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A B C MIÉRCOLES 3o DE, AGOSTO DE J 90. V PAG. i5 que va y viene incesantemente, pero no esa multitud inmóvil, en la misma actitud de mirar con fijeza al cielo que da, ciertamente, á la ciudad una nota original. Los que se desayunan en los cafés no se resignan á hacerlo dentro; piden el servicio fuera, en la calle, para no dejar de mirar al cielo, no sea que se anticipe el espectáculo y haya resultado el viaje inútil. Porque todo el mundo sabe que una de las cosas que quieren comprobar los sabios es si la hora, con minutos y segundos, que ellos han denunciado como la de los contactos, es exactamente la de las fases del eclipse, pues, de no ser as! resultaría que se desconoce la verdadera trayectoria de la luna. La gente siente cierto recelo de que se adelante ó se retrase el fenómeno, y no es cosa de esperar quinientos años para ver otro, ya que ese es el plazo que fijan los maestros para que en España vuelva á haber un eclipse tan importante como el de hoy. A las siete de la mañana Ja gente rodeaba el palacio provincial. A esa hora el Rey y la infanta doña María Teresa estaban en el balcón observando el cielo. En las calles no se oía más que los gritos de los chicos vendiendo cristales ahumados y catalejos para ver el eclipse. El Rey y la familia Real salieron á las n eve y media para visitar ¡a cartuja de Mirafiores. Antes firmó S. M dos decretos de poca importancia. Subieron en un coche el Rey, la Reina, las infantas doña María Teresa y doña Isabel, en otro carruaje el príncipe de Asturias, el duque de Sotomayor é individuos del Cuarto militar. Camino de la Cartuja y subiendo la gran cuesta que conduce al monasterio, el coche del Rey se paró, pues los caballos nc eran muy buenos y no podían soportar e! peso. El Rey saltó del coche y tomando e ¡caballo de un guardia civil, subió hasta la Cartuja. Allí se oyó misa, á la que asistió también el arzobispo de Burgos y el obispo de Potosí; después fuimos todos á ver la capilla donde se venera la imagen de San Bruno; luego pasamos á visitar el monasterio, se levantó la clausura para que pudieran entrar los hombres y solamente tres ó cuatro damas: la Reina y las demás señoras que fueron en la comitiva. A los frailes, en atención á la regia visita, se les permitió hablar (sólo pueden hablar un día á la semana) y se despacharon a su gusto. El Rey firmó en el álbum de la Cartuja, que es un libro con encasillados para la nacionalidad y la calidad de cada firmante. El Rey puso español en la primera y Rey en la segunda. La infanta María Teresa escribió española y i continuación tengo mucha devoción á San Bruno Los frailes obsequiaron al Rey y á la comitiva con un pequeño refrigerio consistente en 1 indispensable (Shartreusse, que ahora fabrican los expulsados de Francia en Tarragona. El Rey demostraba raucha impaciencia siempre que salía y entraba en las celdas, y diciendo á cada paso: Que vamos á perder e! eclipse. A las diez y media empezó el descenso. Era de interés comer con tiempo para presenciar todas las fases del eclipse. A uno y otro lado del camino, como si se tratase de una romería, veíase á familias con sus meriendas. Hay hasta quienes van con músicas. Pero lo terrible es que desde las diez han empezado á presentarse cúmu us que son los que en estos momentos nos tienen á todos con el alma en un hilo. Los globos del Parque de Aerostación están prepprados, pero se teme que no puedan remontar los cúmulus si estos llegan á cubrir el cielo. El Rey se ha dirigido al Parque de Aerostación para ver los globos, y desDués de almorzar subirá al castillo en automóvil para presenciar el eclipse. Btiitaos, 3o, 3 T. Hay en la, Cartuja un monje de ciento cinco años, y al despedirse del Rey le dijo: Hasta el próximo eclipse Hoy el anciano ha tenido la dicha de ver á su Rey; desde el fondo de su alma habrá dado su bendición a! augusto Monarca que rige los destinos de esta Patria por todos amada. Desde la Cartuja se dirigió la Real familia al Parque de Aerostación, donde estuvo presenciando los últimos preparativos de los aeróstatos que tenían dispuestos para las observaciones los ingenieros de Guadalajara. Allí presenciaron la ascensión del Júpiter, que se verificó á las doce y cuarto. Es éste un globo de 900 metros cúbicos. Iba tripulado por el coronel Sr. Vives, á quien acompañaba el representante de la Sociedad Internacional de Aerostación y el Dr. Roraeo, para hacer las observaciones espcctroscópicas en combinación con la tierra. A las doce y veinte minutos se elevó el globo Urano, también del parque de Guadalajara, de 800 metros y tripulado por el capitán Kindelán. A las doce y veinticinco ascendió el globo TQorte, del Sr. Fernández Duro. Los Reyes se retiraron cuando ascendía el primer globo, que subió perpendicularmente, deslumhrando con su esfera plateada á los espectadores, que con la vista seguían su movimiento ascensional. Al elevarse el globo Ttiorte hubo un incidente, por fortuna, sin consecuencias. Una ctaerda, pendiente del aeróstato, se enganchó en el machete de un artillero. Los que rodeaban á éste se abalanzaron á la cuerda. Los tripulantes del giobo, que no podían ver lo que pasaba, pero que observaron que éste no ascendía, soltaron lastre. La sacudida fue tan grande, que los militares que sujetaban la cuerda la soltaron, y, pendiente de ella, subió el machete, que luego se desprendió á más de 3oo metros, viniendo á caer en un matorral, sin causar daño á nadie. Entretanto, el globo- cometa, de forma cilindrica, estaba ya en el espacio desde por la mañana temprano para estudiar la dirección del viento. Los tres globos subieron casi perpendicularmente y estuvieron largo rato en esta situación, lo que desmostraba que en ¡as capas superiores de la atmósfera reinaba la calma. A las doce y media la familia Real abandonó el Parque de Aerostación y se dirigió al Oastillo. El público era nttrareosísimo alrededor del Parque, como en todos los alrededores de la ciudad. El sol ocultaba ya más de la raitad de su disco brillante y todo el mundo miraba al cielo con cristales ahuraados. Los cerros que rodean esta parte de la ciudad son hormigueros humanos. He sido invitado á ver el eclipse en la instalación del Observatorio entral del (Ssiwpo de Lilaila. Allí hay aparatos notables de gran precisión y en alguno de los cuales hubiera yo podido obsirvar el eclipse; pero soy profano en la ciencia, y para raí esa observación no tenía el interés técnico. La misión del cronista es otra: es poder dar en pocas líneas el aspecto general del espectáculo. A la una menos cuarto una nube grande que además de ocultar el sol nos moja, hace que se abran los paraguas y que se produzca un rumor general como de protesta y decepción. A la una y cinco estoy en la falda del castillo, delante del solar del Cid y de la puerta de San Martín, donde D. Rodrigo Díaz de Vivar hizo jurar á Alfonso VI antes de entrar en Burgos. Detrás están las tapias del cementerio coronadas Dor cabezas humanas, que ilumina- das por la plateada luz del astro del día, parecen difuntos que se levantan de sus tumbas. En el zenit las nubes ofrecen algunos claros y detrás se ve un cielo azul obscuro. El horizonte está cerrado por nubarrones grises. A la una y quince vuelve á aparecer el sol, ya casi oculto por la luna en su totalidad. Las sombras avanzan rápidamente. La escasa luz del sol es plateada. El silencio se extiende y todo el mundo enmudece ante lo sorprendente del espectáculo. Una luz macilenta, triste, extiende sobre hombres y cosas un vago y fantástico resplandor espectral. El silencio es absoluto, más grande, más solemne que el de la noche. La majestad de lo que se ve arroba las facultades, enfrena la lengua, fascina el pensamiento. Lo inefable no se describe; lo íntimo, lo que siente el alma en el santuatio de la conciencia ante la maravilla que curiosos y sabios presencian, es algo que no puede encerrarse en palabras. A esta hora puede verse muy bien y sin necesidad de cristales el sol, que aparece como un punto negro, rodeado de haces de luz. La claridad se asemeja á la hora del crepúsculo vespertino. La expectación es inmensa. Millares y millares de personas asisten al espectáculo sin articular palabra. No es el eclipse lo qne describe tan poéticamente Alarcón. La gente lo presencia en silencio, pero en el momento de aparecer de nuevo los primeros rayos de sol, se produce un movimiento general que se va agrandando con rapidez, y poco después se escuchan gritos de alegría seguidos de aplausos frenéticos. Este, que ha sido el momento más interesante del eclipse para los que le contemplan, tal vez no haya sido para muchos lo que esperaban. La luz vuelve á iluminar los objetos y renace la satisfacción en todos los semblantes. Poco después otra nube vuelve á ocultar el sol, pero ya el eclipse estaba visto. El Rey abandona el campo á la una y media, dirigiéndose á Palacio para almorzar, pues antes no había tenido tiempo. Los automóviles esperan en la puerta de la Diputación para salir en seguida. A las cuatro sale el tren Real con dirección á San Sebas tián. La infanta Isabel marcha mañana á La Granja. MARÍA CASTELL j EXTRANJERO POR TELÉGRAFO, TELÉFONO Y CORREO ESTADOS UNIDOS C ompra de un ferrocarril. llueva York, 29, i o n El senador mis 1 er Morgan, acompañado de u n amigo, almorzó hoy con el presidente Roosevelt, que Ir había invitado para tratar, como lo hicieron, de la compra de la línea del ferrocarril de Cantón á Hanken. El Presidente desea que esta línea pertenezca á Jos Estados Unidos. ADOPTADOS DI RECOMENDADOS POR LA RKAL ACADEMIA DE MEDICIVA R. O. POR Loa MINISTERIOS DS GUERRA y MARINA Toda clase de INDISPOSICIONES DEL TUBO D I GESTIVO, VÓMITOS Y DIARREAS, ETC. en niños y adultos se curan pronto y bien con los SALICI LATOS DE BISMUTO Y CfcKIO DE VIVAS PÉREZ. De venta en toda las farmacias acreditadas del mundo.