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üfí 23o. CRGSAL ILUSTRADA. Así, con unos pantalones y chaleco negros, pero de paño burdo, ¡a camisa de lienzo ordinario y un frac de perca ina, se quiere por los farautes y muñidores vestir de etiqueta el Estado español, y se 3 e viste de máscara. Además, se le cobra muy caro el traje. ¡Tal es la i npresión producida en el ánimo sereno y desapasionado por la actividad de la tijera y 3 a aguja en la gran mayoría de los distritos! ¡Y lo más deseorazonador viene á ser la impasibilidad con que todo ello se presencia por la generalidad de las gentes! El único móvil, que por desdicha considera explicable aquélla en el elector, es el propósito de sacar éste algún partido materia y pecuniario de su sufragio, valga por lo que valiere: concepto que no alcanzará á cambiar la circular del ministro de Gracia y Justicia publicada en la Gaceta, sí no viene seguida de hechos que den de su eficacia pronto y sólido testimonio. MANUEL TROYANO AGOSTO DE i 9 o5. NÚMERO SUELTO, 5 CENTS. y, hallándose cerca de ella, ha venido por verla, por ver Madrid. Hay, por dicha, una recíproca corriente entre Madrid y el Rey; muchas veces el pueblo ha demostrado este cariño. Cuando D. Alfonso estuvo enfermo, siendo todavía un niño, Madrid entero desfiló por Palacio, se interesó por la salud del hijo augusto de Reyes; luego, al ser el actual Monarca proclamado, ei pueblo no se cansó de aplau dirle, de vitorearle; por último, cuando en fecha reciente D. Alfonso fue objeto de un atentado criminal en las calles de París, la Patria grande como la patria chica conmoviéronse como la madre que ve en peligro la vida de su hijo más querido. UEM 1 PLEGSA Por poco que hoy NACIONAL el observador se aleje de Madrid, haüa datos bastantes para convencerse de que en la vida pública española se padece una verdadera hemiplegía nacional. Toda la existencia de nuestro pueblo se ha condensad en aquella parte de él que actúa directa é inmediatamente en ías elecciones, sacando de ellas, en mayor ó menor escala, algo de proveche. La otra parte queda inerte, paralizada, contemplando con amarga y escéptica sonrisa los afanes de quienes, por ambición, por codicia ó por miedo, se preparan á Ja lucha. Según los más conspicuos antropólogos, que se han ocupado en las cuestiones de nuestra idiosincrasia nacional, tenemos un 42 por 100 de sangre semita y africana, ía cual, si presenta sus inconvenientes, ofrece la ventaja de darnos el temple correoso que nos hace resistir golpes y tirones de la mala fortuna, sin rompernos ni pulverizarnos. Indudablemente, esa parte de sangre, por ser la más inalterable, es la que predomina hoy. La resignación é indiferencia musulmanas con que Ja mayoría de nuestro país asiste al espectáculo de nuestros daños sociales y de nuestras desdichas políticas, son debidas á esa base étnica. Porque jcuidado si supone paciencia y complacencias, á nivel de las de aquellos maridos condescendientes cantados por el gran Quevedo, eso de presenciar con fría sonrisa i a manera que de preparar las próximas elecciones, fuera de Madrid y de las grandes ciudades, tienen los cacicones, caciques, caciquillos y caciquetes, que han tomado un candidato bajo su protección y ayuda! De haber trabajado fatigosamente, contraído abrumadoras deudas, empobrecido su organismo y su caudal por adquirir una preciada alhaja, ¿consentiría algún hombre, sin protesta, con la sonrisa en los labios, no sólo que le despojaran de esa joya, sino que en sus propias barbas comerciaran con ella los tomadores? fí, sin embargo, esto es lo que percibe, por dondequiera que va, el observador! Dos guerras civiles largas, pesadas, ruinosas, y multitud de pronunciamientos y revoluciones, nos ha costado vestir el Estado español con ese traje moderno á la europea, sin el cual nadie puede presentarse hoy en el concierto del mundo civilizado. Pero ante nuestros ojos se corta y se confecciona ya ese traje con las telas menos apropiadas y con Jas medidas más arbitrarias y caprichosas, según los antojos de quien tiene la fuerza, el influjo, ó según ei sórdido interés de cada cual. CARTAGINESES MOROS Y CRISTIANOS. JAPONESES Y RUSOS ODIOS CONTRA ODIOS AMOR FILIAL I a Patria grande inspira un profundo sentimiento de amor como la patria chica produce un íntimo sentimiento, de ternura. Si los subditos todos, sin otra excepción que los que han perdido, por su desgracia, toda sensibilidad ética, sentimos amor por nuestra Patria y la consideramos como el territorio patrimonial que de nuestros mayores recibimos, como sepulcro de los seres que nos engendraron y levadura de los que han de sucedemos, ¿cuál no será la pasión patriótica que arda en el alma de un Rey criado como el nuestro al calor del regazo nacional, educado por maestros eminentes en la veneración de nuestras tradiciones seculares y de ¡as grandes empresas que los españoles concluyeron con honra para la Patria? Desde los campos gloriosos donde se alzó la heroica ciudad numantina, asombro de extraños y gloria de España, fue el Rey á visitar á su augusta tía la infanta Isabel, rindiéndola un tributo de cariño familiar, y desde San Ildefonso ha visitado el Rey su patria chica, ha venido á Madrid. ¿A qué ha venido el Rey? ¿Es, como se ha dicho, por visitar las obras de las habitaciones que en Palacio ocupará el anciano presidente de la República francesa? ¿Para despachar con algún ministro? No; ei Rey ha venido á Madrid por amor á su patria chica, por el propio impulso que, si alguna vez hemos pasado nosotros en el ferrocarril por sitio cercano al lugar en que nacimos, no se sacian nuestros ojos de contemplar los campos en que jugábamos, la iglesia en que nos bautizaron, los hogares amigos. El Rey no ha podido resistir la atracción que sobre él ejerce su patria chica 1- asta no hace muchos años hubo profesores que dividieron en dos bandos á sus discípulos para despertar en ellos el noble afán del estudio; generalmente uno de los bandos era el de jos cartagineses y e! otro el de! os romanos. Yo tuve la dicha de alcanzar todavía esta partida de marro académica, esta guerra intelectual, estos agones colectivos que daban el fruto que puede presumirse, lino de mis profesores nos dividió, después, de seleccionarnos, en malos ó cartagineses y buenos ó romanos; yo era, por supuesto, artagmés y de los más dignos. Traza tan buena nos dimos y tan bravamente guerreamos los cartagineses, que se dio el caso contrario de las guerras púnicas, y un Catón de Guareña (Badajoz) propuso ía destrucción total de Roma. Y la destruímos. Me acuerdo que en el mes de Febrero no quedó en la clase un romano para contarlo; todos nos hicimos cartagineses. Al darse cuenta el profesor de Ja rota sufrida por el bando de ¡os buenos, sombría tristeza le invadió el alma, y en el mes de junio suspendió á todos los cartagineses. Hoy publicamos ua grabado en que aparecen divididos en dos bandos los representantes del Japón y los de Rusia. Y me ha recordado su actitud el juego de que antes hablo. Pero una grave duda me acosa. ¿Quiénes son de esos plenipotenciarios los romanos y quiénes los cartagineses? Mirándolos cara á cara puede convercerse cualquiera de que ninguno de ellos tiene facha épica. ¿A ver dónde veis vosotros aquel airado continente de un Duilio ó de un Atilio Régulo? ¿Dónde descubrís la centelleante y singular mirada de AnníbaJ después de Cannas? Las cinco testas rapadas de Jos nipones tisusn contextura completamente pacífi-