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A B C DOMINGO 27 DE AGOSTO DE 1905. PAG. b trar todos los peligros y resistir todas las tentaciones, y Chapí, que conocía el paño, presentó dos: D Manuel Quislant y D. Tomás Barrera. Ambos, especialmente el último, como se verá más adelante, se portaron con verdadero heroísmo, y á ellos se debió el triunfo co pleto un poco más tarde. Porque el plan empezó á ponerse en práctica en seguida, y se dio la primera batalla en el teatro Romsa, con el estreno, por la compañía Prado- Chicoire, de ía señora capitana, letra de Jackson y música de Barrera y Valverde, hijo. Cinco días después de la primera representación, treinta y tantos materiales completos, reproducidos en un pasó al juzgado de primera instancia y á la Audiencia después. En ambos sitios quedamos en lo que teníamos qjie quedar: en que Fiscowich copiaría y alquilaría los materiales de La señora capitana, pero también los podríamos copiar y alquilar nosotros, autorizados por Barrera. El golpe era de muerte... y el enemigo izó en seguida bandera de parlamento. Para pactar Ja paz nos reunimos en casa del maestro Bretón: D Florencio en representación propia, Ramos Carrión y yo en la de la Sociedad, y los maestros Bretón y Nieto como amigables componedores. Hablamos todos durante tres horas, se guida. Por lo visto, el amigo Torregrosa lo tiene en el bolsillo. o ni lo tenía Torregrosa, ni lo tenía nadie, ni lo podríamos encontrar detrás de la esquina, por lo cual era necesario seguir la pelea apretando las clavijas un poco. Y para eso, para apretarlas, nacieron entre el papel pautado, como Venus entre la espuma de las olas, dos apreciables seudónimos: los maestros Montero y Montesinos, de fausta memoria. Tras ambas caretas se ocultaban los propios Barrera y Quislant, que de esa manera, siendo dos parecían cuatro, y acabaron pot parecer cuatrocientos. v, SORIA. EL REY EN EL ACTO DE LA INAUGURACIÓN DEL MONUMENTO A LOS HÉROES DE NUMANCH abrir y cerrar de ojos por medio de la litografía, habían llegado á las Empresas de provincias, remitidos por la Sociedad de Autores. En la copistería de Fiscowich no habían concluido aún el primero. D Florencio vio el peligro y acudió á él como un rayo; pero acudió de mala manera: llevando á los Tribunales á Quinito para exigirle el cumplimiento del contrato. Dióme Valverde un poder en regla, y en su nombre acudí al juicio de conciliación, pertrechado con todas mis razones: ¡Señor! ¡Si aquí no se ha faltado á lo convenido! ¡Si Quinito lo cumple entregando su partitura para que saquen copias! Lo que no puede evitar es que su colaborador haga lo mismo en 1 ra parte Jada: no hubo avenencia, y el asunto hicieron cálculos, se echaron cuentas, se agotaron los argumentos... y, cuando volvimos á la calle del Florín los comisionados, tuvimos que decir á los señores que esperaban ansiosos el resultado de la conferencia: -Nada. Hemos tomado una trinchera, puesto que Fiscowich rebaja la mitad del precio, pero todavía no pódeme; transigir. Pide un millón de pesetas A contado. Torregrosa, harto ya de dilaciones, pleitos, viajes y zarandajas, exclamó con un ademán magnífico: ¿Un millón de pesetas? ¡Dárselo y acabemos de una vez! Pero Sánchez Pastor añadió irónicamente: -Hombre, sí; darle el millón en se- La razón de su nacimiento fue la siguiente: convenía, claro está, que las dos columnas firmísimas de la Sociedad siguieran colaborando con cuantos músicos comprometidos pudiesen, pero eso era ir á pie y nosotros queríamos avanzar en tren expreso. Se necesitaba, además, que escribieran muchas obras solos... pero desgraciadamente ni Quislant ni Barrera tenían nombre de cartel, y el público se paga mucho de esas cosas... La firma con seudónimo tenía dos ventajas: primera, que siendo libres Barrera y Quislant, Fiscowich no podría copiar ni servir sus obras, y su catálogo no iría ya á la par que el nuestro; y segunda: que el público sería muy dueño de suponer que detrás de Montero estaba Beethoven y detrás de Montesinos Meyer- m TTTmmTnn- Tfai í ¡ll ¡h n g m- i r