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JEAÑQ TRES. NUMERO 225. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. S ¿MADRID, a 3 DE AGOSTO DE i 9 o5. NUMERO SUELTO, 5 CENTS. El ministro de Agricultura, nada propicio á fosilizar su entendimiento allegando datos muertos y enterrados en los nichos desmedradísimos de las informaciones escritas, concibió desde el primer momento la buena idea de estudiar en vivo, viéndolo y analizándolo, el problema de Andalucía, porque aquello que nos penetra por los sentidos deja huella hondísima en nuestro ánimo, huella que nunca puede dejar lo que sabemos de oídas por mucha fuerza descriptiva que ponga el narrador en su relato. Consecuencia de haber ido el conde de Romanones á Andalucía es esa nota de hondo y profundo sentimiento que aviva é ilumina la Memoria ¡informativa que el ministro de Agricultura leyó á sus compañeros, y resultado de ese sentimiento no desordenado y chocarrero, sino elevadísimo y ardoroso, son las conclasiones rotundas, concretas, casi lapidarias que el Conde propuso ante ei Consejo. Después de leídas aquellas conclusiones, que no necesitan ser razonadas porque son enunciados de axiomas, y después de pronunciadas las ásperas y nobles frases finales llenas de verdad, no es extraño que los ministros quedaran impresionadísimos. Crean éstos firmemente que no bastarán, como dijo el conde de Romanones, palabras ó promesas mejor ó peor trovadas; hay necesidad de hacer, de legislar y pronto. El invierno se aproxima y con doble fuerza entonces se o: rán los lamentos de los andaluces. Al acometer las reformas propuestas por el ministro de Agricultura piense el Gobierno que no sólo resuelve el llamado problema de Andalucía, sino el problema nacional, porque de todo lo que ahora y luego sucederá, esa dolencia que hoy se manifiesta aguda al Mediodía de nuestra España es lo principal. El lamento de la Patria es el que se ha oído en el Consejo de ministros; por eso se han estremecido, se han emocionado los consejeros. Tiempo hace que sospechábamos nosotros en el Sr. Dato Iradier vagas tendencias á la ironía é inesperados pujos de originalidad y de elegancia. Vivo el señor Silvela, no se atrevía su amigo y admirador más fervoroso á darla de elegante; pero muerto, por desgracia, aquel refinado y daurevillesco caballero, el Sr. Dato Iradier puede libremente aspirar á tener un perro como Alcibiades y á cortarle el rabo para llamar la atención. No teme, al hacerlo así, molestar ásu nuevo principal, porque el Sr. Maura no cifra su orgullo en las flexibilidades florentinas, sino más en las romanas rigideces. He aquí por qué el Sr. Dato comienza á manejar la paradoja, figura retórica un poco aventurada; y desde la paradoja pasa á aquella otra figura que llaman adynaton ó imposible, viniendo á decir que los ríos remontarán su curso x y los astros olvidarán su carrera antes que el Sr. Maara deje de ser un liberal y un demócrata convencido, antes que el señor Maura se entregue en brazos de la reacción y del clericalismo. Para ser la primera vez que el Sr. Dato Iradier se lanza al cultivo de la ironía, no está mal. Si su designio era obtener una sonrisa de los espectadores, lo ha logrado ahora, como cuando creía que lo único importante aquí era la cuestión social, de la cual, por cierto, no ha dicho una palabra al redactor de Le Temps. Nos hemos sonreído un poco viendo que Alcibiades, digo, el Sr. Dato, intentaba cortar el rabo á su perro; sólo que la falta de costumbre y el orgasmo natural y consiguiente á la noyedad de. presentarse en funsiones cómicas quien fue siempre actor serio, le ha hecho cometer un pequeño y disculpable error. El perro de Alcibiades, para el Sr. Dato Iradier, era la cuestión social, naturalmente. Y en vez de cortarle el rabo, le ha cortado la cabeza. ENE 1 NFANTAS DE ESPAÑA Y PR 1 N 1 CIPES DE BAV 1 ERA Si se realiza, como está indicado, el matrimonio de la popular y simpática infanta doña María Teresa con el príncipe D. Fernando de Baviera, será éste el T e cuento de vieja (conté a dormir de tercer enlace en estos tiempos, de miembout) ha calificado el Sr. Dato 1 ra- bros de la Casa Real de los Wittelsbach dier, hablando con un redactor de Le con Princesas de la de Borbón. Temps, el reaccionarismo y el clericalismo El príncipe Adalberto, abuelo de don del Sr. Maura. Fernando é hijo tercero del rey Luis 1 El Sr. Dato Iradier, recentísimo y su- de Baviera y de la princesa Teresa de miso lugarteniente del Sr. Maura, se ha Sajonia Hildbourghausen, se casó en esforzado en dar á las naciones extranje- Madrid el 25 de Agosto de J 8 5 6 con la ras, habituadas á considerar las noticias infanta doña Amalia de Borbón, hermana de Le Temps como un oráculo, sobre todo del rey D. Francisco. El Príncipe bávaen asuntos de reacción, una prueba de que ro, que era un buen mozo en toda la exél, D. Eduardo, sirve y servirá á su nue- tensión de la palabra, se hizo muy povo jefe con tanta fidelidad como ingenio. pular y simpático en Madrid. No perdía EL LAMENTO DE LA PATRIA J o basta para gobernar poseer grande inteligencia, vivo interés por el bien público: es preciso, además, tener resolución, voluntad firme. En España fueron siempre muchos los hombres de relevantes dotes mentales; muchos también los que acometieron con un fin decisivo, pero pocos los que persistieron con tenaz constancia en llevar á la práctica un pensamiento político, una idea salvadora y íecunda. Desde que el país se rige conslitucionalmente, los Consejos de ministros, por regla general, son reuniones monótonas, en que siempre con tono declamatorio, porque todos Jos españoles somos más ó menos oradores, se expone á la consideración de algunos bondadosos colegas lo que e! preopinante piensa acerca de un negocio de gobierno- Como decía Zorrilla de las apelaciones ante las Salas de justicia, se solfean ante el Consejo expedientes administrativos de vario color y, sin pasiones, con toda serenidad, se resuelve lo que ha de hacerse en definitiva. lina nota afectiva, una proposición caldeada por el fuego vivo del sentimiento, que es en toda ocasión el ánima de Jas cosas, contadas veces suele oírse en un Consejo, y mucho menos en época en que las Cortes están cerradas ó disueltas, como al presente ocurre. Y cuando algo de esto se oye suele ser porque jinda al medio, no el interés público, sino el amor propio, la lucha de egoísmos personales. Grandísima, pues, debió de ser la impresión que causaron en la última reunión de los consejeros responsables Ja palabras pronunciadas por ei conde de Romanones. Lo hemos dicho algunas veces en estas columnas: en Andalucía se está incubando desde hace un cuarto de siglo la enfermedad más terrible que puede minar la existencia de un pueblo. Andalucía ha vivido, sin comparación, más que el resto de España. Desde épocas remotísimas, anteriores á la fijación del dato histórico, esa parte de nuestra Península, con diversos nombres ha sido conocida y explotada; la tierra está, como Campoamor decía, cansada de dar flores; el clima hace arder las imaginaciones y mata la voluntad; la abulia, la poltronería ha pasado de las personas á las cosas, y como los infelices, los que nada tienen, propenden á la política de la exasperación ó adoptan las resoluciones más radicales, una nube negra se cierne sobre ese pedazo sagrado de la tierra española, sobre los habitantes de reinamiento mora! é intelectual incomparable de ese pedazo del territorio nacional. EL PERRO DE ALCIB 1 ADES