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j AÑO TRES. NUMERO 220. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. caz con que ha procedido, ni de su historia podría nadie esperar otra clase de vesoluciones. El presupuesto de gastos para salvar la Alhambra, el dinero, saldrá de donde sea, pero saldrá; esto ha dicho el Sr. Mellado. Bien manifiesta se ve la voluntad buena del ministro. Pero mucho tememos que tan felices disposiciones se estrellen como se estrellan aquí las iniciativas más loables. Pensamos que el ministro, antes de prometer ha tenido conciencia de lo que promete, y sabe que contener la ruina de la Alhambra costaría muchos millones, y que es posible que, después de gastados, la colina roja se viniera abajo. ¿Quiere esto decir que no se deben gastar todos, absolutamente todos los millones que hagan falta para reparar la Alhambra? De ninguna manera. La cultura actual, nuestro buen nombre, el respeto que merecen nuestras grandezas, demanda de nosotros, para que nos estimen los extranjeros, conservar, á toda costa, maravillas arquitectónicas como la Alhambra granadina. El día en que perdamos el amor á ¡os actos heroicos, á los monumentos artísticos de nuestros antepasados, el nexo que debe siempre existir entre los españoles de ahora y los de otros tiempos se romperá, y nuestra historia no será continuación de la de nuestros antepasados. De que no suceda tamaña desventura hay que cuidar mucho, porque los españoles que fueron son los que formaron la Patria y mejores abuelos no es fácil encontrar. Pero sí hay derecho á pedir que geólogos, arquitectos é ingenieros estudien el modo de que las reparaciones que se realicen en los edificios, la desviación del Darro y seguridad de la colina roja con mifros ó refuerzos de contención sean los más sólidos que pueda conseguirse. Y si Juego un cataclismo geológico echa por tierra la obra de los hombres, no se dirá que es por culpa de los españoles. 1 ¿MADRID, 18 DE AGOSTO DE i 9 o5. NUMERO SUELTO, 5 CENTS. donde hasta hace poco hubo, y tal vez haya aún, formidable lucha de ideas y de intereses. ¿Por qué no han de verificarse al mismo tiempo las elecciones y el concurso musical, si una y otra deben ser fiestas de la paz y de la armonía, de cualquier manera que se las considere? Un dogmático pensará que la votación debe ser un acto análogo al de emitir la voz acordadamente en un coro ó al de tocar este ó aquel instrumento en una orquesta; y un escéptico juzgará que lo uno y lo otro es música. Por lo visto, en Bilbao no son dogmáticos ni escépticos en política: el acuerdo tomado no es señal de escepticismo desolador ni de dogmatismo autoritario, sino más bien prueba de suave, untuoso y lene eclecticismo. Con él se trata indudablemente de no perturbar la armonía musical con prosaicas disputas ó, al revés, de no quitar al acto de las elecciones el reposado y s. evero carácter que debe revestir. Pero cuando ya estábamos casi entusiasmados con esta pequeña consideración, la segunda noticia viene á echar por tierra nuestro castillo de naipes. N o se suspende Ja audición de orfeones y bandas porque se tema una lucha electoral encarnizada. La prueba es que ni siquiera se encuentra un señor dispuesto á ofrecerse como candidato monárquico frente á ese venturoso Sr. Solaegui. No va á haber pelea. No Jiabía, pues, fundamento para el temor de que ni el estruendo de Jos palos y bofetadas, ni la canción halagüeña del oro electoral, tantas veces oída en la capital de Vizcaya, turbasen Jos cantos de los orfeonistas. ¿Es ó no lamentable que no haya lucha, que Jos monárquicos bilbaínos no topen con un sujeto decidido á sacrificat sus millones por el gusto de representat á la invicta villa? El dogmático opina que es lamentable, el ecléctico, que en eso, como en todo- hay sus más y sus menos. En cuanto a escéptico, sigue entendiendo que todo es música. ENE publicábamos ayer un telefonema de San Sebastián en que se nos comunica la triste y lamentable noticia de que amenazan ruina las galerías del patio de Machuca, la torre de los Puñales, los aposentos de los Abencerrajes y algunas otras edificaciones de la Atfumbra de Granada. Recuerdo glorioso de otros tiempos, la Alhambra de Granada es orgullo de nuestra nación, poema en piedra de generaciones de artistas, que condensaron en paredes y techos, en patios y torres, el alma de un pueblo que fue grande. Descubrir la Alhambra, describirla, mentar sus tarbeas ó aposentos, sus patíos, sus galerías; hablar de las leyendas con que la fantasía del pueblo poeta animara los lugares, las albercas, los rincones iodos de aquella edificación maravillosa, que se alza dominadora sobre la ciudad granadina, sería puerilidad manifiesta. Un poeta tradicional de la enjundia de Zorrilla, aquel que animó las ruinas y evocó los muertos, según dijo el sublime poeta orador Castelar, no tuvo, á p sar de su orieníalesca imaginación, potencia épica suficiente para encerrar en versos inimitables la hermosura máxima de aquella cifra de Ja grandeza pasada. Hay algo que no puede decirse, algo que el lenguaje humano no puede encarnar, que sólo ven los artistas de primera magnitud: ese algo es lo inefable, y lo inefable allí son los cambiantes de luz á las distintas horas del día, el verde de las frescas arboledas, de distinto matiz en cada grupo de hojas, Jas varias y peregrinas caricias de la luz sobre azulejos y labores, sobre baldosas y albercas, sobre techos y tejados; el ambiente que no se ve, ni se oye, ni se palpa, pero que se siente, que penetra en el alma á través de sentidos no clasificados todavía por no tener órganos fisiológicos conocidos. La Alhambra y su ambiente amenazan hundirse, desvanecerse para siempre; la desagradable noticia sorprendió al ministro de Bellas Artes dolorosamente, y tan os noticias de Bilbao son suficientes á pronto como recibió la comunicación del ocupar diez minutos la atención del Sr. Gómez, conservador de la Alhambra, gacetillero. La una dice que acón motivo en que éste le notificaba el estado ruinoso de verificarse el día 1 o las elecciones, se de las citadas construcciones, el Sr. M e- ha aplazado para los días 16 y 17 el conllado, que antes que político y gober- curso de orfeones y bandas. nante es, por sus gustos y su temperaY la otra anuncia que, proclamado mento, un artista, fiel amador de nuestras candidato republicano el Sr. Solaegui, glorias, un periodista insigne y culto, pro- ios monárquicos trabajan por presentarcedió corno intelectual, y fulminó órdenes le un competidor, pero luchan con granapremiantes para que se proceda sin pér- des dificultades, pues nadie quiere dar su dida de tiempo á ejecutar Jas reparacio- nombre, considerando seguro el triunfo nes necesarias en evitación de la ruina de de los republicanos. aquella joya arquitectónica. Ambas noticias revelan na curiosa é No merece ei señor ministro de Beilas interesante situación política, tanío más Artes sino alabanzas por la diligencia efi- de apreciar cuanto que afecta á ciudad Y ELECCIONES EL EMPERADOR DE AUSTRIA f- f oy cumple setenta y cinco años el respetable Francisco José de Austria, que nació en Schonbrund el 18 de. Agosto de 183o. Dieciocho años tenía cuando subió al trono el 2 de Diciembre de 2848, por abdicación de su tío el emperador Fernando y por la renuncia de su padre el archiduque Francisco Carlos, heredero de su hermano, que no tenía hijos. Su madre, Sofía, una princesa bávara, de gran ntcligencia y de firme y enérgi