Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C- MIERCOLES 3o DE AGOSTO DE ioo5. PAG. En la calle Mayor colocaban baldes de agua en la acera algunos dependientes de comercio y no pocas porteras. Al empezar á morder la luna en el sol, éste calentaba de firme, y una señora le decía á su hijo en la plaza de ¡a Armería: -Niño, quítate dei sol, que te va á dar un tabardillo. ¡Si quiero ver el eclipse! ¡Condenao, ponte á la sombra y lo verás lo mismo! Cerca del Gobierno civil se instaló una comisión de Guasón s línwersity con el traje típico, á saber: impermeable, sombrero de copa abusado y alpargatas. Los instrumentos de que disponían eran perfeccionados: una cámara casi obscura, de dril, montada en unos palos, y un anteojo de latón. El más guasón s de los comisionados mostraba algo parecido á una cucurbitácea, y aseguraba que había caído del sol. Se instalaron después en la plaza de la Villa y lo que cayó entonces fue, y como una bomba, una orden del alcalde que, cansado de admirar á la comisión, la envió á la delegación del distrito. La disminución de luz se hizo muy visible á las doce y media. Todos los objetos adquirían un tinte amarillento pálido. Los ruidos de coches, peatones y pregones, de ordinario tan intensos en las vías del centro de Madrid, se apagaban. La gente desbordaba de las aceras y se detenía formando grupos en medio de las calles. En el suelo comenzaron á verse algunas ráfagas tenues de sombra. La temperatura comenzó á descender. A la una y cinco, hora en que se acercaba el eclipse al máximum de sombra, apareció una estrella hacia el Noroeste. Cinco minutos escasos después, la estrella parpadeaba como en plena noche. Algunas más, pero con menos perceptibilidad, surgieron del fondo apagado del cielo. Las ráfagas de sombra corrían veloces por el suelo, semejantes al oleaje menudo por la playa, ó como si el pavimento estuviese en ebullición y surgiesen nubéculas menudas de vaho. Los caballos de los coches de plaza cabeceaban como para dormir, y justo es decir que algunos cocheros también. A la una y once minutos aumentó de pronto la luz; el segmento de luz que al principio asomaba por la parte izquierda del disco, empezó á invadir la parte inferior de la derecha. Pocos minutos después nadie se ocupaba ya del eclipse; las calles recuperaban su animación, su vida y su movimiento. El suelo aparecía cubierto en muchos sitios por los restos de los aparatos usados en las observaciones. EN PROVINCIAS POR TELÉGRAFO del stado del firmamento durante el eclipse. El buque tiene instalados sobre cubierta los aparatos propios para las observaciones. Procede de Punta Delgada, y una vez terminada su misión, saldrá para El Havre. -T pdríguez. T iempo favorable. El ministro de Marina. Soria, 3o, 9 m. El día ha amanecido espléndido de sol y ciclo diáfano. El viento se ha calmado. El Sr. Azcárate y los marinos que con él forman la comisión del Observatorio de San Fernando, están satisfechísimos, pues tienen la seguridad de poder observar el eclipse. Reina en la población grandísimo entusiasmo y se espera el momento en que, según lo anunciado, debe producirse el fenómeno celeste. El tren de Madrid ha traído numerosísimos viajeros, entre los cuales viene el ministro de Marina con dos ayudantes. Salieron á recibirle á la estación el gobernador civil, el alcalde, el Sr. Azcárate y muchos oficiales. A las diez irán todos al Observatorio y comenzarán á realizar los trabajos que han motivado su viaje. toja. j e! eclipse en provincias. Castellón, 3o, 10 m. El día preséntase nublado á trechos; descarga una ligera üuvia; pero si el viento no cambia á la hora del eclipse, afirman los inteligentes que el espacio estará despejado de nubes. Llegan los trenes atestados de viajeros. El aspecto de la población supera al que presenta en tiempo de fiestas. Las gentes discurren por todas partes buscando los mejores puntos de observación para cuando llegue la hora del eclipse. El gobernador civil, Sr. Sánchez Ortiz, ha enviado parejas de! a benemérita á Torreblanca y Alcosebre con objeto de- evitar que los curiosos molesten á los astrónomos en sus observaciones, agolpándose sobre los aparatos é invadiendo el campo de las operaciones astronómicas. El gobernador militar, Sr. Manrique de Lara, ha puesto fuerzas del ejército á disposición de la comisión científica instalada en el hospital en construcción de Vinaroz. Ha llegado el P Costier, miembro de la Comisión real astronómica inglesa, el cual será ayudado en sus observaciones por los señores Ciidon Sidoleff, Caffeirita y el español Gonzalo Aguilera. En la misma población, los Sres. Camas y SoSá, de Barcelona, propónense aplicar un cinematógrafo al paso del sol con objeto de observar el efecto que produce. El crucero norteamericano Mincapolis ha llegado á la playa de Oropesa, desembarcando ¡a tripulación, que viene con objeto de observar el eclipse. ITI día de hoy. Palma, 3o, 10 m. Durante las primeras horas de la mañana preséntase el cielo cubierto de espesas nubes y llovizna. Las fondas están atestadas de forasteros. Hay poca esperanza de que despeje el tiempo, y por tanto, del resultado de las observaciones científicas en este punto. 1 P ifícil observación. Zaragoza, 3o, i t. El día ha amanecido espléndido. En el momento de empezar el eclipse, las nubes perturban las observaciones. La animación es extraordinaria, las calles están llenas de gentes que miran al cielo provistas de gemelos con cristales ahumados y de telescopios económicos. Multitud de chiquillos recorren las calles tomando posiciones. Cuando un cañonazo, disparado desde el Observatorio de los Escolapios, anuncia el comienzo del eclipse, prodúcese un movimiento de emoción. A la una y trece minutos era total el eclipse. Las nubes impedían que se pudiera ver bien la corona luminosa. La población quedó á obscu- ras. Los comvircfos encendieron sus? uces. E público, entusiasmado por lo grandioso del fenómeno, aunque resultara algo deslucido por las nubes, prorrumpió en aplausos y en gritos de júbilo. En el Jardín Botánico se han hecho curiosas observaciones sobre el efecto causado por el eclipse en las plantas. -Gay. n San Sebastián. San Sebastián, 3o, 2 f. El día amaneció nublado y así ha permanecido hasta la hora del eclipse, en que se ha despejado á ratos. El eclipse empezó á las once y cuarenta y nueve minutos. Se ha podido ver muy bien á través de las nubes, porque con las gasas que éstas ponían delante del sol la luz no dañaba los ojos. La temperatura ha ido descendiendo de manera muy sensible. Durante el máximum del eclipse se notaba casi frío, no esa cosa extraña ver á bastantes transeúntes con abrigo. La animación en las calles era extraordinaria, sobre todo en el paseo de la Concha. La mayoría de los observadores iban provistos de lentes, anteojos ó pedazos de cristal ahumados. San Sebastián ha aplazado su almuerzo para después del eclipse. No han sido excepción los obreros, quienes al salir de talleres y fábricas sacaban el correspondiente cristalito y se detenían á mirar los progresos que la sombra de la luna hacia en el disco del sol. El monte Ulía ha estado concurridísimo. Los que lo han entendido mejor han almorzado en e! restauran! allí establecido, y entre plato y plato observaban el eclipse. Este se ha acercado mucho á la totalidad; la luz era muy escasa, como la que hay en un día de cerrazón á la caída de la tarde. Del disco del sol no se veía más que un delgadísimo segmento amarillo. -Cruz. DESDE BURGQS CONFERENCIAS TELEFÓNICAS BURGOS, 30, 11 M. E s p e r a n d o al Rey. T einosa, 29, 7 t. Llegan los trenes atestados de gente que viene con objeto de presenciar el eclipse desde las alturas. La dirección del viento hace augurar buen tiempo. El Rey pasará á las seis de la tarde, témese que no se detenga para poder bajar con luz del día las Hoces de Barcena. Las autoridades saldrán á saludar al Rey. observaciones en e! mar. Coi uña, 3o, ¡m. Ha fondeado en este puerto e! yalch francés Orati, perteneciente al Observatorio de Meteorología dinámica de París. Conduce á su bordo al astrónomo M r Maurice, que se propone observar el eclipse desde la altura de! Cabo Prior, para donde zarpará de madrugada. Realizará experimentos acerca 2 on las seis de la mañana cuando me levanto. Hace solamente cuatro horas que hemo. salido del teatro, donde El vergonzoso en Pa lacio y T (osas de Otoño han deleitado grandemente á un público selecto, femenino y ele gante en su inmensa mayoría. Abro el balcón dominándome la impaciencia de saber si veremos el eclipse ó no. El sol, un sol hermoso y radiante, empieza á remontar el horizonte azul y diáfano, como preparado á gusto de todos. Frente á la casa que habito se levanta el an tiguo convento de la Merced, en cuya puerta han armado los jesuítas un tinglado de madera y han colocado los aparatos con los cuales van á escudriñar el fenómeno celeste. Algunos frailes entran y salen llevando pequeños instrumentos de metal. Me dan tentaciones de gritar, dándoles U enhorabuena; pero no: la enhorabuena, más que para los hombres de ciencia, puede set para los profanos que vamos á ver el eclipse á nuestras anchas. Ellos van á estudiarlo; nosotros á admirarlo. Ellos van á hacer uso de los aparatos que la ciencia pone en sus manos; nosotros á mirar el sol á nuestro placer. Tiene razón el sabio astrónomo que ha dicho que el mejor aparato para observar el eclipse es una almohada sobre la cual descanse la cabeza del observador tendido en tierra y mirando al cielo. A las siete de la mañana, las calles de la tranquila Burgos tienen la animación de las de Madrid á mediodía. Dos trenes han llegado atestados de gente. Hay viajeros hasta en la techumbre de los coches. Se puede ver todos los días en las poblaciones grandes el hormigueo de la muchedumbre.