato repeliendo acres olores... y el automóvil estaba ya lejos. Y he alzado el puño con indignación, amenazando al monstruo, que desaparecía carretera adelante y que era ya para mi