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B C. MARTES 29 DE AGOSTO DE 1905. PAG. 6 PARÍS. UNO DE LOS ANILLOS DEL TÚNEL QUE ATRAVESARA EL SENA PARA L PASO EL METROPOLITANO DE CL 1 GNANC 0 URT LA PUERTA DE ORLEANS CRÓNICAS JAPONESAS CL JAPÓN Es el Japón un país muy ACTUAL adecuado para que el viajero europeo que no se fíe más que de las apariencias, emita juicios completamente erróneos ai ocupar e de él. Todo es aquí enigmático, multiforme y tornadizo, de la misma manera que lo son los rayos de luz filtrados á través de un prisma. Los diminutos jardines japoneses, que encierran todas las maravillas de la naturaleza en unos cuantos metros de terreno, merced á los mágicos recursos de la perspectiva; esos jardines, sonrientes y plácidos como el rostro de las japonesas, son otros tantos símbolos en los que se refleja el alma voluble y movediza del país. Todo es aquí misterioso y adorablemente incomprensible. El observador que pretende perseguir la realidad, se pierde en laberínticas quimeras y es víctima á la postre de su pueril espejismo. Los hechos recogidos la víspera, se desvanecen al día siguiente, lo mismo que si se tratara de sueños ó de fantasmagorías. Todas estas decepciones inquietan al extranjero y detienen su pluma, pareciéndole que el papel sobre el cual ha de trazar las palabras es movedizo, y que la tinta misma, cual maravilloso producto de la alquimia, es á veces polícroma y revestida de fulgores extraños, y otras, por el contrario, descolorida é invisible. ¡Cuánto mas extraordinarias é interesantes que la inerte China son estas islas niponas, estos Vosgos marítimos, este archipiélago de Jersey, escarpadas y selváticas! Estas montañas de esmeraldas, cuyos valles terminan en bahías minadas por el mar; estas tierras volcánicas perpetuamente sacudidas poi el fuego interior, y cuyas castas son á veces batidas con violencia por espantosas mareas, podían muy bien ser tomadas oor algún fragmen- to despiendido d? otro planeta y caído al azar sobre el Pacifico, a lo largo del continentí amarillo, porque los pequeños seres sonrientes, testarudos y beíicosos que pululan por dichos lugares, constituyen las más enigmáticas creaciones del mundo, completamente distintas de todas las demás razas terrestres. Algunos pensadores anglo- americanos, después de haber pasado su vida entera en el Japón, declaran que lo único que han comprendido mejor es que los insulares son completamente incomprensible; en rigor, tal conclusión tiene muchos visos de ser cierta. Hoy, sin embargo, es preciso comprenderlo todo, aquilatarlo todo. El pública de! nuevo s glo no quiere ser engañado, y si excusa un error material, una inexactitud de detalle, no tolera la mixtificación y exige la sincesidad y la verdad. Esta verdad seiá hoy algo ruste, pero es forzoso reconocerla. El Japón, tratado ayer como un país de fantoches, es ahora el arbitro del Extremo Oriente, y su acción ejercerá en lo sucesivo una influencia inmensa en todos los pueblos. Su poder guerrero es mucho más considerable de lo que se cree en Europa; es verdad que hoy padece mucho con la guerra, pero este pueblo estoico y verdaderamente espartano tiene cuenta con el orgullo como resorte moial, y no cederá nunca; cuando la pa sea un hecho, desat rollará su industria y su comercio, y llegará a ún día en que su fuerza, expansiva pueda ser considerada como ¿m peligro para los territorios vecinos; y por lo que hace á los momento actuales, ha constituido ün estimulo poderoso para obligar á China a salir de su estado de inercia y de postración El mundo amarillo bulle, fermenta, se insnruye y se organiza. ¿Será esto un peligro? ¿Constituirá un bien para la humanidad? El tiempo se enfcargara de demostratlo. ECOS DEL MUNDO NA E S T A F A Es disculpable el vecino U COLOSAL de Alcobendas que viene á Madrid por vez primera y se deja timar por un granuja listo y experimentado; lo inexplicable es que un hombre cuyo oficio consiste en viajar por el mundo, se deje engañar por cualquiera. Dicen que los viajes educan ¿instruyen; es esta una verdad irrefutable, pero no hay regla sin excepción. Lo que acaba de sucederle á Ricardo de Chalón, fogonero de una Compañía de trasatlánticos de Nueva York, lo demuestra en absoluto. Chalón recibió, en Diciembre del año pasado, el aviso de que un número que poseía de una lotería había salido premiado con i 5o.ooo dollars, ó sea con mas de un millón de pesetas. Estaba entonces en las Antillas, telegrafió que le enviaran un cheque para cobrarlo en Nueva York, donde haría escala antes de dirigirse el barco hacia Francia. En Nueva York recogió su cheque, lo guardó en la cartera y se embarcó para el Havre con el propósito de ir á París y de divertirse allí en grande. Lo consiguió; con dinero se consigue todo, y Chalón gastaba sin tasa sus economías, acumuladas durante muchos años de constante trabajo, contemplando de cuando en cuando el cheque que le aseguraba Una existencia futura, exenta de preocupaciones. Chalón vivía en una atmósfera maravillosa y mágica, muy distinta del aire que había respirado durante un largo período de su vida al lado de las calderas de los trasatlánticos. La locuacidad, el deseo imperioso de expansionarse, es atributo natural de toda gran felicidad. Noches pasadas, al regresar el fogonero á su hotel, tropezó con un individuo correctamente vestido, que después de hacerse el en-