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A S C JUEVES 17 DE AG STO DE tgoS. PAG. 6 1 Jj- V s Ye? -Sí- r 55 V i Fot. Uíbcs CULLERA. NUEVO PUENTE SOBRE EL JUCAR, INAUGURADO EL J 5 DEL ACTUAL visitador del pobre, y repártase con profusión. Lean todos esas hermosas páginas y serán dignos de dar la limosna ó el donativo como verdaderos amigos del indigente. E! dinero entregado por compromiso ó mala voluntad, no es fecundo. Además de esto, los donantes tienen que prestar atención á la otra, interesarse por ella, fomentarla y darle formas nuevas. En una de las primeras juntas celebradas por el Patronato de las Escuelas- asilos tuve el honor de proponer á las ilustres señoras que lo formaban, la creación de un sello dedicado á reunir fondos. La idea pareció bien, pero no se realizó. Si se implanta de mala manera, fracasará; pero si los que compran objetos de arte inútiles, los que acaban de gastar miles de pesetas en un banquete, los que p gan facturas de joyas de enormes precio no se acostumbran, ni acostumbran á sus proveedores, á que pongan un sello de valor proporcionado junto al recibí, como tributo caritativo para aliviar la suerte de los que carecen de lo necesario, bien podrá decirse que los resultados serán nulos, porque es una candidez creer que en España, como en otros países, todo el mundo, durante algún tiempo, ha de pegar en los sobres de cartas el consabido sellito espontáneamente. Y por fin, medítese después de reunido el dinero necesario para constituir el ansiado presupuesto de la caridad, si es conv e n i e n t e continuar creando inmorales rediles donde se mezclen sin orden ni concierto las ovejas sanas y las sarnosas, el pobre bueno y desgraciado con el mendigo pérfido y criminal. MANUEL DE TOLOSA LATOUR Cádiz, Agoste? i 905. VIDA PROVINCIANA p i s uno de los más ricos del pueblo, aun cuando su indumentaria y sus modales no lo denuncien á la primera impresión. Su casa, una de las mejores del pueblo, y en ésta sí que se conoce á primera vista que pertenece á un potentado, está revolucionada en estos días. El comedor, los salones, el escritorio, la sala de billar, el amplio hall desde el que se domina la dorada campiña con algunos manchones de verde apagado, todo está invadido por listas electorales, papeletas de votación, notas de nombres, tachados unos, sin tachar los más, servicios de café con los vasos y las tazas fuera de las bandejas, botellas de cognac, copitas en sus platillos, y las mesas y los entredoses pintarrajeados de círculitos de vasos y copas. La atmósfera es irrespirable casi, entre el humo de los ricos charutos de á quince, la conversación machacona sobre las probabilidades que tiene de triunfo tal ó cuál candidato sobre el uno ó el otro distrito, y el calor que hace en la casa invadida por tanta gente. Decía que el dueño de esa casa es uno de los más. ricos del pueblo, mejor, de la capital, una capital de las de último orden de España. ¿Qué hace allí tanta gente congregada? ¿Qué cosa de tal importancia puede reunir allí á los más notables y significados de los pueblos de los distritos rurales, llámense alcalde, secretario, médico, maestro, ó simplemente hombre adinerado, influyente y acaparador de voluntades? ¿Y qué habrá que pueda preocupar á un hombre que tiene cuanto necesita y aun mucho más? Pues lo único que puede preocuparles á todos después de haber conseguido bienes de fortuna: las elecciones. Que salga ó que no salga Fulano, apelando para este fin á todos los medios imaginables. Mi protagonista es elegible; tiene muchos amigos; influencia no digo, porque creo haber asegurado que tiene mucho dinero, y Quevedo escribió que ese es poder que d todos humilla. Y en cuanto se acercan las elecciones no tiene un punto de reposo. Reparte el día entre escribir á unos y á otros de tales y cuáles pueblos, hacer listas de amigos, congregarlos en su casa, ahitarlos á obsequios, satisfacer su vanidad oyendo los elogios y los cánticos á su suficiencia, que ¡e entonan como saben, mientras él se siente fatigado verdaderamente del trajín del día, para salir poco después en coche arrastrado por soberbios potros á recorrer el distrito para hacerse presente á los incondicionales, estimular á los retraídos y tratar de conquistar á los rebeldes con dádivas efectivas ó promesas halagadoras para mañana. ¿Y tú qué adelantas con ser diputado? -le pregunto en un breve interregno en que le veo sin dar ninguna orden ni revisar ninguna lista y sin hablar con ningún amigo ocasional. ¿Qué adelanto? Hombre, no sólo de pan se vive. Hay que ser algo, hay que llegar á alguna parte. Aquí se pudre uno sin que le conozca nadie de fuera de aquí. Ya ves á D. Rogelio, un insignificante; pues la diputación le sirvió para ser gobernador... -Y si tú le tuvieras en la provincia, el verdadero gobernador serías tú, ¿no es verdad? -Hombre, bueno fuera que no, después de lo que yo he hecho por él. -Si triunfas, ¿á quién vas á dejar con-