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A B C MIÉRCOLES 3o DE AGOSTO DE i 9 o5. PAG JO MADRID. EL INCENDIO DE AYER TARDE EN LA CALLE DE SAN ENRIQUE (CUATRO CAMINOS) RU. NAS DE LA CASA INCENDIADA EN LA CUAL SE GUARDABAN LAS DECORACIONES DEL TEATRO- CIRCO DE PARISH fot Gofti La princesa viuda de Aosta se ha repuesto de las contusiones sufridas en el accidente de automóvil de que fue víctima al ir á visitar á su madre la princesa Clotilde. A propósito de la severidad con que fue educado el desgraciado Maximiliano de Méjico mientras fue archiduque, se cuenta la siguiente anécdota: Prestaba servicio como guardia marina en la fragata Schwenzeberg, mandada por un jefe muy ordenancista, el conde Hadick- von- Futat. Después de una laboriosa travesía por el Adriático, durante la cual el archiduque había cumplido penosos deberes, la fragata echó anclas frente á Ñapóles con un tiempo hermoso. Lo espléndido del espectáculo, lo bello del sol, animaron al archiduque, que era joven, para ir á tierra. ¿Pero cómo hacerlo, si estaba de servicio? Su secretario le dio una idea: Poneos, le dijo, vuestro uniforme de archiduque y todas vuestras placas, y decidle al comandante que tenéis necesidad de ir á tierra. Así lo hizo, y ataviado con todas sus galas, le dijo al comandante: -El archiduque Maximiliano tiene necesidad de desembarcar. -Está bien- -contestó el jefe, -pero al hermano de mi Emperador soy yo el que debe acompañarle. Lo que contrarió al archiduque esta compañía es incalculable, y mucho mas cuando al poner pie en tierra dijo el comandante: -Creo, monseñor, que la primera visita de Y A R. debe ser para el embajador de Austria. Después visitaremos á los demás representantes diplomáticos. Fatigadísimo de tanta visita, tristísimo y desencantado, volvió el archiduque á bordo, y cuando se despojaba de su uniforme y de sus insignias, fue llamado por el comandante. -H e sabido, señor guardia, que ha estado usted en tierra. -Es cierto. -A ver- -continuó dirigiéndose al segando de á bordo: -el guardia marina Maximiliano, ¿no tenía servicio? -Sí, señor; de dos á cuatro. ¿Y á esa hora- -dijo severamente el viejo lobo de mar- -habéis estado en tierra? Pabaréis treinta días de arresto y de trabajos extraordinarios. Así fue educado aquel desventurado Príncipe, que siendo emperador de M é jico y sabiendo que la viuda de su antiguo comandante se hallaba en una situación precaria, la envió un socorro de diez mil francos. UN CHAMBELÁN de primera, de esos que los astrónomos de las Peñuelas calificarán como de barambuten 1 Y claro: los sabios más sabios de la? naciones más civilizadas no han tenido más remedio que fastidiarse y venir á España si lo querían ver, porque fuera de la península y de un cachito de África... H e aquí un eclipse pour l Espagne et le Maroc. Dígase si no es justo y natural nuestro júbilo, y si no es lógica nuestra satisfacción al ver que un país que muchos creían jubilado tiene su miajita de jubileo. Y obsérvese, ahora que están de moda los observatorios, cómo cambian los tiempos. Aquí, donde al sentir un pisotón en un callo ó sufrir otro dolor acerbo, se decía para ponderarlo, que nos hacía ver las estrellas, hoy vamos á verlas con alegría. Con muchísima alegría y en trenes EL FENÓMENO Repitamos el famoso verso del poeta: Todo jubilo es hoy la gran Toledo... pero añadámosle cuarenta y ocho júbilos más para las restantes provincias de España, porque el antiguo júbilo toledano ha ascendido y hoy es general. ¡Tenemos eclipse para nosotros! La luna, que es un astro la mar de simpático, porque es hembra, porque tiene cuartos y porque ahí donde ustedes la ven tan chiquitita, tiene ¡la gran sombra! nos ha concedido el trato de nación más favorecida y nos ha traído un eclipse de sol 1 rrní mnmiirnirini rminnMimnffi ir