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A B C MIÉRCOLES 3 DE AGOSTO DE! 9o5. PAG 8 y de la forma en que suelen presentarse las diferentes fases de los eclipses, prescindiendo para ello de las disensiones de los sabios sobre la constitución física del núcleo central, y dando desde luego como admitido que, en conjunto, es gaseoso. Situada esta estrella á más de treinta y siete millones de leguas de nosotros, se ha calculado, con la dificultad consiguiente, que su volumen es millón y medio de veces mayor que el de la tierra; su masa, setecientas cuarenta mayor que la de todos los planetas y satélites reunidos; la intensidad de su luz, la de 200.000 bujías colocadas á un metro de distancia, y su temperatura, según las observaciones del P Sechi, de diez millones de grados. El núcleo central se halia rodeado de una atmósfera de gas llamada fotosfeía, que constituye el globo luminoso que nosotros vemos, en la que constantes corrientes de su materia, concentraciones y desgarrones de la misma hacen que, visto este foco de luz con anteojos apropiados y aun á simple vista, presente de una manera variable, cerca de los bordes, trozos más brillantes llamados fáculas ó manchas obsc iras, llamadas manchas del sol; y claro es que dada la distancia que nos separa de dicho astro, para que ¡as fáculas y las manchas sean visibles, es preciso que tengan longitudes superiores a treinta mil kilómetros. Se hallan todavía en estudio la prioridad de presentación de estas manchas y las relaciones que parecen existir entre su aparición y los cambios atmosféricos; esto último constituye un problema de verdadera y trascendental importancia para la agricultura. La fotosfera se halla rodeada de una delgada capa de gases, que, á pesar de encontrarse en estado candente, tienen una temperatura inferior á la de aquella. Esta capa, llamada extrato inversor, á su vez se halla rodeada por la cromosfera, constituida principalmente por hidrogeno, que aparece en forma de llamas y origina en algunos puntos cercanos á la fotosfera unas nubes luminosas, rojas, llamadas protuberancias. Por último, limitando estas distintas capas, existe una inmensa corona luminosa que, como continuación de la cromosfera, va desvaneciéndose hasta perderse en el azul del cielo La fuerza luminosi de! a fohsfeia hace que de ordinario no podamos coi tempiai a simple vista, ni aun con el aux 10 de potentes anteojos, ninguna de las discretas capas que la envuelven, y sólo cuando la luna nos la oculta, es decir, al veriPcarse un eclipse, es cuando podemos admirar dichas capas y gozar de este hermoso e indescriptible espectáculo luminoso. Todos sabemos que la tierra gira alrededor de su eje en un día, se traslada en el espacio recorriendo una elipse alrededor del sol en un año, tiempo durante el cual podemos suponer inmóvil al sol, aunque así ao sea en realidad; y por último, que la luna, nuestro satélite, gira alrededor de la tierra, acompañándola en su viaje alrededor del sol y empleando e i cada vuelta algo más de veintisiete día- Si estos circuios mensuales los describiese la luna en el mismo plano en que se mueve la tierra al dar su vuelta anual alrededor del sol, en todas las lunas nuevas se interpondría ésta entre el sol y la tierra y daría origen á un eclipse de sol; pero como esto no se verifica así, el fenómeno de los eclipses ocurre en períodos que la astronomía, ciencia de exactitud asombrosa, calcula con prec sión millares de años antes que se sucedan, por procedimientos que no encajan en los estrechos límites de un artículo. Se observan por término medio en la tierra setenta eclipses, veintinueve de luna y cuarenta y uno de sol, cada dieciocho años. Según la distancia de la luna a la tierra, el lugar de ésta en que se haga la obsetvación y la posición respectiva de los antros, la luna nos ocultaría todo el sol, un i pa te de el ó sólo el centro, lo que dará lugar a las tres clases de eclipse: tota! parcial ó anular. El eclipse que i esulta total para los habitantes de una parte de la ti en a, es parcial para los de otra, y siempre la región del eclipse total es mucho menor que la correspondiente al parcial. Ocupando las aguas las tres cuartas partes de la superficie de la tierra y existiendo en ésta muchas regiones inexploradas y otras inabordables en algunas épocas del año, se comprende lo frecuente que será que la, faja que recorra el cono de sombra que produce el eclipse total, corresponda a alguno de estos lugares, y la imposibilidad, por lo tanto, de hacet una buena observación de estos eclipses. No es aventurado suponer que solo unos cincuenta eclipses totales de sol podían observarse en cada siglo, y como la duración media de cada uno de aquellos viene á ser de tres minutos, se explica fácilmente que, aunque trate el hombre de estudiar todos los eclipses que se verifiquen en el curso de su vida, no pueda dedicar á estas observaciones más que dos horas y media. Esto justifica la necesidad de que todos aportemos á estos estudios que tratan no sólo de desc brir a constitución del sol y sus relaciones con los demás astros, sino hasta la razón de nuestra existencia, el mayor número de datos y de observaciones personales. EL PRÓXIMO ECLIPSE. TRAZADO DE LA SOMBRA DE LA LUNA SOBRE ESPAÑA Y TÚNEZ iti- rrnrimcmíninnrimEriilTmanir ninnraifiiit n m n r IlflrI mmm minr