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A B C. MIÉRCOLES i3 DE AGOSTO DE 190 S. PAG. 5 r -ti 1 AS DUNAS DE GUARDAMAR (ALICANTE) I.1 QUERAS Y VINfaDOS ENTERRADOS EN LA ARENA NARYAEZ Y MABELJCA Jtfedma Stdonia y Jlgosto de jpo 5 I a última vez que visité a Narráez fue para saborear en el almuerzo la rica sopa hecha con cangrejos que le enviaban de Loja. Esto aconteció a fines de 1864, de modo que hace ya mas de cuarenta años. El general no picaba en gastrónomo, pero la comida era en su casa limpia, abundante y sabrosa, con muy buen servicio. Cuando el anfitrión estaba de humor, resultaba agradabilísima la sobremesa, gracias a los cuentos y sucesos que refería con chiste, dándoles mayor atractivo el ceceo andaluz y las interjecciones españolas con que ¡os salpicaba. Tratábase en aquel día de lo difícil que es ser caulo en todo y preverlo todo. Cierto- -dijo el general, -que muchas veces sale el tiro de donde menos se espera. Acaba de ocurrirme un caso con dos personas que nada tienen de diplomáticas ni de salomónicas, y he aído de hoz y de coz en el garlito. La una es mi ama, la madre Isabel, a quien llamamos por apócope y en diminutivo, aun cuando tiene más de ochenta años, madre Bélica, ó Mabelica en una sola palabra. A esta buena mujer, que me quiere mucho, que me llama T amoncico y que me tutea, debo estimarle que jamás me importunó con empeños ó recomendaciones. Yo la amparo y ella se muesira siempre tan cariñosa como agradecids. Vamos al sobrino de Mabelica, que es el verdadero señor de mi historia. Procuré darle carrera, profesión u oficio, pero fue imposible. Su entendimiento era limitadísimo, y su cuerpo débil, mezquino y enfermizo. Ni en el orden físico ni en el moral, valía un pito. Las viruelas, además de afear su 1 ostro, le habían delado tardío en oír y corto de vista. Con tales precedentes comprenderán ustedes mi sorpresa a escuchar la preten- s; ón de Mabelica, que se reducía á pedirme un empleito productivo, decente, tranquilo y de poco trabajo para el bendito sobrino, cuyo amor quitaba el sueño a mi pobre ama. Tomé con calma y á broma tal demanda, y le contesté: ¿Te parece que lo hagamos canónigo? -No, hijo; él no entiende de latines ni tiene estudios de iglesia. ¿Y capitán de caballería? -Menos; porque ni es valeroso ni le gustan cosas de tropa... ¿Y gobernador civil? -Tampoco es propio para eso. El de lo que entiende mucho, es de números y cuentas; el otro día, no mas que por entretenerse, nos ajustó en menos de media hora los minutos que tiene un año. -Pues sabiendo tanto de matemáticas, lo colocaremos en el Observatorio, ó en el Banco, ó en la Dirección de Contribuciones. -Nada de eso le acomoda... -Pues mira, Mabelica, por servirte, o haremos Merino Mayor de Jauja, plaza que hoy se halla vacante. ¡Quita allá! ¡No, por María Santísima! Esa tierra estará muy lejos... y habrá que ir embarcado... ¡Líbreme Dios! Mi sobrino ha de quedar en Granada, que es el pueblo que le gusta y donde tiene costumbre de vivir con su pobre hermana, que lo cuida y que conoce su genialidad y sus gustos. -Pues corriente- -le contesté, ya un poco amostazado con tanta majadería. -Quedaras servida, con las precisas condiciones de que el sobrino me mande una nota muy clara del destino que desea, y de que yo me penetre de que tiene aptitud para desempeñarlo con el mayor acierto. ¿Me entiendes bien? -Sí, hijo mío; tienes mucha razón. Si te queda el menor escrúpulo con respecto á su capacidad, nada hay que hacer y nada hay de lo dicho. Y después de aguantarle dos abrazos y dos besos, tomó la puerta Mabelica, y yo me quedé sonriendo ante la imposibidad de hallar el destino ideal que el sobrino deseaba. A I poco tiempo recibí la nota que van ustedes á oir, y que conservo como papel curioso. Narváez sacó el documento y leyó lo siguiente: Antes del 9 de Febrero de 1862, en que fue abolida la lotería primitiva, no era fácil la administración del ramo, por ser necesario dar recibos á los jugadores, ajustar las cuentas de cada uno con arreglo á extractos, ambos y temos; recibir los pagarés de Madrid, etc. etc. Hoy, con la lotería moderna, todo ha cambiado. El trabajo se reduce á recibir, pongo por caso, cien billetes, que, á tantos reales cada uno, montan a tal suma; sellarlos en el respaldo y venderlos luego á los tontos y á los discretos que acuden Í- JMl (A h fc LAS DUNAS DE GUARDAMAR (A L I C A N T E) VIVERO DE PINOS, CARRASCOS Y PIÑONEROS EN EL CENTRO DE LA DUNA, LIMITADO POR UNA VALLA DE CAÁÍ OS