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A B C JUEVES 17 DE AGOSTO DE i 9 o5. PAG. 5 EL REDIL j p l problema de la mendicidad es tan difícil de resolver por los gobernadores, como si una mujer hacendosa pretendiese, en veinticuatro hoias, suprimir los parásitos de una casa vieja. A pesar de todos los polvos insecticidas de acción energ ca, el mal subsistiría si no se destruían los nidos de suciedad y se quemaban los trastos viejos. El mendigo actual no ha olvidado la vieja copla. Con la sopa en San Francisco, el pan de la Trinidad y un ochavo en cada casa ¿Quien me manda trabajar 7 pasen; pero bien saben ellos que con ropa o sin ella, serán expulsados si molestan, poique a los dos meses de inaugurado un Asilo, hay que echar empeños, como dice el vulgo, para conseguir la camita limpia y la sopa boba. Mediten acerca del particular los señores excelentísimos, y verán que el medio mas eficaz para resolver la cuestión estriba en hacer una penosa, pero no dificil, clasificación de toda esa pobre gente, separando lo útil de lo maleante y mandando trabajar. Se dirá que no hay trabajo para todos, especialmente remunerado; pero a eso puede replicarse que hay muchas peque- tos hombres de buena voluntad, que recuerda aquellas grandiosas instituciones francesas de los Chardon Lagache, mejoradas y perfeccionadas por la Asistencia publica francesa. La base son los comedores donde se pro porcionan alimentos sanos y bien condimentados a centenares de familias pobres, y en una modesta casa donde se hallan aquellos instalados, existen habitaciones gratuitas para los náufragos de la vida, seres desgraciados que apenas pueden trabajar y que se morirían de hambre en su rincón. El que haya leído la Mujer gaditana, del gran Federico Rubio, podra explicarse como en estas ciudades boni- IIM GRANADA. ALPINISMO ESPAÑOL. LOS VENT 1 SQUHÍ 0 S AL PIE DEL VELETA, EN SIERRA NEVADA i ot Mditm Y ahora como entonces nadie se pre ocupa de buscar trabajo al pobre, sino que se les copa, se les persigue, 3 t íes amontona, y una vez encerrado el r año humano en el redil llamado Asilo, Teen que ya no hay mas que hacer, observándose con espanto que uantos mas Asilos se fundan, mas mendigos existen. La razón es muy sencilla. Existen una porción de seres degenerados, vagabundos natos que no se avienen a la quietud, ni al orden, ni al trabajo, atacados de una especie de fiebre ambulatoria que les impulsa a estar en perpetuo movimiento. Gustan de la vida bohemia, son irreducti iles, conocen perfectamente la sintaxis y prosodia de la gramática parda y engañan de modo admirable a todo el mundo. Quedan en el Asilo Jos abúlicos, los impotentes, los que canturrean desde niños la copla de marras. H e leído que a ciertos individuos se les privo de ropa a fin de que no se esca- ñas cosas que hacer, útiles todas, en las cuales se puede zn nle r a las gentes, con tal que no n ¡m as. Estudien la organización de la llamada asistencia por el trabajo en el Extranjero, y verán cuan ingeniosas ocupaciones se han inventado con el fin de que el pobre no olvide los hábitos de laboriosidad y no se sonroje al tecibir el pan de la candad. Volviendo al redil, es indispensable cambiarla organización actual de ¡os Asilos, es urgente pensar en socorrer piadosamente a los mufles que son pobres incurables, que no tienen valor de ser mendigos, esos viejecitos y esas viejecitas que a pesar de haber sido hormiguillas hacendosas durante su vida, no tienen provisiones en el invierno de su existencia. Y a este proposito d, re que una de las instituciones mas simpáticas es esta de la Asociación gaditana de Caridad, que acabo de visitar. Es algo que comienza, organizado muy calosamente por unos cuan- tas y tranquilas hay miserias horribles que nadie conoce Esa miseria es la que con gran tino y no menor delicadeza socorre la Asociación. No los asila, les da casa y se rigen por reglamento suave y benigno que les permite salir de la mañana a la noche. Tienen sala para teunirse, cuarto decente donde dormir, socorros médicos y espirituales, pero sin que ofrezca la casa el aspecto frío y conventual de los Asilos. Cuando la candad humana se sienta de veras, las formas de amparar al desgraciado revestirán aspecto de suma delicadeza. Al pobre no se le trata bien, no se le considera, se le c a umnia, se le desprecia y, lo que es peot, se le amontona en tropel con pretexto de suprimir la mendicidad, con menoscabo de la higiene y de! decoro personal. Y eso es injusto, eso es inhumano. Hágase una inmensa tnada del divino libro de Concepción Arenal, Manual del