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B AÑO TRES. NUMERO 222. CRQ ¡NICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. l MADRID, 2o DE AGOSTO DE 1905. NUMERO SUELTO, 5 CENTS. cual contesta él que este año no cae el pastoso, espeso, de fa prosa oficial, desCarnaval hasta Septiembre, y dicha esto lavazada y archi prevista en que está estira eí caballero de un cartapacio y lee crita el tal programa. con voz campanuda el larguísimo docuEse tuha á tufa rutinaria, harto más mento que le habéis visto escribir. temible y perjudicial que. el exhalado por Entérase Melisendra de fas dolencias los turíbulos sacrístanescos ó por las boittque Montero dice que ella padece y del bas ácratasr se parece mucho al olor de modo de curarlas, y como la heroica se- los coches simones- de los tranvías viejos, ñora es crédula y confiada, dice asf: de los teatros poco ventilados, de todos Id en paz, ¡oh, espejo de gobernan- estos lugares feos y tristes adonde, nos tes! que los ojos de vuestros amigos y alastran nuestra civilización ó nuestro parientes os vean gozar los muchísimos aburrimiento. Generaciones de individuo días, que os quedan de fa vida. nada lknpios enfermizos ó saludable Aqtrí alzó D. Eugenia la voz y díjor sudorosos ó acatarrados, femando éste, Llaneza, Felipe, llaneza! no te encum- digiriendo aquél, han pasado por tales sibres, que vas á dar un batacazo; mira que tios. El microbio de la convivencia, peor ni te dejo irá San Sebastián ni comer so- que el de ía tuberculosis y el del tifus se bre manteles ministeriales; que te mando halla esparcida en los aires. Nos respiramos los unos á los otrosí, según la frase á explicar Ley Hipotecaria. No respondió á esto palabra D. Feli- de un higienista español. Con estas prope Sánchez, sino que prosiguió diciendo: 1 miscuidades materiales coinciden siempre Ya lo sabe el concurso; ya lo- sabéis, y cotr ellas se combinan dentro de la psigobernadores y periodistas, militares, co- fisíologfa cortesana, otras mezcolanzas marinos, abogados, industriales, frailes, espirituales de más honda gravedad. De comerciantes y covachuelistas; ya os ha- ellas resultan, como de la calígine que bréis podido- dar cuenta cumplida de lo hemos intentado describir, apagados todos qu v á emprender D Eugenio, seguido las tonas, borrosas todas las líneas, envueltos idea y propósitos en una bruma de sus deudos y paladines esforzados. Y ahora, miren, señoras y señores, cuan cenicienta ó azulina que llega á suprimir lucida mesnada sale de las urnas: cristali- á á desgastar los valores morales de connas en seguimiento de los caballeros que ceptos y voliciones, y á quitarles toda su forman el Ministerio, y oigan cómo sue- originalidad y eficacia. nan los organillos, y los platillos y los; paEste olor es el olor que dio en la narfz lillos y cómo se escuchan los gritos de al personaje de una lamosa comedía ó los sacrificados de las oposiciones. zarzuela; y algo de zarzuelesco, algo Esa no, dijo al llegar D. Felipe á propio de ios tiempos de Olona y Gazesta parre de su recitado D Antonio tambide ó de Pastarfido y Oudrid hay Maura; antes que sacrifiquen á los míos, en el estilo, tono y arreo literario de de cuatro puntapiés destrozo ese tinglada este Manifiesto gubernamental. de retablo que armó D. Eugenio. Por fortuna ó por desgracia, na gozan La misma manifestación hicieron otros yar no se deleitare nuestras membrana señores que estaban presentes; pero á to- pituitarias con semejantes olores. Va hados los contentó Montero. biendo mucha gente que prefiere el sano Únicamente Melisendra lloraba. efluvio del mar y de la montaña á la pestífera exhalación de la covachuela. Lo V. C. zarzueleros van de capa caída desde que oímos á Wagner y gustamos de él al aire libre. Lo que, leído ante los ministros en una no hablar del curioso y amenísimo documento depositado ayer en ías habitación llena de huma trabado y de columnas de la Gaceta por el respetable vahos de todas clases, puede parecet señor presidente del Consejo? Sería ne- programa de Gobierno, leído al aire licesario, para guardar silencio ante tan re- bre y sin prejuicios no pasa de ser lo digalado quiñón de la buena y vieja Lite- cho, una muestra más de literatura vieja ratura política del siglo xix, na poseer como un mueble de prendería, no antifineza de paladar ni gustos estéticos cua- gua como una pitz- s. de Museo. les han criado en nuestras almas noventa ENE y tantos años de programas políticos, en cuya realización el amor propendió al adulterio aun mucho antes que el hastío pudiera quebrantar la fidelidad. El acra perfume de la política española, ese tuho ó tufo desaseado y prosaizan- 13 EALES Queda dicho que Portugal te que llena la atmósfera en el salón de Y REÍS está más lejos de España conferencias y en los pasillos del Con- que deí centro de Europa. Nos conoce greso, en los despachos y antesalas minis- menos, nos visita menos, Je interesamos teriales y hasta en los aposentos privados menos. Se comunica directamente por de los políticos de profesión, se emana, mar con Inglaterra y aun con Francia. RETABLO DE ¿D. EUGENIO I magf riese el lector la escena del retablo de maese Pedro. Callaron todos, tirios y froyanos, gobernadores, candidatos y alcaldes secretarios, gacetilleros y público; oyóse un fiero redoble de tambor que á todo el coacurso dejó suspenso, y alzando la voz Sánchez Román, que junta al retablo se hallaba, dijo: Esta verdadera historia que aquí á vuestras mercedes se representa está ideada por el Sr. Montero Ríos é inspirada en los mejores romances y tópicos políticos conocidos hasta el día. Trata de los propósitos del Ministerio y de cómo ningún probiema, por peliagudo que fuere, dejará el Gobierno de resolver, si Dios fuere servido. Y vean, vuesas mercedes por esta, parte del retablo coma juegan al ajedrez García Prieto y D. Eugenia, según aquella q. ue csntsr Jugando ai ajedrez se halla Montera, que ya de mister Hay está ofvidado. E 1 personaje que allí asoma, de lauro inmarcesible coronado, es el orador Moret, que va del brazo con Canalejas, y ambos muy mohínos al ver el ocio de don Eugenio, fe reprenden der áspera manera y muestran en la cara el deseo de darle con una cachiporra media docena de coscorrones. D. Eugenio, despechado, tira de pluma barbada, rebusca en su magín las atenuaciones las hipérboles, lasan ti metáboles y paradojas de la retórica política más soplada y académica, se encierra en un solitario aposento donde arde una bien cebada lumbre, y en un dos por tres escribe cuanto se le ocurre para salvar á MeÜsendra, á quien un ilustre cronista bautizó con el nombre de Concha España, la cual se halla á punto de fenecer por la vida arrastrada que le dan gobernantes dignos de regir en la antigua Sansereña. sVed qué acongojada se encuentra la altísima señora Mefisendra, quiero decir Concha España; pero advertid cómo de repente se alegra al ver de lejos á ocho caballeros, á cuyo frente camina D. Eugenio, vestidos todos con pieles de león. Mirad cómo el glorioso jefe se adelanta sin ser conocido de Melisendra, que cómo había de reconocerle yendo él como va con tan espantables despojos cubierto, y escuchad e! coloquio entre ella y don Eugenio que dice aquel romance: Muchacho, si á Es- paña ¡des por Montero preguntad. ...Y NO A ÁMBAR ESPAÑA DESDE LEJOS Mas he aquí que de pronto descúbrese D. Eugenio á Melisendra, que pregunta sí ha pasado eí miércoles corvílío, á lo