Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C LUNES 21 DE AGOSTO DE IQO 5. PAG. 6 zuelera bastante grave. Bueno, pues entonces, hablando de los perjuicios que ocasionaba la guerra de archivos, porque Chapí, á pesar de ofrecerle una fortuna, rechazaba la fusión del de usted con el suyo, usted me ofreció mil duros en oro si yo lograba hacerla. ¿No es verdad? -Sí, algo recuerdo; pero como usted comprende... -Yo no comprende más sino que ahora le traigo á nsted hecha la fusión, que no le cuesta un cuarto, que va usted á ganar mucho con ella... y que renuncio á los mil duros de corretaje. Y le regalo á usted, además, el beneficio del cambio, que está á cuarenta. Cospechó Fiscowich que la broma del oro era inocente y tolerable, comparada con la q e traía al retortero, y tuvo que apelar á su exquisita educación para no indicarme con un ademán que por la puerta se iba á la calle. Pero á los cinco minutos se había convencido del escaso fundamento de la sospecha. Porque la proposición era la siguiente: D Florencio tenía alquilados, a quince pesetas, veinticinco archivos, por término medio, los cuales, descontados los gastos, le producían sesenta duros diarios, mas bien más que menos. Chapí alquilaba generalmente doce, también á tres daros, que le daban un producto líquido de cien to cuarenta pesetas cada día. Y por lo tanto, el primero obtenía una ganancia anual c e veintitantos mil duros, y el segundo de diez mil y pico. M e parece que la cosa está clara y, además, ambos conservarán las cuentas, que no me dejarán mentir. Pues bien, juntos los dos y administrados por una tercera persona ó entidad (la Sociedad de Autores, naturalmente) que había de simplificar el servicio quitando trabas y expedientes, favoreciendo la formación de compañías, suprimiendo ó reduciendo mucho las fianzas, y persiguiendo con mayor facilidad ocultaciones y fraudes, era de suponer que el término medio de archivos alquilados diariamente á cuatro duros, había de ser, por lo menos, de treinta y cinco. Y como de estas veinte pesetas, quince recibiría Fiscowich y cinco Chapí, deducidos en la debida proporción ios gastos, saldrían ganando todos: las empresas, porqu: podrían disponer del repertorio entero, ahorrándose cada día diez pesetas y las gabelas de fianza, obra nueva y pronto envío; Fiscowich, porque recibiría próximamente treinta mil duros anuales; Chapí, porque seguiría cobrando sus diez mil, ó algo más, sin quebraderos de cabeza; la Sociedad, porque apartando para sí el i o por i oo del ingreso como administradora, podría rebajar el tanto de administración á los socios; y éstos, porque además de obtener el beneficio de ese tanto, aumentarían su recaudación por la mayor facilidad que se daba para la representación de sus obras. Fiscowich, ante la claridad meridiana de estos cálculos, cuya exactitud conocía mejor que nadie, se quedó con la boca abierta y no encontró reparo alguno que poner. Únicamente dijo, pof decir algo: -Bueno, sí; está bien. Pero ¿y don Ruperto... -D Ruperto acepta desde luego, y con su 1 cencia venimos. -Sin embargo, sería conveniente que él me escribiera. -No hace falta. Está en Madrid, y si usted quiere nos reunimos en la calle del Florín esta misma tarde, para que la combinación empiece á dar sus frutos mañana. ¡Hombre! tanto como mañana... -Bueno, mañana no, porque comprendo que es demasiado pronto. Pongamos dentro de ocho días. Vlebróse la reunión, se estudiaron las bases, diéronse un abrazo, con lágrimas en los ojos, los dos irreconciliables enemigos, convinieron en cesar en los pleitos que entre sí teman (siempre habían andado en eso) y Fiscowich prometió redactar la minuta del contrato en Fusnterrabía, para donde salía a! día siguiente, remitírnosla para la aprobación y convidarnos después para firmarlo en San Sebastián... ¡Hasta tal punto había llegado su enternecimiento! Pero jayl en cuanto le oreó la fresca brisa de la playa, se le enfrió un poco el entusiasmo y penetró en su corazón la desconfianza. Una desconfianza que se explica fácilmente. ¡Demasiado conocía él á los autores dramáticos! Aquella sociedad que iba á administrar su archivo, ¿duraría mucho tiempo? ¿No le echarían la zancadilla más temprano ó más tarde? ¡Nada! lo mejor era apelar al sistema moro de discusiones lentas y aplazamientos largos... Poco á poco se iría pasando el primer ímpetu, á los seis meses no se acordaría nadie del asunto y las cosas quedarían como estaban. Lo cual hubiera sucedido probablemente si no estuviera yo en el mundo. Pero í I J íií 1 t fl 1 IV I -mi. i- Ve íyf f SAN SEBASTIlÁN. TIRO DE PiOtfÓN. S. M EL REY EN EL ACTO DE MATAR EL PAIARO, CON CUYO DISPARO GANO LA COPA i