Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B G. JUEVES 31 DE AGOSTO DE i 9 o5. PAG. 6 ECOS DEL I í NA MODA Los sombreros de madera N U E V A están de moda ahora en Londres. Es esta una de las consecuencias de! a alianza anglo- japonesa, pues esos sombreros vienen de Tokio. Los japoneses han fabricado siempre sombreros de madera. Con unos cuchillos especiales cortaban hojas delgadas en toda clase de maderas, pinos, guindos, sauces, álamos, y con las láminas muy flexibles, producidas de ese modo, confeccionaban sombreros muy resistentes y que coloreaban caprichosamente. Esta fabricación primitiva ha durado siglos y siglos, y su objeto era exclusivamente el consumo del país. Pero desde hace algunos años ya no es con un cuchillo, sino con una máquina inventada por un ingeniero japonés, con lo que se fabrica ia paja artificial, la paja de. madera que está destinada á servir de sombrero. Esta máquina convierte el árbol en leñas, las leñas en planchas y las planchas en acepilladuras flexibles y delgadas, que se blanquean y se pegan para convertirlas en tirillas para sombreros. Este trabajo se hace bien y pronto, hasta el punto de que en 1304 fabricaton los japoneses muy cerca de cuatro millones de paquetes con catorce metros de tiras cada uno. Al sobrar mercancía han empezado á expor tar, principalmente á Inglaterra y á Francia. Como los nipones son prácticos y progresivos, no se han parado á la mitad del camino: han perfeccionado su fabricación. Ahora transforman la madera en pasta de celulosa que hacen pasar bajo presión á través de los agujeros de una hilera. De ella sale la pasta bajo! a forma de tubos llenos, flexibles y resistentes, con los cuales se confeccionan elegantes canotiers, que se venden en el Japón ó que se exportan á Londres. Fácil es comprender que, con hileras especiales, se podrá transformar la celulosa en cintas planas y ese día, que no está lejos, tendremos panamos de madera. Al comentar todo esto hay quien hace la observación siguiente: Figurémonos un árbol cargado. de hojas que el hacha de un leñador corta en las vertientes del Fousi- yama. Se la transforma en sombrero de paja y hace las delicias de ura gentleman inglés. Estropeado por el uso, va á parar á manos de un trapero, que lo envía, con otros residuos, á una manufactura de celulosa, que lo convierte en algodón artificial. Camisa ó paño, acaba por ser trapo y renace bajo! a forma de papel, á no ser que un industrial alemán haga con él alcohol artificial y acabe, quizá, en el estómago de alguno de los cosacos que luchan en las llanuras de la Manchuria. 1.1. SANTANDER. EL BALANDRO NENÚFAR ADQUIRIDO POR S. PRÓXIMO Á SALIR PARA SAN SEBASTIÁN Fot. Duomarco del puerto, ya sin más animación ni movimiento que el que produce un vaporcilio costero, en el cual entran ios escasos pasajeros como si se fuesen para no volver. Y así hubiera continuado indefinidamente, deteniéndome ó pernoctando en la vieja ciudad: Pero una tarde, impaciente por reclamar un encargo en la estación, retentado también de parálisis tuve la desdichada idea de comer en la fonda, pensando me sobraría tiempo para volver á mi casa. Triste más que otras veces, hondamente preocupado por mil pequeneces, deglutía rápidamente la pitanza en la solitaria hostería. M e habían contado Jas mismas necias historias locales, ahora escuchadas con impaciencia y mal humor, cuando un amigo acertó á entrar extrañándose de verme á tales horas. Era inevitable que perdiese el tren y lo perdí. Surgieron entonces avasalladoras cuantas molestias sufrí en tantos años y mé irrité desesperado, y salí de aquella casa para no volver, maldiciendo mi sino, máldiciéndolo todo. Recorrí las calles solitarias y me exasperé más al verme solo; fui al campo y allá me sorprendió la noche en la más espantosa de las soledades. Sudoroso y mohíno regresé al poblado hallando de nuevo mi amigo; con él pasé agradablemente la velada, aceptando su generosa hospitalidad. Ya sereno voiví á meditar acerca de la triste suerte de aquel pueblo antes feliz, hoy desesperado, que muere sin profet ir una queja. Decíanme que su decadencia procedía de. que al crearse la línea férrea, había desaparecido la etapa obligada de los viandantes. Ese era un argumento digno de! ruin hostelero. No, mil veces; el progreso había: pasado, pasado á diario, y las gentes perdían el fren como yo, entretenidas en cosas de poco momento, aletargadas por sus penas y miserias. Y soñé durante la noche que iba de puerta en puerta, despertando á les moradores de la vieja ciudad, para que sacudieran la mortal modorra, y alegres, como antaño pero trabajadores como nunca, fuesen en busca de la vida que pasaba activa, incansable, representada por la industria, por el comercio, que conducen á la fortuna y á la prosperidad. Pero bien pronto recobré la razón al salir el sol, me levanté sin pereza, crucé por última. vez aquellas vías silenciosas y corrí á la estación, comprendiendo por triste experiencia que los pueblos y los hombres no debemos jamás perder el tren. EL DOCTOR FAUSTO POSTALES EUROPEAS CIEN MUJERES PARA UN HOMBRE SOLO hz policía de los Estados Unidos busca a uri alemán llamado Witzoff, que- se ha casado más de cien veces. En una sola semana logró contraer siete matrimonios. En cada. ciudad importante puede decirse cjue encontró dos cónyuges. Telegrama de J ezv Yor í e n mujeres para un hombre solo! ¡Qué lástima no poder estudiar de cerca y por buenos métodos psicológicos á ese ser original! La verdad es que sus gustos son simpáticos. Eso de tener cien familias legalmente constituidas, es de hombres formales, de orden, de gentes que: tienen horror á la inestable irregularidad del adulterio. Yo veo en Witzoff u n s e ñ o r i ¡iMriTi- inin; mi; i: nínr ll; I