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VO 951 i6 BIBLIOTECA DE A B C EDMUNDO 15 de figura desmedrada que le abrazaba cariñoso; E d m u n d o correspondió á las atenciones del desconocido, comprendiendo que era james Lockrist, su tío. Vestía éste un traje grotesco, cortado según la moda francesa de 1780; era el vestido de riquísimas telas indias y estaba recargado de adornos anticuados y de diamantes de tamaño enorme; en el chaleco y la casaca, la profusión de bordados d perlas finas era tanta, que Lockrist semejaba una imagen milagrera en el día de su fiesta. Aún llevaba el nabab, como genuino representante de una Francia que fué, medias de seda bordadas, zapatos con hebillas y una espada con rica empuñadura, atavíos propios de los tiempos de M a d D u B a r r y E d m u n d o al contemplar la facha de su tío James, tuvo que reprimirse mucho para no soltar una carcajada. N o podía dudarse que James estaba con tales atavíos en el esplendor máximo de lo ridículo. T í o y sobrino partieron inmediatamente con dirección rl palacio del nabab, situado treinta leguas al N o r t e odc Calcut F u e r o n á lomos de un hermosísimo elefante, según es uso en aquel país, y tan enorme distancia la recorrieron en veinticuat r o horas. D u r a n t e la caminata, Lockrist despachóse á su gusto: su locuacidad no conocía freno: habló de sus enormes riquezas, de sus tesoros allegados á fuerza de trabajo y de paciencia. A detalles tan prolijos descendió en su narración, que E d m u n d o tuvo que esforzarse para que el sueño no le rindiera. Entretanto Jenny esperaba á su primo con ansiedad. Había ideado y convenido la hija del nabab con su padre, que ella no se daría á conocer á E d m u n d o inmediatamente, sino que durante cuatro días aparecería como una doncella, como una criada distinguida. La ficción que Jenny había inventado era una creación de su inocente ronianticismo, consecuencia de las lecturas de la joven y de su candor femenino. O t r o más experto que E d m u n d o en el estudio de los corazones, hubiese comprendido ínmediatament; el engaño; pero el marino, falto de experiencia, no era fácil que descubriera el juego de su pr? ma. Esta con el finísimo y no aorendido instinto de su sexo. y ser útil á su madre, viejecita y trémula. Tal era la última noticia de la carta: a E d m u n d o se ha embarcado en el navio Twkte- et- Yariko, con rumbo al archipiélago ludico, y así Dios permita que llegue á encontrarse en vuestros brazos un sobrino que os querrá entrañablemente. P o b r e viuda, pobre E d m u n d o Lockrist. tan bueno, tan bravo y tan hermoso. James lloraba de alegría al considerar que sus riquezas podrían servir para aliviar la triste suerte de aquellos seres. Sintió el excocinero la necesidad de conocer á su sobrino, y una. circunstancia encendió aún más el vivo deseo del padre de Jenny. P o r aquel tiempo los médicos aseguraron que la hija del nabab comenzaba á sentir los efectos de la anemia que había llevado al sepulcro á sus hermanos, y antes de que el mal hiciera progresos, participaron á James que convenía á la salud de Jenny contraer matrimonio y cambiar de clima. Difícil era, y James lo sabía, encontrar en la India un hombre digno de su hija y que consintiera en abandonar la tierra asiática sin pérdida de tiempo; así, pues, el fallo de los médicos dejó al nabab perplejo. Logreros de amor había allí muchos, como en todas partes; pero hombres desinteresados, leales, caballerosos y abnegados, él no conocía á ninguno. El nabab tenía conciencia de que Jenny, por su educación cspecialisima y por su nobleza de sentimientos, repugnaría casarse con un hombre que amase más sus riquezas que su persona. Jenny era romántica, tenia como todas las mujeres á su edad un ideal, un arquetipo de hombre semejante á los héroes de las novelas y libros de entretenimiento que ella leía. Cuando llegó la carta del cura bretón. James, que sólo en resolver el gravísimo problema del matrimonio de Jenny pensaba, pensó en que aquel hermoso mancebo, su sobrino, podría acaso colmar las aspiraciones de su hija y hacerla feliz. Jenny tarftbién se había emocionado al escuchar ¡a parte de la carta en que se hacia el retrato moral de su primo E d m u n d o Se decidió, pues, el nabab á conocer á todo trance á su sob r i n o y a! efecto escribió á las islas Ceílán, á Java, á Caram, á T i m o r y á los puertos de la península del Indostán, á Barceler, á Tucuren, á Sicacola. Tanta actividad DUSO James en el asunto