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l ANO T Fi 5. N l í MERO 232. GRÓNICA UN V E R SAL IIAIST 1I ADA. que aquí se recibe á los sabios astrónomos; los alardes de noble sentimiento hospitalario de que se alardea en la generalidad de las poblaciones; el respeto y L EFECTO SOCIAL Las imágenes veneración á la ciencia, rectifican en el DEL ECLIPSE veneradas por pensamiento de los ilustres huéspedes los fieles en los templos- -decía un Santo muchos de esos prejuicios de que somos Padre, clamando contra la herejía de víctimas, quizá en mayor escala que ninLeón el Iconoclasta- -son los libidos de los gún otro pueblo de Europa. El auxilio que no saben leer. Recordando esta que los mismos encuentran del lado del frase, podemos los españoles decir que elemento oficial y de los profesores estodo este ruido causado con motivo del pañoles, habrá de afirmar la rectificación. eclipse; todas estas comisiones extranjeNo es, pues, éste un día perdido para ras, venidas hasta de las remotas playas el bien de la nación, aun desde el punto de Norte- América; todo ese cúmulo de de vista social ó sociológico; es un día aparatos astronómicos, geodésicos, fo- en que el espíritu moderno, del cual dutográficos, seísmicos; todas esas noticias rante largo período hemos vivido muy que el telégrafo y el teléfono se encar- aislados, penetra aquí á grandes oleadas. gan de transmitir al mundo civilizado, El sol, que á veces tan duramente nos tienen para un pueblo como el nuestro, castiga, nos favorece con ello, contribuayuno de ciencia y sobrado de fantasía, yendo, como diría D. Joaquín Costa, á la importancia de hechos, base de una nuestra europeización. leyenda necesaria en el espíritu de una jEs una lección de lo inconsciente que raza imaginativa. Ahí puede apoyarse la debiera enseñar algo á los que tienen confianza en la ciencia. análogo deber por conciencia! Porque es preciso tomar en cuenta MANUEL TROYANO el efecto causado en el ánimo popular por el cumplimiento exacto, matemático, innegable, de todos los anuncios de los sabios referentes á las horas marcadas del primero y del último contacto, de la duración del fenómeno solar, de los puntos en que sería total el eclipse y fueron por I o que voy á referir es cierto y está ellos previamente elegidos, de cuanto, comprobado por datos históricos nuen fin, se presenta como prueba evidente merosos. La fecha en que el eclipse se de lo que la ciencia alcanza, de sus cer- verificó es dudosa, y cada autor la fija tidumbres, de sus seguridades, y de según su criterio; pero el eclipse de sol cuanto habla á la imaginación de las gen- fue visible en Atenas y debió ocurrir tes de la valía y de los prestigios de el 3 de Agosto del año 43o antes de Jeaquélla. sucristo. Estos son golpes dados con fuerza en Grande aprieto padecía la gran metróla corteza de la ignorancia de nuestro poli griega en aquel tiempo. Ardía la país, para resquebrajarla y ayudar á la guerra contra los lacedemonios; Arquibenéfica labor de demolerla. Porque, damo, jefe de éstos, sitiaba la ciudad. también otras grandes conquistas de la Por consejo de Pericles, que gobernaba ciencia- -el ferrocarril, el telégrafo, el en Atenas, habían abandonado los históteléfono- -actúan en el mismo sentido, ricos campos del Ática los campesinos, pero el hábito resta vigor á la impresión; labriegos, granjeros, colonos y agricultola costumbre de verlos y de participar de res, y refugiádose tras el recinto murado las ventajas de tamaños adelantos hace, del Pireo y de la Acrópolis; templos, aun á los más ignorantes, mirarlos con viviendas, baños públicos, cobertizos, soindiferencia. Pero la escasa frecuencia de portales y pórticos, se hallaban invadidos los totales eclipses; la solemnidad que por gentes que no tenían otros sitios donparece revestir en ellos la Naturaleza en- de acampar. Era el calor insufrible y tera; la grandeza de los cuerpos celestes arreciaba más por los frecuentes incendios que en la función toman parte; el efecto que prendían los enemigos en mieses y atávico que ejercen sobre las muchedum- caseríos. bres, preparan la fantasía de éstas para Ni los horrores de la guerra, ni los grabar en ella, con caracteres indelebles, ardores caniculares, ni la tristeza de ver sensaciones que levantan sobre lo vulgar yermos sas campos cultivados, destruidas las almas. Harto necesitados estamos de sus cosechas, muertos sus ganados, huestas sacudidas del cerebro español, en- bieran, con ser azotes tan funestos, logravuelto habitualmente por un cúmulo asfi- do aterrar á los atenienses ni hacerles xiante de minucias, cuando no de mise- perder su serenidad de ánimo, aquella rias, para que no levantemos acta de ellas alegría plácida, aquel apacible y armóy las contemplemos en su provechoso y nico equilibrio espirituahque ellos llamaconsolador resultado. ron sofrosyne; pero una plaga terrible, Por otra parte, la consideración una epidemia aterradora teñía á los cul- SE MADRID, 3o DE AGOSTO DE- J 9O5 NUMERO TO, tos héroes de Maratón consternados, tristes. Era la peste, la peste que diezmaba la población. Jamás habían conocido los ancianos tan horrorosa pestilencia; los médicos no acertaban á remediar á los enfermos; antes, por asistirlos con abnegación sublime, fueron de las- primeras víctimas. No aprovechaba contra la epidemia arte humano ni divino, porque eran tan inútiles las medicinas como los votos y plegarias á los dioses. Los enfermos asaltaban las fuentes; una insaciable sed los consumía. Los cadáveres insepultos llenaban las calles. Oíanse toses profundas, estornudos frecuentes, que tales eran los primeros síntomas de la enfermedad; veíanse caras desencajadas, ojos sanguinolentos, escenas desgarradoras; no se respetaban las sepulturas, y el pueblo entero, poseído de un pánico indescriptible, entregábase á los placeres y á los vicios para divertir la vida escasa que suponía que le quedaba. Los ancianos, los iluminados, las mujeres, poseídos del don de vaticinar, recorrían la ciudad pronosticando desdichas, augurando infortunios, repitiendo amenazadoras palabras de los oráculos, tales como éstas: Creed lo que decimos: vendrá la guerra Doria y vendrá también timos. SUEL- c: E UN ECLIPSE HISTÓRICO El grande espíritu de Pericles flotaba heroico sobre tanta pública calamidad. Nadie hablaba de rendirse, porque todos preferían la muerte á la deshonra de la derrota. El hijo de Jantipo ordenó armar una escuadra de cien naves, donde 4.000 infantes y 3oo caballos disponíanse á partir contra Siccione y las costas del Peloponeso. La salida de tan lucida hueste, á cuyo frente iba el mismo Pericles, habíase fijado para el 3 de Agosto por la tarde, y todos los atenienses que no estaban enfermos, tirados contra los muros ó agonizando en algún apartado rincón, salieron á despedir al ejército expedicionario. Los carros de los ricos bajaban desde la ciudad alta (Acrópolis) con dirección al Pireo, y el gran muro de defensa que comunicaba el puerto con Atenas halla base coronado de gente; los muchachos subían y bajaban al foso con pasmosa habilidad, porque las piedras de la muralla no estaban trabadas con mezcla, sino con plomo derretido y pernios de hierroDesde las nueve de la mañana el camino del Pireo estuvo durante todo el día animadísimo. N o hubo representación dramática ni concierto aquella tarde en el Odeón. Representábanse por entonces obras de Esquilo, más de Sófocles, y llevaba el cetro de la tragedia Eurípides, el gran autor de moda, el favorito del público, que se empezaba á contaminar de: medismo, del lujo y de la molicie asiática, y prefería el arte exquisito de