Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C LUNES 21 DE AGOSTO DE i 9 o5. PAG. 5 haber encontrado una solución que, armonizando todos ¡os intereses, había de. parecer de perlas á cuantos de ella dependían. D. Florencio nos recibió muy afable, pero se dijo para su capote, sin duda: -Vaya, éstos tienen gana de conversación y no me van ú dejar trabajai este verano. Y añadió en voz alta: Quél ¿Ya me traen ustedes los dos millones? ¡Ay! no, señor; todavía no. -Pues yo creí... -Pero no perderá usted la visita, porque yo, particularmente, vengo á hacerle un regalo. ¿A mí? ¡Hombre! y ¿qué es ello? -Mil duros en oro. Fiscowich dirigió una mirada interrogante á López Silva, pero las patillas se le antojaron otras dos interrogaciones, y me miró entonces á mí un poco duramente, como para advertirme que no toleraría bromas pesadas. Le tranquilicé en seguida diciendo: -No es broma, no, señor. ¡En oro contante y sonante! ¿Recuerda usted que cuando yo intervine para hacer la paz entre la empiesa de Apolo y Chapí, tuve que tratar con usted para suavi ar cierto contrato que la impedía? -Sí; y por cierto que accedí en e! acto á la demanda. -Cosa que yo le agradecí mucho, por que ayudó usted á resolver una crisis zar- GRANADA. LA ALHAMBRA EN PELIGRO. L S T A D O R U I N O S O D E L P I S O BAJO DEL S A L Ó N DE EMBAJADORES TEATRO. CAPÍTULO X. M I EL ULTIMÁTUM De que Fiscowich- acabaría, mas tarde ó mas temprano, por vendernos su archivo en condiciones aceptables, no me cabía duda. La riqueza representada por el derecho exclusivo de reproducción de materiales de orquesta, era efectivamente enorme; pero... se apoyaba en una base falsa. Si el capital de un hombre consiste únicame te en el trabajo de otro, deja de serlo en cua ito este otro no trabaja. Los músicos teman ei deber de entregar á Fiscowjch cuantas partituras hicieren, pero no estaban obligados a hacerlas. De modo que si se conseguía que los que habnn de producir se cruzaran de brazos, ios dos millones serían inmediatamente agua de cerrajas. La tarea era difícil, pero no ¡a juzgaba yo entonces imposible, obre todo haciendo ver á los interesados que de ese modo podían llegar al ideal de convertirse en únicos explotadores de si mismos, indemnizando cumpli- damente al capitalista, eso si, pero suprimiéndole en absoluto. Si los obreros de todas clases pudieran hacer otro tanto con tan pequeño esfuerzo, las condiciones económicas del mundo cambiarían de pronto, sin trastornos ni convulsiones... Podía, pues, Fjscowich darse por vencido, pero aúa quedaba un cabo suelto. De sobra conoen yo las ideas de Chapí; su ge istosidad me constaba de cierto; pero ¿que combinación podría inventarse para destruir su archivo también, aquel archivo creado y sostenido a tanta costa y rei 1 dido como cable salvador á los músicos que quisieran conservar su independencia? En estas cavilaciones me sorprendió el propio D. Ruperto, que tornó á Madrid en pleno Agosto, traído sin duda por los hados, cuando no le esperaba nadie. Su presencia fue el numen que me inspiró de pronto, como hace el numen siempre. ¡Algo podía intentarse para lo- grar el fin apetecido sin apelar á recursos heroicos! Hable, pues, á Chapí; le expuse en dos palabras mi plan, que aceptó en el acto, y contando con su aquiescencia, López Silva y yo volvimos á la calle de las Pozas. Pero volvimos confiados y seguros de GRANADA. LA ALHAMBRA EN PELIGRO. LA GALERÍA DE MACHUCA